Un drama deportivo correcto, bien interpretado y con una estética deslumbrante, pero su falta de foco narrativo lo mantiene lejos de la excelencia, o al menos de trascender como una de las grandes obras del género.
Más allá de la provocación y la sátira, Anderson logra dar sentido dentro de una trama trepidante que hace que sus casi tres horas de metraje se sientan sorprendentemente ligeras.