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3 marzo, 2015 Comentarios (0) Visitas: 4851 Arte, Noticias, Recomendamos

«Goya en Madrid»: Los cartones que bordaron los tapices

No todo el mundo sabe que Francisco de Goya no sólo pintó la Maja desnuda, Los desastres de la guerra o las Pinturas Negras. El pintor español también dedicó una parte de su vida a realizar cartones para tapices, encargados por la realeza que estaba reinando en el momento. El Museo del Prado ha decidido crear una exposición sobre esta faceta de la vida del artista, titulada Goya en Madrid, que estará expuesta hasta el 3 de mayo de 2015.

El período de la realización de los cartones de tapices está marcado, especialmente, por la naturalidad que poseía al captar las figuras y los colores en sus cuadros, unida a la perfección de capturar la luz en el momento exacto, junto con su habilidad sublime de pintar todas las formas de la materia, como pueden ser los copos de nieve, el brillo de los ojos, los efectos de humedad y sequedad del tiempo o incluso la suavidad de la piel de los perros. Todas estas aptitudes “superiores” fueron las que Goya plasmó en sus cartones de tapices, destinados a la Casa Real. El Museo ha dividido la exposición en distintas series, relacionadas con el tema en el que se centraba el pintor. Pero, como diría Jack El Destripador, vamos a ir por partes.

  • Estos primeros trabajos están enfocados a que formaran parte de las habitaciones del rey en el Escorial. En la exposición, no sólo están expuestos cartones de Goya sino que hay comparación entre éste y Ramón Bayeu o José del Castillo. Las piezas artísticas sobre la caza están representadas por Goya como algo muy natural, de manera idílica, sin mostrar casi nunca la agresividad o las consecuencias de esta actividad. Incluso llega a retratar a los perros de caza como casi humanos, a través del brillo de sus ojos y sus pieles o la postura de los mismos.
  • La segunda serie está dedicada a los divertimentos de la gente de esa época, como los juegos de pelota, los bolos o las cartas, considerados idóneos para desarrollarse tanto física como moralmente. A diferencia de Flippart, Goya representa estos juegos como algo perteneciente a las clases bajas, sus pinturas tienen una connotación negativa, debido al surgimiento de las apuestas y los altercados, a causa de estos divertimentos. Mientras que Flippart los muestra como algo relacionado con la aristocracia, coloreando una imagen idílica de la situación, los juegos como ayuda al desarrollo ético y físico. Goya exhibe la parte más realista de estos pasatiempos, tan destacados en el siglo XVIII, no teme pintar el engaño y la mentira. Los divertimentos también estaban representados en la figura de los majos y majas tan característicos de la época, como en el cuadro “La merienda” (1776). El Majismo fue muy significativo durante este período, con Goya mostrando la naturalidad, la osadía y la gracia que tanto caracterizaba a estos personajes, destacando lo colorido y bello de sus ropas, que incluso llegaron a alcanzar a la propia aristocracia. Una de sus obras más conocidas es “La riña en la Venta Nueva”, en donde se presenta una pelea provocada por una partida de cartas, en la que se ha hecho trampas. Con este cartón, Goya quiere transmitir la irracionalidad del ser humano, enseñar el sentido negativo de estos divertimentos populares, relacionados con la ociosidad y también a lo efímero de la vida: engaños, alcohol, estafas.
  • Un dato curioso, según observas las obras del pintor aragonés, es que éste no pintaba sus cartones a través de haber vivido “instantáneas” dentro de la corte real, sino que, con su talento prodigioso, pintaba utilizando el conocimiento de obras anteriores, rescatando lo mejor de éstas. Sin embargo, lo sorprendente es que, mientras recorres la exposición, tienes la impresión de estar inmerso en un reportaje gráfico de lo que sucedía en ese período del siglo XVIII, que te cuenta cómo eran las gentes, a qué se dedicaban, cómo vivían, etc. Una de sus obras más emblemáticas, dentro de los cartones para tapices, es “La pradera de San Isidro”, que muestra la armonía entre las clases alta y baja, comenzando a representar al pueblo como protagonista, tema que no había sido muy popular hasta la fecha. Esta asociación dejaba entrever una vida en paz bajo el gobierno del poder real. Esa unión de los distintos estamentos sociales queda mejor plasmada todavía en la pintura de “La boda”, en la que se presencia el matrimonio entre un hombre y una mujer de clases diferentes, hecho que puede ocurrir gracias a la Pragmática sanción de Carlos III, que permitía los enlaces entre miembros de estamentos sociales opuestos. Situación que fue bastante criticada por parte de los Ilustrados.
  • Esta sala está basada en el poder que evoca la música en el siglo XVIII: estimulación de las relaciones amorosas, la vanidad de los placeres y los flirteos entre parejas de distintas clases sociales. Ejemplos de ello son los cuadros de “Baile a Orillas del Manzanares” o “La gallina ciega”, expuestos junto a obras de otros artistas como Rubens o José Camarón Bonanat con “Una romería o El bolero”. En estos cartones se representan las mezclas entre estamentos sociales, la introducción de personajes populares como “El ciego de la guitarra”, figuras que giran en torno a la música. Artistas como Ramón Bayeu trataban de expresar una experiencia infeliz del amor, mientras que Goya expresa su equilibrio divino en el más allá, a través de músicos tocando un instrumento de cuerda, mirando hacia lo alto, lo que crea una representación perfecta de belleza. El pintor aragonés estaba deslumbrado por el amor, buscando ayuda en lo alto.
  • Por un lado, la siguiente serie está protagonizada por los niños y la visión que quería transmitir Goya de ellos. Pintaba a chiquillos que venían de familias pobres, pero los representaba en un ambiente familiar feliz, idealizado, o trabajando en tareas domésticas o fuera de su casa. Sin embargo, lo más significativo de esta parte es cómo dibuja a los niños: siempre jugando o aprendiendo, ya sea a través de subirse a los árboles o atrapando pájaros. Además, siempre están retratados junto a la naturaleza o los animales, ya que estaban considerados como medios para acceder al conocimiento.
  • Casi llegando al final de la exposición, le toca el turno a las cuatro estaciones del año. La más conocida es “La primavera o las floreras” de Goya, que expresa, a diferencia de los demás, actividades que se hacen en esta estación, como la recogida y ofrenda de flores por parte de las mujeres. Pasando por el otoño, caracterizado por “La vendimia o El Otoño”, destacando las frutas, especialmente las uvas, llegamos al invierno. En esta estación, sobresalen la potencia de la composición realizada por Goya, su desafío en la utilización de blancos, sus paisajes nevados, desolados y fríos, diferenciándose del resto de cuadros (centrados, por ejemplo, en el anciano sentado frente al fuego, expresando la vejez del año que se acaba). “La nevada o El Invierno” de Goya pinta un paisaje desolado y nevado, con la tensión de la coexistencia entre las distintas clases sociales: tres hombres pobres pasando frío y desesperados en compañía de su perro famélico, en contraposición con otros dos varones, que probablemente trabajan para la corte, muy abrigados y con un cerdo consistente.
  • Por último, el tema del aire como algo inconstante y peligroso es muy característico en Goya, diferenciándolo, otra vez, del resto de obras que le rodean. El artista aragonés prefiere mostrar la inestabilidad del viento a través de los esfuerzos y la dificultad que supone dominarlo, con la obra de “La cometa” (1777-78).

Hasta aquí llega al recorrido por los cartones de tapices de Francisco de Goya. Si quieres deleitarte con esta exposición en el Museo del Prado, el horario es el siguiente:

De lunes a sábado: 10:00 – 20:00 h

Domingos y festivos: 10:00 – 19:00 h

Cerrado: 1 de enero, 1 de mayo y 25 de diciembre.

Las entradas puedes comprarlas en taquilla, llamando al 902 10 70 77 o a través de Internet: www.museodelprado.es. La exposición cuesta 14€ (general), reducida 7€ (con acreditación) o 20€ si haces dos visitas en un año.

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