Su música va más allá del ocio nocturno. En esta entrevista, el DJ y fundador de Presión Sonora habla de su profesión, del mudo que rodea la electrónica y de cómo busca devolverle a la pista de baile su carácter ritual.
Madrid centro brilla por las luces de Navidad y un sol inesperado. Es domingo y la ciudad anuncia la hora del vermú. De camino a Los Gatos, bar donde tendría lugar la entrevista, la multitud marca el ritmo: izquierda, derecha, codazo, codazo. Dentro, Flaco Bengala, nombre artístico de Ismael Messi (Murcia, 2000), ya está ojeando cuadros, partituras y carteles de bebidas descatalogadas que cubren las paredes.
El encuentro arranca en formato warm up dominical: vino blanco, vermú Iris y tostas de bacalao ahumado. Gloria bendita antes de comenzar con la entrevista.
Cultura Joven: Flaco Bengala, ¿por qué ese nombre artístico?
Flaco Bengala: Flaco viene de un artista roquero argentino de los años 70, el Flaco Spinetta. ¿Lo conoces? Fue un cantante del liberalismo argentino: muy gamberro, mucha droga y una música súper delicada. Y Bengala porque mi padre es del Bengala, de la región en el suroeste del subcontinente indio: del golfo de Bengala, tigre de Bengala… De Bengala, pues Flaco Bengala.
C. J: ¿Cuándo decide dedicarse a la electrónica?
F. B: ¿Lo digo? Lo digo, lo digo. Antes de pinchar, ya era un apasionado del mundo de la electrónica por su complejidad. Pero el momento exacto fue cuando comí unas setas (alucinógenas) y me puse a pinchar por primerísima vez con la mesa de un amigo. Todo encajaba. Y en esa sensación, al día siguiente me compré una mesa de pinchar.
C. J: ¿Y qué trayectoria profesional ha tenido hasta ahora?
F. B: Mis inicios fueron muy rápidos; después… estancamiento. Primero me fichó Phase.Ctv, uno de los grupos de jóvenes DJs más selectos de Madrid. Esto me abrió camino para pinchar en clubes como Cassette. En ese momento fui el DJ más joven en pinchar en ese club tan pureta y emblemático de Madrid. Después, al no producir, vino el estancamiento. No tuve ese tirón de mí como artista que me dejara crear todas las movidas de mi cabeza. Y ahora… mi carrera vuelve a consolidarse.
C. J: ¿Qué opina del panorama español de la electrónica y de quienes la consumen?
F. B: El panorama en España de la escena electrónica no está nada mal, ni mucho menos. La escena madrileña ha crecido muchísimo. La de Barcelona también. En cuanto al público nacional, hay bastante diversidad porque en España hubo dos grandes influencias de la electrónica: el público bakalao, que es la música mákina y ese público durísimo; y, por otro lado, el público influenciado por las corrientes musicales que entraron por el norte desde Inglaterra y Alemania. Entonces hay dos corrientes que definen dos grandes estilos de público: el techno maquinero, presente en Masía Club, La Central… y el techno pureta, por el que me decanto más. Y, claro, esto lo digo en un sentido ideal, porque ahora tenemos la conjunción del techno TikTok, que es hard bounce, que… no nos gusta. No nos gusta nada.
C.J: ¿Cómo quiere que viva el público su música?
F. B: No quiero que la gente venga a desinhibirse, ni a olvidarse de su pasado, ni de su presente, ni de su futuro. Quiero que conecte y entre en un estado de trance más místico. Supongo que sí, que es eso… Busco que encuentren un estado de culto.
C. J: Hace no mucho creó el colectivo Presión Sonora, en Murcia. ¿Qué idea hay detrás del proyecto y hacia dónde quiere dirigirlo?
F. B: Fundar Presión Sonora me está viniendo de maravilla. Es como mi hijo ahora mismo, jajaja. Estamos a punto de comprar un sistema de sonido de 21 mil euros para ponerle un sonido particular a nuestra marca. Que la gente que baile en nuestras fiestas también lo haga porque confía en el sistema de sonido que tenemos. Yo me he visto pinchando muchas veces en clubes donde la calidad del sonido lo manda todo a la mierda. Y lo que estoy haciendo en Murcia es garantizar un buen sonido y traer a gente de fuera que sea muy virtuosa. Que venga gente para disfrutar de la música que se pinche en el club para ese set en exclusivo. Comprender la música más como producción artística que como experiencia de ocio, y conectar con el público sin imponérselo.
C. J: Pone más énfasis en el baile que en la figura del DJ, ¿puede ser?
F. B: Sí, de hecho sí. Poco a poco, lo que quiero es desprotagonizar al DJ, descentralizarlo del club. Volver a los inicios de estos clubes donde la gente acudía para vivir la pista de baile con conocimiento previo y consciente del arte musical. Volver a esos clubes donde el DJ se ponía detrás del escenario y no se le veía. Realmente, todo gira en torno a la pista de baile y a cómo el DJ hace para que en ella se disfrute al máximo. Considero fundamental poner en alza el valor artístico de la producción musical, más que tratarla como producto condicionado por las dinámicas económicas. Aspiro a que en Presión Sonora acuda un público que quiera sentir la música sin necesidad de darle un protagonismo excesivo al DJ. Porque el DJ mantiene la pista activa, pero el arte ocurre en el entorno, en el baile que surge como respuesta a un estímulo sensitivo. El DJ es, por así decirlo, parte del aire que da fuego al club.
C. J: Hablando de elementos. Existe una teoría que sostiene que las moléculas de agua reaccionan a las vibraciones del sonido, adoptando formas distintas según cada tono. Esto podría explicar por qué la música genera una conexión colectiva tan intensa. ¿Siente que su filosofía profesional conecta con esta idea?
F. B: Sí, sí. De hecho lo menciono mucho. Se llama Masaru Emoto quien investigó sobre ello. En un club, todos los que estén ahí están vibrando al unísono, y más del setenta por ciento de cada cuerpo que acuda tiene las mismas formas moleculares de agua. Por eso empecé a concebir la electrónica como el retorno al rito: el rito y el mito. La electrónica es, de hecho, una vuelta al rito: esos patrones exactos que son cada onda vibrando en el cuerpo que experimenta la escucha orgánica de la música. Y si son subgraves, ni te cuento cómo vibra eso en el cuerpo, jajaja. Se acerca mucho a la iglesia, donde el espacio permite una vibración originada por el organista. Pero en este ritual, el espacio y la gente que le da significado son imprescindibles. Por eso, para mí, el estado de baile es un estado de rito, porque surge de la confluencia entre sonido, vibración, devoción y mística.
C. J: Pues, ¿próximo rito de Presión Sonora?
F. B: El 28 de diciembre hacemos Preámbulo al clímax. Es una jornada pensada para que el sonido sea el punto culminante, precedido por un preámbulo que estimule el resto de sentidos. Con esta fiesta vamos a ir un poco más allá: habrá una parte visual y táctil con pintura, esculturas y un mural colectivo; una experiencia de gusto y olfato a través de una cata de cócteles con maridajes específicos; y, después de esa activación sensorial, llegará el entreno del oído. Haremos una sesión musical creada en directo en ese mismo momento. Todo tendrá lugar en un espacio abierto en una finca de la huerta murciana. Será todo entre limoneros, solecito y luz mediterránea.
C. J: ¿Referentes en la electrónica de Flaco Bengala?
F. B: Underground Resistance, Óscar Mulero y Ben Sims.
C. J: La pregunta eterna: ¿vinilo o mesa?
F. B: Vinilo, vinilo.
C. J: ¿Festival de música recomendado?
F. B: Parallel Festival, en Andorra.
C. J: ¿Un club en el que pichar?
F. B: O en un cierre de Berghain o un set entero en Bassiani, en Georgia.
C. J: ¿Género que nunca pincharía?
F. B: Hard techno. No, en verdad, hard bounce.
C. J: ¿Cómo definiría su sonido en una palabra o frase?
F. B: Expresión corporal.
C. J: ¿Qué club le ha marcado un antes y un después?
F. B: La Metro y Studio 76.
C. J: Jesús Gil, alcalde de Marbella, dijo en el verano del 91 (en plena etapa raver), a unos jóvenes que protestaban contra sus políticas: “¡Pero qué cara de golfos y drogadictos tenéis! Borrachos, sois la escoria de este pueblo”. ¿Qué le respondería?
F. B: Le diría: tienes toda la razón del mundo. Que sí, que sí, jajaja.
