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‘Nouvelle Vague’: Un homenaje para todos los amantes del cine

Fotograma de 'Nouvelle Vague' / APR Selection
Fotograma de 'Nouvelle Vague' / APR Selection

La nueva película de Richard Linklater, estrenada en el festival de Cannes, supone una celebración de la Nueva Ola Francesa y un testimonio sobre la pasión de hacer cine

En una de las primeras escenas de Nouvelle Vague, el último film del cineasta estadounidense Richard Linklater (Houston, 1960), se recrea la premiere de la película Los 400 golpes, de François Truffaut. El mítico director francés asiste encantado al aplauso ensordecedor de todo el Palais des Festivals de Cannes, sentado junto a su amigo y compañero de Cahiers du Cinéma, Jean Luc Godard. En medio del júbilo, un hombre se le acerca para darle la enhorabuena con las siguientes palabras: “Eso es, el arte es un sacerdocio”.

Esta escena representa bien lo que entrega Richard Linklater en su nueva cinta: una visión comprometida, sentida y tremendamente celebratoria de la llamada Nueva Ola Francesa que llegará al corazón de todo amante del cine. La cinta cuenta la historia detrás de la creación de este movimiento cinematográfico francés, centrándose en la producción de la innovadora película de Jean-Luc Godard, Al final de la escapada, en 1959.

Para hacerlo, el cineasta echa mano de uno de los modelos que mejor maneja: crear una cápsula del tiempo de un momento muy específico de la historia, en este caso, la del cine.

Fotograma de ‘Nouvelle Vague’

Richard Linklater y el tiempo en el cine

A lo largo de su carrera, el director ha dedicado al paso del tiempo el centro de muchas de sus películas. Boyhood (2014) y la trilogía de Antes del amanecer (1995) exploraban el paso del tiempo de una manera tanto cinematográfica como metatextual. La primera filmaba 12 años de la vida de su protagonista, insertando el cine en sus vivencias a través del tiempo. La segunda, por su parte, trata el amor y la evolución de las relaciones, y cómo estas cambian, maduran y mutan conforme avanzan los años, asomándose a su situación con saltos temporales de 9 años entre cada una.

Sin embargo, Nouvelle Vague encajaría mejor en otra modalidad que ha prodigado Linklater y que también tiene al tiempo como protagonista: las “cápsulas de tiempo”. Estas cintas no hacen un estudio narrativo exhaustivo, sino que prefieren centrarse en cuál era el sentimiento que atravesaba a una sociedad en un momento particular de la Historia, generalmente en Estados Unidos. Películas como Todos queremos algo (2016), ambientada en los 80, o Movida del 76 (1993), dejan de lado una línea argumental elaborada para captar la estética y el sentir generalizado de la época. Así, se enmarcan dentro del género de la “hang out movie”, centrándose en sus personajes, interacciones, diálogos y atmósfera.

Fotograma de ‘Nouvelle Vague’

Ahora, Linklater trae de vuelta los años 50 y 60 en Francia en el fondo y la forma, con un acercamiento al cine que ya no existe. Además de que los personajes sean las figuras más importantes de la época, el cineasta estadounidense refleja la manera en que se filmaba en la época.

¿Qué es la Nouvelle Vague?

La Nouvelle Vague bebió del neorrealismo italiano de los años 40 y llevó su influencia más allá. Este rompedor movimiento se caracterizó por técnicas que apostaban por un realismo y naturalidad total, con multitud de cámaras en mano, diálogos improvisados, uso de localizaciones reales e iluminación natural, pero que se combinaba con una ruptura narrativa tremenda, donde se desafiaba la lógica cinematográfica acostumbrada (rechazo de la continuidad por raccord y montaje, narrativas existenciales y no lineales, voces en off y varios niveles de metatextualidad).

Todo esto se traduce en una manera libre de hacer cine, que trata de buscar en el medio una verdad y una inmediatez que se alejaba de las maneras de los realizadores de los grandes estudios, que proponían un modelo controlado, cuidado y restringido. Ante eso, estos cineastas se saltaron todas las reglas y llevaron, como nunca antes se había hecho, al cine a nuevos horizontes, ampliando así las acepciones de este arte y de lo que podía lograr.

Si bien Linklater no sigue al pie de la letra este manual de instrucciones, hay algo muy puro en la manera en que se filman, por ejemplo, los primeros planos, brillantes y bañados de luz, donde desde el rostro de Zoey Deschanel, se puede ver a Jean Seberg, a Godard, a Anna Karina y al mejor cine clásico, en un más que evidente tributo del director a esa manera de hacer películas.

Fotograma de ‘Nouvelle Vague’

Un homenaje total

De esta forma, Linklater se convierte en una especie de demiurgo, casi en un medium. El director trae de vuelta a la vida a unos personajes que ya no están entre nosotros (como con las presentaciones de cineastas, actores y personalidades del cine francés que bañan la cinta de referencias, que, eso sí, probablemente no funcionen tanto con el público menos informado). Pero no se queda en eso, sino que además se enmarca a sí mismo como un trasunto del Godard real en la forma del Godard personaje. Esto se ve perfectamente en uno de los planos más bellos de la película. 

Al momento de recrear el emblemático beso entre los protagonistas del film, Linklater coloca la cámara justo detrás de ellos, enfrentando la manera en que encuadró Godard el beso en 1959. Lejos de ser un reto, Linklater lo hace así para no centrar al espectador en la imagen icónica que ya todos conocemos (de hecho, hasta desenfoca el primer término), porque lo que quiere es mostrar a quien construyó esa imagen. En el espacio triangular que dejan los actores asoma Godard, pegado a su operador de cámara, que los contempla como si estuviera admirando toda la historia del cine posterior hasta llegar al espectador, a quien mira fijamente. Ahí, en ese encuentro entre director y público, se construye una relación que atraviesa más de 60 años, descubriendo el corazón y la sensibilidad de uno de los directores más importantes del mundo. Esta imagen es tan central, que sirvió como póster promocional para la película.

Poster de ‘Nouvelle Vague’

A través de él, Linklater pasa a estar tanto fuera como dentro de la cinta y se metamorfosea en el francés, para dar una lección de cine que no pretende ser nostálgica ni pesimista por el estado actual de la industria, sino celebratoria. Nouvelle Vague está constantemente recordando al espectador la alegría que supone que haya podido existir en la historia del cine una corriente como la nueva ola francesa. La película no exige relecturas, no necesita de más comentarios ni indagaciones, sino que se centra en el disfrute de acompañar a un grupo de jóvenes que, solo con su pasión, trabajo y cinefilia, cambiaron la historia del cine. Porque eso es la cinta, un acompañamiento, un estar presente que hará las delicias de todos los cinéfilos del mundo. El acercamiento del cineasta, con su cariño y respeto, recuerda al que hace Quentin Tarantino del cine de género, de explotación y serie B de los años 60 y 70 estadounidenses en su gran Once Upon A Time… In Hollywood.

La película de Linklater refleja un tiempo en el que el cine no era mercancía, sino expresión de vida. Todos estos protagonistas vivieron la realidad de lo que tantos cinéfilos han estudiado a lo largo de las décadas, pero no solo es sello histórico, sino que también es la representación de lo que todos nosotros querríamos hacer: vivir por y para el cine. Es por eso que uno está tan a gusto dentro de esta historia, que se siente como un abrazo. Sumado al carisma desbordante de los actores, a la cámara que flota con fluidez recorriendo París, y al ritmo recreativo que imprime el montaje, Nouvelle Vague conforma una de las experiencias más entrañables y memorables del año.

Fernando Olmedo

Graduado de Comunicación Audiovisual por la UNAV, cursando el Máster en Periodismo Cultural del CEU San Pablo. Especializado en crítica de cine, enamorado de todas las otras formas de cultura.

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