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‘Rondallas’: una emotiva ‘morriña’

Javier Gutiérrez y María Vázquez es una escena de la película/Bambú Producciones
Javier Gutiérrez y María Vázquez es una escena de la película/Bambú Producciones

La última película de Daniel Sánchez Arévalo llega a la gala de los Goya con una discreta nominación al mejor actor de reparto para Tamar Novas

Tras más de un lustro apartado de la gran pantalla, Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, España, 1970) vuelve a las salas por la puerta grande, esta vez alejado de las comedias que le catapultaron como Primos (2011) o La gran familia española (2013), para ofrecer en esta ocasión un drama de corte sentimental y de carácter emotivo en el que rinde tributo al folclore gallego, yendo mucho más allá en una historia con trasfondo y en el que trata diversos temas.

El director madrileño vuelve al género con el que debutó hace prácticamente 20 años en el drama AzulOscuroCasiNegro (2006), en el que se embarcó en temas sociales como la discapacidad o la homosexualidad. Pese a este regreso, Rondallas se caracteriza por ser una comedia dramática que mezcla con mucha inteligencia el drama y el humor en el entorno rural gallego, ya que la cinta cuenta con indiscutibles tintes cómicos, gracias a un ágil guion que lleva la firma del propio Sánchez Arévalo.

Compuesta por un excelente reparto de actores gallegos, encabezado por el camaleónico Javier Gutiérrez, seguido de María Vázquez (Fariña), Carlos Blanco (Volver, Antidisturbios), los jóvenes Judith Fernández (El caso Asunta), Fer Fraga (Rapa) y Tamar Novas (La lengua de las mariposas, Veneno) quien podría alzarse con el Goya al mejor actor de reparto el próximo 28 de febrero en la fiesta del cine español si de esta forma el intérprete compostelano intentará repetir la gesta cosechada hace 21 años cuando obtuvo el Goya al mejor actor revelación por Mar adentro (2004, Alejandro Amenábar). La película rinde un sencillo homenaje al folclore de la Galicia rural, en un ambiente cotidiano plagado de sentimentalismo y humanidad.

Dejar atrás el dolor para recuperar el espíritu de la unidad y de tradición

Han pasado dos años desde que en una marinera localidad gallega naufragó un barco pesquero en el que viajaban siete personas de las cuales solo sobrevivieron dos. Desde entonces, esta tragedia ha marcado al pueblo formando parte de su rutina diaria, impidiéndoles seguir adelante y sumiéndoles en un interminable luto.

Entre los supervivientes de esta tragedia está Luis (Javier Gutiérrez) quien está muy unido a Carmen (María Vázquez) que enviudó tras el hundimiento del barco y que vive con su hija Andrea (Judith Fernández), una veinteañera que tiene también sus amores y desamores con Elías (Fer Fraga) un joven que pelea constantemente por conquistarla, por otro lado, están Xoel (Tamar Novas) y el entrañable Yayo (Carlos Blanco), que comparten juntos su afición por la pesca. De esta forma la película alterna la melancolía y la tristeza con situaciones más amables y divertidas.

Luis considera que después de dos años es necesario recuperar la tradicional rondalla para devolver la ilusión en la zona, pero algunos no están por la labor ya que la tragedia y el dolor aún hacen huella entre los lugareños y no se sienten con ganas de retomar celebraciones. Poco a poco, con ilusión y optimismo, los ensayos se irán retomando, así como la recuperación de material e instrumentos para la participación en el concurso con otras rondallas de los pueblos de alrededor. Además, durante la preparación del gran evento van saliendo nuevas noticias acerca de la investigación del naufragio del barco.

Judith Fernández en una escena de Rondallas/Bambú Producciones
Judith Fernández es una escena de ‘Rondallas’/Bambú Producciones

Rondallas muestra muchos momentos de comedia dramática y, en cierto modo, podría sortear ese peligroso ternurismo fácil en el que caen muchas películas con enfoque sentimental, sin embargo Sánchez Arévalo es inteligente y pretende dejar de lado clichés tan peligrosos como la cursilería o la sensiblería. La cinta emula en ciertos momentos a la exitosa comedia británica Full Monty (1997, Peter Cattaneo), que cuenta la historia de unos obreros que se quedan en paro y que para poder retomar sus actividades laborales deciden convertirse en strippers. La cinta desprende momentos de buen cine y de extraordinaria técnica narrativa, en lo que respecta a una oportuna transición con fundido en negro y a un intercalamiento con flashback durante una escena del presente que nos devuelven unos instantes después.

Cabe destacar en su banda sonora dos grandes éxitos internacionales versionados en las propias rondallas, como Viva la vida (Coldplay) y Wake me up (Avicii). Además de tener ese punto de simpatía, resulta tan inesperada como sorprendente. En definitiva, Rondallas es una obra melancólica, hermosa, un tributo a los pueblos de España y sus costumbres y a todo aquello que sienten sus habitantes cuando practican estas rutinas.

1 Comment

  1. Una buena crítica para lo que promete ser una buena película.
    Como bien dices, un film que se estrena en un momento crítico que estamos viviendo en nuestro país y que es un ejemplo paradigmático perfecto que vale como homenaje a lo que tenemos que llegar a conseguir ser de una vez por todas el conjunto de los españoles.
    Unión y hermandad.
    Enhorabuena Ignacio.

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