Por Alejandra de Andrés y Paula Macías
La autora debuta en la novela con una historia donde el azar es solo el punto de partida. Humor, cotidianidad y mujeres mayores ocupan el centro de Órdago, un libro que reivindica las segundas oportunidades y la escritura.
Entre la literatura negra, el misterio y un toque de humor cercano, la autora Rocío Gómez (Santander, 1986) reflexiona sobre su regreso a la ficción, el proceso editorial y el nuevo ecosistema literario en redes sociales.
Órdago llega despacio, como llegan las historias que han esperado el momento justo para contarse. La primera novela de la autora se construye desde lo cotidiano, la comedia y una mirada atenta a esas vidas que rara vez ocupan el centro de las historias: mujeres mayores, barrios reconocibles, conversaciones pequeñas pero con gran carga emocional.
Escribir para volver
Desde pequeña, escribir formaba parte de su rutina: relatos cortos, concursos… Luego, la universidad y el máster la llevaron por el camino de la no ficción y el periodismo. Sin embargo, la pandemia fue un regreso inesperado a este estilo: relatos autopublicados, pequeños borradores y finalmente Órdago. «Sí, a todo se puede volver. Da igual lo que te guste, todo vuelve», reflexiona la autora.
Después de años sin escribir, el regreso no fue inmediato. La escritura reaparece como un juego, como una forma de divertirse. «Escribía porque me gusta», explica. Esa ligereza inicial se convierte en una de las virtudes del texto. En su ópera prima hay ironía, pero también sensibilidad, respeto y cariño.
El azar como punto de partida
La novela gira en torno al azar y a un billete premiado, pero pronto eso queda en un segundo plano, lo importante es lo que ocurre alrededor. El juego funciona como motor narrativo, pero el verdadero interés está en las relaciones humanas y en la manera en que lo inesperado sorprende unas rutinas aparentemente fijas.
Nace de lo sencillo: personajes de barrio, situaciones cercanas y comunes, y un humor que refleja la vida diaria. «Se trata de salirse de la historia que no puedes vivir, y contar desde dentro», explica describiendo cómo convertir lo ordinario en literatura.
Rocío comenta que es importante entender la escritura como un proceso largo, no como una carrera. Publicar llega después, es otro recorrido, llega cuando el texto ya ha finalizado el suyo.
El camino hacia la publicación fue arduo: búsqueda de editorial, correcciones ortotipográficas y casi un año de espera hasta la aceptación por Suma de Letras. La portada, ilustrativa y colorida, surgió del trabajo conjunto con la editorial, un guiño a quienes construyen la historia. La autora subraya la importancia de adaptarse al mundo editorial actual, lleno de oportunidades y desafíos: «Al final lo que tenemos son más opciones y más competencia. Creo que el mercado está muy expandido y hay muchísimas opciones», comenta destacando la autopublicación y la globalización de la escritura.
Mujeres que son el centro
Uno de los rasgos más llamativos del libro es el protagonismo femenino maduro. Lejos de ser una estrategia, esta elección surge de forma natural. «Me apetecía escribir sobre mujeres mayores porque no están tan presentes en la ficción contemporánea». El resultado es un retrato honesto, lleno de humor y ternura, que huye de los estereotipos y devuelve la importancia a unas voces que suelen quedar en segundo plano.
Asimismo, deseaba ofrecer una respuesta a la inquietud sobre el futuro y la madurez, planteando una propuesta en la que lo cómico convive con la melancolía y la rutina cotidiana se convierte en punto de partida literario, sin recurrir a artificios ni complejidades innecesarias.

Publicar en tiempos de redes
El camino hasta la publicación es largo y estuvo marcado por la paciencia. Pasó por varias editoriales antes de encontrar su lugar en un gran sello. Es un proceso que desmonta la idea romántica de una gestión rápida e inmediata y enseña una realidad editorial compuesta por tiempos lentos, lecturas, rechazos y aprendizajes.
Esta conversación permitió profundizar en el papel de las redes sociales y su influencia en el panorama del relato. Rocío explicó cómo fenómenos como los BookTokers o Bookstagram se han consolidado como espacios de comunicación cultural con un impacto tangible. Asimismo, aborda estos formatos con curiosidad y sin prejuicios, reconociendo que las formas de recomendación literaria evolucionan y se adaptan constantemente.
Estos nuevos formatos multiplican la visibilidad de las obras, «Lo más relevante ahora es que la repercusión que estoy empezando a tener de la novela viene a través de personas que hablan de libros en redes sociales. Creo que es más fácil que tengan un perfil determinado que sabes si tu novela va a encajar o no. Porque al final con los medios generalistas es más difícil llamar la atención», señala mostrando cómo la literatura encuentra nuevos caminos de difusión y creatividad en plataformas digitales.
Entre libros y vida
Además de las redes sociales, hablamos de otro fenómeno que ha cobrado fuerza hoy en día: los clubs de lectura. Espacios de intercambio directo con los lectores, como hoy en día pueden encontrarse con diferentes clubes de lectura, para todos los gustos. Asimismo, menciona el papel de los creadores de contenido literario en redes sociales y señala que le ha sorprendido la creatividad con la que recomiendan libros y generan comunidad.
Otro tema importante que aparece es la inteligencia artificial. Su postura es clara y matizada: puede ser una herramienta útil, pero nunca sustituye la experiencia humana ni su mirada personal. «La literatura tiene que ver con vivir», afirma.
Atreverse a jugar o Todo empieza en lo cotidiano
Una novela sobre el azar, sí, pero también sobre el paso del tiempo, las segundas oportunidades y la importancia de mirar lo cotidiano con atención. Una historia que acompaña al lector desde la cercanía y el humor.
Al final, Rocío lo resume con una frase: «nada se acaba, puedo estar divirtiéndome en cualquier situación, en cualquier momento me pueden pasar cosas, dentro de lo cotidiano nos pasan muchísimas más cosas de las que imaginamos y darles el valor de alguna forma».
