The History of Sound: El anodino romance de Mescal y O’Connor

Paul Mescal y Josh O'Connor en The History of Sound/ Mubi
Paul Mescal y Josh O'Connor en The History of Sound/ Mubi

La esperada colaboración de los actores de Gladiador II y Challengers da fruto a un insulso relato que aun lejos de incompetente, deja mucho que desear

En 2016, el cineasta sudafricano Oliver Hermanus, sin más intención que matar el tiempo en un vuelo, comenzó a leer un relato, rescatado de algún rincón de internet. El 18 de octubre de 2025 ese relato es una película, The history of sound, que tras competir por la Palma de Oro en Cannes, hizo su debut en la tierra natal de uno de sus protagonistas, en el Festival de Cine de Londres 2025. Ese relato, perdido en la web, ahora forma parte de una antología publicada y los protagonistas que el guionista Ben Shattuck imagina como sus coleccionistas de canciones folk son ahora los dos actores del momento, Paul Mescal y Josh O’Connor, que vienen de grandes producciones como Gladiador II y Challengers respectivamente.

Póster de The history of sound en el festival de cine de Londres/ Fuente: Julieta Aguirre

Como dice Kristy Matheson, la directora del festival, Hermanus no es un extraño a las galas del Southbank Center, habiendo presentado ahí mismo su remake de Living (2022), una de las películas más queridas de Akira Kurosawa. Sin embargo, The history of sound es un proyecto que lleva mucho más tiempo en proceso, acercándose al redondo número de una década. 

Un Brokeback Mountain musical

Es 1916, en un abarrotado bar frecuentado por el profesorado del conservatorio de música de Boston, Lionel (Paul Mescal) se gira como atraído por una fuerza mayor hacia las notas que salen de un piano de la esquina, su compositor pronto se presenta como David (Josh O’connor). Este momento es el principio de la película y también el comienzo de una relación que es imposible dejar de comparar con Brokeback Mountain. Una equiparación que se extiende más allá de la propia trama hasta el origen de la historia, que, al igual que The History of Sound, comenzó como un relato corto.

Lionel y David se enamoran, juntos y permanentemente acompañados de referencias intertextuales a canciones folk, comienzan su empresa para intentar coleccionar y recuperar la herencia musical de la costa este, así como las historias que relatan estas canciones. Viajando de pueblo en pueblo y de familia en familia, van grabando estas canciones en unos modernos cilindros de cera. De estos viajes surge el verdadero espíritu e intención de Shattuck, que aboga por la preservación musical e intenta honrar este género con el mayor respeto posible.

Paul Mescal y Emma Canning en The history of sound/ Fuente: IMDb

La inversión en el sonido es clara, pero exageradamente intencional, resultando inevitablemente en una artificialidad incómoda. Los anacronismos no intencionales, que existen tanto en la trama como en los pequeños detalles, no solo contribuyen a esta sensación general de falta de cuidado sino que, además distraen de la historia que se trata de contar. Las atemporalidades más concretas, como ciertas frases, que chirrían saliendo de la boca de personajes enfundados en chaqués y largas faldas, no tienen excusa defendible y mucho menos en un proceso creativo de casi 10 años de trabajo. Sin embargo, es posible entender la visión de Shattuck al obviar casi al completo la respuesta de la sociedad a la relación entre los dos personajes.

Un relato naïve

Desde su primera escena hasta su previsible final, The history of sound, busca hablar de música y tradición. Sin embargo, la película no es capaz de compaginar este foco principal y mantener la viabilidad histórica, por lo que el resultado final resulta en una cinta en la que no se debe uno detener demasiado a darle vueltas por la cantidad de cabos sueltos que pudiese encontrar. Es comprensible que, quizás queriendo distanciarse del precedente de Ang Lee y de tantas obras que comentan la presión social frente a la homosexualidad, Shattuck elija alejar su película de estos debates y una vez más centrar el foco en la música. Sin embargo, esto resulta en una inocente positividad que no deja de recordar que es el primer guion que escribe su autor. Además de un incoherente universo en el que estos problemas que provoca una sociedad arcaica y homófoba, como es de esperar del 1920, solo existen cuando demuestran ser convenientes para la trama, y son completamente obviados en el resto de ocasiones. 

Lamentablemente, The history of sound es una película que, lejos de ser mala, simplemente se convierte en algo poco memorable. Ni su trama, ni su fotografía, ni los 10 años invertidos en ella ni, lo que es más sorprendente, sus dos protagonistas brillan particularmente, dejando una abrumadora sensación de completa indiferencia.


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