Robert Capa, mirar y retratar al horror de frente

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Ejemplar de la revista Life con la fotografía 'Muerte de un miliciano' de Robert Capa

Las fotografías originales de Magnum Photos que se exhiben en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 25 de enero de 2026 ofrecen una oportunidad única para revisitar la mirada del corresponsal


Ser corresponsal de guerra es quizá una de las profesiones más complejas y, al mismo tiempo, más imprescindibles. Informar cuando han fracasado todas las vías diplomáticas y el mundo parece encaminarse hacia su propia autodestrucción convierte al periodista en un testigo esencial. En esos escenarios donde la razón se quiebra, el reporterismo alcanza su forma más pura: la de quien busca iluminar la oscuridad y explicar lo que sucede en el instante más irracional del ser humano.

A lo largo del tiempo, nombres célebres han ejercido este oficio con una mezcla de valentía y rigor: desde Ernest Hemingway y Martha Gellhorn hasta Almudena Ariza o incluso Arturo Pérez-Reverte. Pero si hay una figura que encarna como pocas la dimensión visual de esta labor —y que se convirtió en uno de los grandes cronistas de los conflictos que marcaron el siglo XX— es Robert Capa.

«No hay mayor anhelo para un corresponsal de guerra que quedarse en el paro», solía decir Endre Ernő Friedmann —su verdadero nombre—, sintetizando el conflicto moral que implicaba su propio trabajo. Huyó de la Hungría fascista y llegó a la vibrante París de los años treinta donde retrató la agitación política de la época. Sin embargo, fue en la Guerra Civil Española donde se consagró como un mito del fotoperiodismo y donde captó la imagen que lo perseguiría para siempre: «La muerte de un miliciano», una fotografía tantas veces reproducida, estudiada y debatida que terminó por convertirse en una pieza icónica de la memoria visual del siglo XX.

Por todo ello, la presencia de las fotografías originales de Magnum Photos expuestas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 25 de enero de 2026 adquiere una relevancia singular. Su valor para el estudio de la Guerra Civil española convierte esta muestra en un acontecimiento que, al igual que los hechos que Capa inmortalizó, merece ser contado.

Una de las salas de la exposición en el Círculo de Bellas Artes.
Una de las salas de la exposición en el Círculo de Bellas Artes.

La exposición traza un recorrido completo por la obra de Robert Capa, desde sus inicios en los años treinta hasta su muerte en la Guerra de Indochina, configurando una crónica visual de algunos de los episodios más convulsos del siglo XX. La Guerra Civil Española, la Guerra Sino-Japonesa, el desembarco de Normandía, la URSS estalinista o los primeros compases del conflicto de Vietnam… Aunque muchos de estos acontecimientos forman parte del imaginario colectivo, Capa los retrató con una cercanía y una crudeza que siguen interpelando al espectador.

El recorrido arranca con varias imágenes de la París que él conoció en su juventud, una ciudad trepidante pero políticamente agitada. Muy pronto, sin embargo, el visitante se adentra en el primer gran escenario que marcaría su carrera: la Guerra Civil española. Siempre junto a las tropas republicanas, Capa documentó algunas de las batallas más decisivas del conflicto —la defensa de Madrid, la sangrienta lucha en Teruel o la presencia de las Brigadas Internacionales— y recorrió Cataluña, Aragón, Madrid, Toledo y Andalucía para mostrar los horrores de una guerra que las democracias europeas prefirieron ignorar, a diferencia de la Alemania nazi y la Italia fascista, que apoyaron a los sublevados. La muestra incluye no solo copias originales —entre ellas la del célebre miliciano abatido—, sino también las publicaciones en prensa donde esas imágenes vieron la luz por primera vez.

Pero la exposición no se detiene en la Guerra Civil. Prosigue con el conflicto más estudiado del siglo XX: la Segunda Guerra Mundial. Capa comenzó documentando la resistencia china frente a la invasión japonesa, una campaña que, aunque a menudo queda al margen del relato occidental, resultó decisiva en el devenir de la guerra en el Pacífico.

Posteriormente, sería testigo directo de la contienda en Europa Occidental, desde la invasión aliada de la Italia de Mussolini hasta el histórico desembarco de Normandía. La muestra dedica un espacio detallado a la operación Overlord —su nombre en clave— y a las imágenes captadas por Capa en primera línea. Fotografías que, pese a su familiaridad debido al cine y la televisión, siguen transmitiendo el caos, el miedo y la determinación de quienes se lanzaron a las playas del norte de Francia.

Una de las fotografías de Capa en el Desembarco de Normandía.
Una de las fotografías de Capa en el Desembarco de Normandía.

El capítulo europeo culmina con la liberación de París, entre celebraciones y un clima de incertidumbre. De las imágenes más impactantes destaca el retrato de las mujeres francesas acusadas de colaborar con los nazis, rapadas y humilladas públicamente tras la llegada de las fuerzas aliadas.

El itinerario mantiene su orden cronológico y conduce al visitante a la URSS de la posguerra, un viaje que Capa emprendió junto al escritor John Steinbeck. Aunque se encontraba en uno de los países más devastados por el conflicto, el fotógrafo se alejó esta vez de los frentes para retratar a mujeres, niños y escenas cotidianas. Buscó mostrar la vida de un país que, tras ser aliado, se convertía en el gran enigma —y futuro adversario— de Occidente.

En los tramos finales, la exposición contrasta dos vertientes muy distintas de sus últimos años. Por un lado, su alejamiento temporal del reporterismo bélico para adentrarse en la moda, el turismo y el glamour de Hollywood: John Huston, Ingrid Bergman o Suzy Parker posaron para él en esta etapa. Por otro, los conflictos que marcaron el cierre de su trayectoria: el nacimiento del Estado de Israel y la guerra que siguió a su independencia, así como la Guerra de Indochina, donde una explosión acabó con su vida mientras ejercía, una vez más, el oficio que lo convirtió en leyenda.

La exposición concluye con una nota más íntima: una serie de retratos de amigos cercanos como John Steinbeck o Ernest Hemingway. No solo aparecen en las fotografías, sino también en las citas que acompañan el recorrido y que revelan la profunda huella que Capa dejó en quienes lo conocieron. El itinerario se despide mostrando las verdaderas armas con las que el fotógrafo libró todas sus batallas: su cámara y los negativos. Objetos sencillos que, al contemplarlos, invitan a recordar —y valorar— el papel esencial que desempeñó, como tantos otros antes y después, arriesgando la vida para contar lo que sucedía en los lugares y momentos más difíciles de la historia.

Negativos y una de las cámaras de Robert Capa expuesta en el Círculo de Bellas Artes.
Negativos y una de las cámaras de Robert Capa expuesta en el Círculo de Bellas Artes.

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