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La noche que Mala Gestión se comió La Riviera

Mala Gestion en directo en La Riviera
Mala Gestion en directo en La Riviera

El 30 de abril, con ese calorcito típico de la primavera madrileña que te hace dudar entre llevarte la chaqueta o no, la sala La Riviera se convirtió en el epicentro de algo que costaba 16,95 euros pero que valía bastante más que eso. De hecho, por los pasillos y entre la gente que esperaba fuera se escuchaban comentarios del tipo «son los 16 pavos mejor invertidos de mi vida» o «menuda pasada, tío», y eso que el concierto ni había empezado todavía.

La previa

Pero vayamos por partes. Mucho antes de llegar a la sala, ya en la línea 6 del metro, se notaba que algo heavy iba a pasar. Los vagones iban a reventar de camisetas negras por todos lados, chaquetas de denim llenas de parches, risas y conversaciones que giraban todas alrededor de lo mismo. No hacía falta preguntar adónde iba cada uno. Al salir en Príncipe Pío, la escena ya era de película: una cola enorme serpenteando hasta La Riviera, grupos bebiendo cerveza en la calle, gente calentando el ambiente antes de tiempo, unidos en ese ritual previo al concierto que es casi tan bueno como el concierto en sí.

Ya dentro, la sala estaba a tope. De esas noches en las que no cabe un alma más y el aire ya tiene su propio olor a juventud aglomerada. El público era una mezcla tremenda: punks con cresta, rockeros, metaleros, jovencitos con estética más urbana, adolescentes, treintañeros… Todos juntos, mezclados, con chaquetas de cuero, maquillajes improvisados y hasta disfrazados de personajes de Mario Bros dando vueltas por ahí. Una auténtica licuadora de ensalada humana unida por las mismas ganas de soltarse.

Fila fuera de La Riviera / Foto: Alejandro Santos
Fila fuera de La Riviera / Foto: Alejandro Santos

Teloneros: Los Chivatos

Para empezar, tocaron Los Chivatos, los encargados de abrir la noche. Son una banda que combina punk agresivo con algo más indie, con una actitud de «nos importa poco lo que penséis» que pega bastante. Lo que le dio un punto especial fue el fondo visual: mientras tocaban, proyectaban gameplays de clásicos de la Nintendo 64. Super Mario 64, Star Fox, Wave Race… Una cosa muy milenial que conectó de golpe con la mayoría del público. Su música fue estridente y cortante, perfecta para ir calentando motores y preparar el cuerpo y la mente para lo que vendría después.

Mala Gestion: el estallido

Y lo que vino después fue Mala Gestión. Cuando salieron al escenario, el rugido de la sala fue inmediato. De esos que te entran por el pecho y se desplazan por debajo de la piel. Desde el primer acorde, todo se descontroló de la mejor manera posible: pogos por aquí, mosh pits por allá, gente saltando sin parar. La banda, que es de Valencia y lleva desde 2023 metiéndole con todo, está ahora mismo de gira con su segundo disco, “Hacemos lo que podemos”, de 2026, y combinaron temas nuevos con los que ya circulaban por redes. Su sonido es raro de clasificar. Ellos mismos lo llaman «ñunk», que más que un género parece una forma de ver la vida. Hay momentos casi metálicos, otros más festivos, todo mezclado con una ironía constante que te hace reírte mientras saltas. Sus letras hablan de funcionarios públicos, de relaciones románticas fallidas, de cigarrillos, apuestas, alcohol y una especie de rechazo casual al trabajo de toda la vida. No es que tengan un gran mensaje político, más bien es un desahogo que mucha gente joven siente como suyo. Esa sensación de «todo da un poco igual, pero en realidad no». Y el público lo sentía igual. No había distancia entre el escenario y la sala: todos cantaban, todos empujaban, todos estaban en lo mismo. Había grupos de amigos, parejas, gente sola que no lo parecía, adolescentes… Da igual. La música los igualaba a todos. Se escuchaba por todos lados «qué locura» y «menuda pasada», y tenían razón.

El cierre: «Noche De Casino»

El final llegó con Noche de casino, el tema que los catapultó a la fama gracias a que se volvió viral en redes. Cuando empezaron los primeros acordes, la sala entera estalló. Todo el mundo coreando, saltando, entregado. Fue uno de esos momentos en los que te das cuenta de que estás en algo que va a ser difícil de olvidar. Porque eso es lo curioso de Mala Gestión: su «mala gestión» es todo lo contrario. Han construido una comunidad enorme en internet con memes, estética cutre y mucha ironía, y luego la han trasladado al directo sin perder ni un gramo de autenticidad. No es casualidad, realmente es estrategia. Aunque ellos probablemente lo negarían. Lo que pasó aquella noche de primavera en La Riviera fue más que un concierto. Fue una foto de una generación que vive entre el sarcasmo y la euforia, que busca su sitio entre el ruido y de vez en cuando lo encuentra en una sala oscura y llena de gente que siente lo mismo.

Por 16,95 euros, no está nada mal.

Pogo en "Noche de Casino" / Foto: Alejandro Santos
Pogo en «Noche de Casino» / Foto: Alejandro Santos

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