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‘LUX’: Rosalía entre los placeres de la Tierra y la promesa de la divinidad

Rosalía presenta su nuevo disco, 'LUX'

La cantante catalana vuelve a reinventarse con un disco orquestal y mayestático

Ojalá LUX, el nuevo álbum de Rosalía, no hubiese tenido promoción. Lógicamente, ha sido una parte clave de la gran acogida que ha recibido el cuarto proyecto de la cantante catalana, además de una de las bases para entender su concepto, su estética, su tono y su importancia. Cada una de las muchas entrevistas que ha concedido ha permitido que los fanáticos pudieran desgranar cada línea que canta, cada idea, cada decisión artística. Desde los adelantos en forma de singles, hasta la presentación oficial en el multitudinario evento de Callao, pasando por las extrañas circunstancias de su presencia en plataformas digitales, la expectación y la conversación alrededor del disco ha sido uno de los momentos más especiales del año. 

Sin embargo, haber pulsado el play sin saber nada del disco hubiera hecho la experiencia una mucho más impactante si cabe. LUX es un proyecto totalmente centrado, y esto se demuestra en su concepto y contenido lírico por un lado, y en su sonido y estética por otro. Ya desde la primera canción del álbum, Sexo, Violencia y Llantas, esto queda más que claro. 

Rosalía en un evento promocional de 'LUX'
Rosalía en un evento promocional de ‘LUX’

La introducción con ese piano que reverbera como si fuera tocado en una iglesia, seguido por la entrada de los contrabajos y la clara voz de Rosalía ya presenta una ambientación elevada y solemne. El primer verso también es una declaración de intenciones en toda regla: “Quién pudiera vivir entre los dos / primero amaré el mundo / y luego amaré a Dios”. En el mundo del teatro musical esto se conoce como una “I want song”, aquella canción que suele abrir la obra y en la que el personaje principal cuenta sus objetivos y ambiciones. En las óperas, un género con el que ha experimentado la cantante en este disco, también las encontramos, con el nombre de arias. Así pues, la primera parte, el concepto, queda más que claro: la preocupación de Rosalía por encontrar el equilibrio entre ser una estrella del pop internacional y alcanzar la salvación divina

A lo largo del disco Rosalía narra desde diferentes perspectivas estas dificultades, desde el deseo de desprenderse de todo lo material en Sauvignon Blanc, la humildad ante la cercanía de Dios en La Yugular o los recuerdos de una vida entregada al amor en Reliquia

Conforme avanza la canción, los bajos sintetizados que ya había usado en canciones como Diablo, del disco Motomami, hacen presencia y se combinan con unos luminosos coros y los cambios de intensidad en la voz de la cantante. Rosalía nos está mostrando lo que ya todos sabemos, el nuevo sonido de Rosalía para este trabajo: orquestas, música clásica e instrumentación de cuerda en un disco solemne, puro y apasionado. 

La portada de 'LUX'
La portada de ‘LUX’

Un nuevo estilo cargado de sorpresas

La autora de El Mal Querer deja atrás el enfoque juguetón y divertido de los reggaetones de Motomami, y abandona también el estilo instrumental minimalista que caracterizaba aquel trabajo. La apuesta aquí es por el maximalismo total. Para hablar con Dios, la catalana decide mezclar todos los elementos mencionados, pero también prepara más sorpresas. Por ejemplo, a lo largo del disco, Rosalía se lanza a cantar en hasta 13 idiomas diferentes, incluyendo el catalán, el japonés o el ucraniano. En el fondo es lógico, está comunicando lo terrestre de la forma más global posible con la divinidad, ¿y cómo saber qué idioma habla Dios? Además, entre la mezcla de géneros que ha caracterizado siempre a la cantante desde sus inicios, encontramos registros operísticos, como los que exhibe en Mio Cristo Piange Diamanti (en la que puede ser la mejor interpretación vocal de toda su carrera). Pero no todo es innovación, sino que Rosalía no renuncia a sus raíces. Así, los bajos vibrantes y las respiraciones marcadas con uso percusivo están presentes en De Madrugá, canción escrita durante la era de El Mal Querer y que nunca se había llegado a publicar, al igual que las palmas flamencas que también están presentes en canciones como Porcelana. Otro distintivo, los collages musicales para combinar en una sola canción estilos totalmente distintos, pueden chocar de manera tan impactante como fascinante como en el final de Berghain, quizá el tema más marcadamente orquestal y que acaba con un amago techno por parte de Yves Tumor.

Con este cuarto álbum de estudio, Rosalía construye una experiencia inmersiva y trascendental, en un disco que, si bien se hunde por momentos en sus enormes ambiciones, llegando a saturar al oyente, no hace más que poner en valor el talento polifacético de la catalana, y hay que celebrar que en el mainstream haya espacio para una diva dispuesta a arriesgar siendo ella misma y que no se cansa de sorprendernos.

Rosalía en la promoción de 'LUX'
Rosalía en la promoción de ‘LUX’

Para cerrar el disco, Rosalía narra su propia muerte. Magnolias no es un tema triste ni lastimero, sino más bien una celebración a la que todos están invitados. La cantante catalana al fin ha logrado el equilibrio que deseaba, como dice ella misma: Gasolina y vino tinto / Puros y chocolate / Bailando con amor / Encima de mi cadáver. Ella quiere que estemos presentes en su ascensión al paraíso, a lograr al fin lo que ambicionaba en la canción de apertura. Un coro más celestial que nunca canta por encima de un armonioso órgano y se consuma ese matrimonio perfecto: Dios desciende / Y yo ascendiendo / Nos encontramos / En el medio

Mejores momentos del disco

  • El outro de Reliquia
  • Los bajos de Porcelana
  • El registro operístico de Rosalía en Mio Cristo Piange Diamanti
  • La intensidad orquestal de Berghain
  • La colaboración de Björk
  • La Rosalía flamenca de Mundo Nuevo
  • El release oficial (al fin) de De Madrugá
  • El estribillo de Dios es un stalker
  • Rosalía cantando en árabe en La Yugular
  • La letra intimista y desprendida de Sauvignon Blanc
  • La profundidad de Carminho en Memória

Fernando Olmedo

Graduado de Comunicación Audiovisual por la UNAV, cursando el Máster en Periodismo Cultural del CEU San Pablo. Especializado en crítica de cine, enamorado de todas las otras formas de cultura.

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