Hablamos con la fundadora de ‘Patio Collective’, un proyecto emergente, asentado en el CSO La Rosa, que busca unir a los artistas frente a la adversidad
La habitación de Clara tiene poca luz natural. Su ventana está orientada a un espacio interior, atravesado por las miradas de los vecinos del edificio, que, irónicamente, recibe el nombre de “patio de luces”. Desde esa habitación, en los ratos que encuentra entre su trabajo en un restaurante senegalés, sus prácticas y sus estudios, se gestan canciones. También proyectos. Proyectos que buscan la luz del patio, el poder de mirarse los unos a los otros en medio de las goteras, grietas o pintura desconchada. Clara busca las oportunidades, piensa cómo crearlas.
Cultura Joven: ¿Cómo surge Patio Collective?
Clara Martín: Surge a principios de este año, cuando empecé a componer mi propia música y tomé conciencia de la inmensa barrera de acceso a la industria creativa. Si no tienes recursos o contactos avanzar es muy difícil. Se me ocurrió crear un colectivo para hacer más accesible el consumo y creación de arte. Por el camino, se unieron Andrea Susasi, artista multidisciplinar, e Iván Visa, gestor cultural. Contactamos con el Centro Social Okupado (CSO) La Rosa y nos cedió su planta de arte para el proyecto, aunque estamos abiertos a otros espacios. Llevamos tres eventos y estamos camino del cuarto (el 10 de enero), para el que hemos lanzado un open call. Estamos teniendo un gran recibimiento y llenando el aforo. No existen muchos espacios así en Madrid.
CJ: ¿Qué es exactamente Patio Collective?
CM: Es un proyecto planteado en dos ramas: la social y la más propiamente artística. La social incluye los eventos abiertos al público, siempre gratuitos y normalmente con una exposición colectiva para dar visibilidad a artistas emergentes. La artística busca generar grupos colaborativos multidisciplinares. Queremos propiciar el encuentro de diferentes perfiles de la industria para que colaboren y la creación de grupos de trabajo que saquen adelante proyectos desde el propio colectivo. En definitiva, el objetivo de Patio es dar plataforma y recursos a los artistas que lo necesiten; ponerles en contacto con quien les pueda ayudar y difundir sus proyectos una vez finalizados. En el arte no basta con ser bueno, la mayoría de trabajos surgen a raíz de un “pues yo tengo un amigo que…” También buscamos crear comunidad y vecindad en una ciudad que es tan grande y a veces despersonalizada como Madrid. Deseamos ser un lugar de disfrute, donde propiciar la conversación sociopolítica.

CJ: ¿Por qué “Patio”?
CM: Viene del recuerdo del patio del colegio: ese espacio entre las obligaciones donde jugar, conectar e imaginar. Es una evocación a esos momentos de unión y comunidad, donde surgían nuevos juegos y colaborabas con tus compañeros. De hecho, nuestro próximo evento trabaja sobre esta misma temática: buscamos proyectos que reimaginen el patio del colegio como lugar de cuidados y diversidad, especialmente, trabajos con el foco en las disidencias.
CJ: Parece que el concepto de comunidad es fundamental para hablar de Patio. ¿Qué relación ves entre comunidad y arte?
CM: El sistema capitalista nos hace pensar que todo surge de la individualidad: el bienestar, el arte, las ideas. Sin embargo, la mayoría de proyectos nacen de referencias, de ver un trabajo que te gusta. Lo del genio inspirado es una farsa. Obviamente, la idea aparece en tu cabeza, pero tú y tu idea venís de un contexto anterior. Si todo nace desde la comunidad, ¿por qué no crear desde la comunidad? Crear con tus amigas y compañeras aporta diferentes puntos de vista y enriquece los proyectos. Patio reconoce que detrás del éxito hay todo un contexto de ayuda.

CJ: ¿Qué convierte el arte en algo accesible?
CM: De cara al público, es clave que los eventos sean gratuitos o con un coste mínimo para cubrir gastos. Para los artistas, la accesibilidad implica igualdad de oportunidades. Probar algo nuevo a menudo requiere una gran inversión, inasumible para muchos, especialmente en el contexto de precariedad que vivimos la mayoría de jóvenes. Queremos usar la solidaridad para generar oportunidades: que alguien te enseñe, te dé material… En el mundillo de las convocatorias acaban ganando casi siempre los mismos, gente que ha tenido los recursos para desarrollar y consolidar su obra. En nuestros procesos de selección tenemos en cuenta la calidad y el potencial que percibimos en la obra, más allá del contexto del artista, su porfolio o su experiencia: eso es igualdad de condiciones.
CJ: ¿Tenéis algún criterio de selección consensuado?
CM: Hay una parte muy intuitiva, pero valoramos también lo cuidada que esté la producción artística y cómo se ajuste al evento concreto. También buscamos propuestas interesantes para desarrollar de cara al futuro del colectivo. Cualquier idea es bienvenida y nadie es menos por no tener experiencia o recursos.
CJ: “Cualquier idea es bienvenida”… ¿Seguro que cualquiera?
CM: Añado una puntualización: cualquier idea, siempre y cuando encaje en nuestros valores. Nos declaramos antifascistas, antirracistas y feministas. Fomentamos también la obra de artistas queer, que todavía pueden verse discriminados. Cualquier cosa que atente contra estos principios no está aceptada.
CJ: ¿Podríamos decir que Patio es un proyecto político?
CM: Sí, en cierto modo. Su propia existencia es una disrupción dentro de la industria del arte, al romper con la lógica de beneficio y+ especulación. Además, entendemos el arte como una herramienta transformadora. Siento que un discurso político activa mucho más los extremismos que una exposición artística. Si a una persona mayor le hablas de los derechos de las personas trans desde la posición de un político es más posible que se cierre por prejuicios que si ve una exposición en la que se transmite la realidad de las personas trans. Es más fácil conectar a través del arte. Buscamos crear esa conversación. Cada artista refleja su postura en su obra, de momento en un plano individual. Les damos esa plataforma para alzar la voz sobre lo que quieran, pero hasta que no haya una creación desde el colectivo, no podemos hablar de una voz artístico-política de Patio.
CJ: ¿Es posible sostener el proyecto a largo plazo sin beneficios? Hablemos del dinero.
CM: Por ahora, funcionamos a base de trabajo voluntario: el nuestro, el de los artistas que ceden su obra, diseñadores gráficos que colaboran y espacios cedidos. Estamos en un contexto en el que no tenemos que pagar nada y tampoco recibimos nada. A futuro, nos gustaría encontrar algún tipo de apoyo económico para poder funcionar y pagar a la gente lo que se merece, siempre sin ánimo de lucro. Sería ideal poder compensar a todos los que están ayudando con el empujón inicial. Sería un sueño vivir de este proyecto, pero para eso necesitaríamos acceder a un tipo de financiación que todavía no está a nuestro alcance.
CJ: Hablemos de estos espacios cedidos, concretamente del CSO La Rosa, ¿qué papel tienen y cómo se relaciona con los objetivos del colectivo?
CM: Creo que Madrid parece pensada para consumir antes que para habitar. Espacios como La Rosa aparecen como un rayito de sol en este lugar de hiperconsumo. Su papel generando ocio alternativo gratuito no se puede ignorar. Para nosotros ha sido el lugar ideal, nos dijeron: “pa’ lante, sin jerarquías, cread lo que queráis”. Es difícil encontrar esto en un espacio privado, aunque también los hay, por ejemplo, el Centro de Creación Contemporánea Quinta del Sordo, donde celebramos el último evento ante la saturación de La Rosa. Nos ayudan por amor al arte.
CJ: Detengámonos en el tema de la okupación y en cómo influye en estos proyectos.
CM: Podríamos decir que Patio es una especie de okupación dentro de la propia industria del arte: reclamamos un espacio que se nos niega y lo creamos por nuestra cuenta, metiéndonos por grietas. Los centros sociales okupados surgen en lugares abandonados, no se le quitan a nadie, y crean un lugar donde refugiarte sin gastar dinero. En una ciudad con una tasa tan alta de soledad no deseada son valiosos los espacios para la comunidad, que piensan en dar antes que en recibir.
CJ: ¿Qué tipo de arte se ha ido viendo en los eventos?
CM: Muchos artistas emergentes, que todavía están estudiando. Estamos reuniendo de todo: cerámica, fotografía, life art, performance poética, conciertos, escultura… En el último incorporamos, además, una jam session musical: un par de productores improvisaron beats y se podía unir quien quisiera. Queríamos generar música de ambiente de manera orgánica, invitar a crear colectivamente. En cada evento introducimos una dinámica adicional a la expo. En el primero, repartimos las cartas de dos barajas con preguntas intensitas escritas encima. La idea era que encontrasen su carta gemela y por el camino rompiesen el hielo interactuando. Queremos favorecer que puedas venir solo y no te sientas aislado. Para eso también hicimos el Speed dating, donde tenían que hablar durante cinco minutos en pareja y preguntarse “¿cómo podríamos colaborar?”.
CJ: ¿Cómo se consigue sacar tiempo para proyectos como este teniendo que trabajar y estudiar?
CM: Está siendo muy intenso. Yo estoy terminando ADE y marketing y trabajo de camarera, pero consigo sacar tiempo porque me mueve el posible impacto social. Los eventos están siendo muy bien recibidos, incluso con imperfecciones. La gente está agradecida y entiende que no somos profesionales. Hemos asumido que empezar implica hacerlo por amor al arte. Es un currazo, pero no nos importa ni a mí ni a mis compañeros.
Por la ventana del piso compartido en el que vive se ve a un hombre asomado detrás de su cortina. Por la puerta se escucha llegar a sus compañeras. Fuera hace mucho frío, pero juntas han descubierto después de un tiempo cómo encender la calefacción.
