La escritora, periodista y voz firme dentro de la literatura contemporánea, reflexiona sobre su proceso creativo, la responsabilidad de contar historias y el reciente impulso que ha supuesto la publicación de Cíclope y herida. En esta conversación, desgrana las luces y sombras del oficio, la búsqueda constante de precisión en la palabra y el vínculo que establece con los lectores desde la honestidad y la emoción.
Pilar del Pozo (Madrid,1973) es escritora, periodista y docente de literatura, conocida por su capacidad para entrelazar reflexiones profundas con un estilo cercano y evocador. Desde sus primeros pasos en la poesía, Pilar ha construido una obra marcada por la brevedad y la precisión de cada palabra, como si cada verso fuera un pequeño eslogan cargado de significado.
Su narrativa se distingue por personajes femeninos complejos y auténticos, explorando emociones, contradicciones y conflictos con una sensibilidad única. Aunque se mueve principalmente en el terreno de los relatos y la poesía, su versatilidad le permite combinar la literatura con enfoques periodísticos, abordando temas sociales como la violencia de género, la justicia social o la actualidad internacional, siempre con un marcado sentido crítico y humano. Recientemente, Pilar ha publicado su libro de relatos Cíclope y herida, una obra que refleja su pasión por los formatos breves y su perfeccionismo literario.
Cultura Joven: Tiene que haber, no sé, un punto de encuentro para saber cuándo una obra, aunque no te guste, puedes decir: «Esto es literatura». Pilar, ¿qué es para usted buena literatura?
Pilar del Pozo: Pues, a mí me gusta que el libro sea como una especie de huevecito, como una muñeca rusa: que al abrirlo descubras capas y referencias. No solo que esté bien escrito o tenga figuras retóricas, sino que notes que hay muchos otros libros dentro. Eso me vuelve loca. Borges, Dostoievski, Cervantes… Encontrar referencias a ellos es una locura[ríe]. Me emociona descubrir guiños a autores que han marcado la historia de la literatura y cómo dialogan con lo que estás leyendo.
C.J: ¿Algún autor que le inspire especialmente?
P.D.P: Muchísimos. Virginia Woolf, Pessoa, Borges, los autores de la Generación del 27 como Lorca… Y también la publicidad influye mucho en mi escritura, porque pienso en eslóganes. Por eso escribo poesía; cada verso se ajusta al tamaño de un eslogan. Incluso hay veces que una frase que surge como un juego de palabras publicitario termina en un poema o relato [ríe].
C.J: ¿Y cómo empezó a escribir?
P.D.P: La escritura es un refugio. Normalmente uno empieza por necesidad, por miedo a contar ciertas cosas, o porque es más fácil poner al “monstruo” en papel. Para mí, escribir fue encontrar un espacio propio, sobre todo por miedos de infancia, como la ausencia de mi padre cuando era pequeña. Eso se mezcla con la lectura; leer también es un refugio. Y así fui combinando lectura y escritura, tratando de buscar un lugar seguro dentro de las palabras.

C.J: Hablando de sus personajes femeninos, ¿cómo les da voz?
P.D.P: Personalmente, me cuesta escribir personajes masculinos. Una excepción fue un relato que escribí como regalo a un amigo actor homosexual, donde exploraba su relación con sus padres tras su muerte. Pero, en general, me resulta más natural dar voz a mujeres. Creo que hay matices que una mujer puede captar de manera más intuitiva: emociones, decisiones, contradicciones internas… Incluso cuando los personajes son complejos o moralmente ambiguos, siento que la perspectiva femenina me permite explorarlos mejor.
C.J: ¿Cómo fue el proceso de publicar su libro?
P.D.P: No hago autopublicación. Necesito la validación de un editor, alguien que arriesgue su dinero porque considera que mi obra merece la pena. Mi editor, Juan Carlos Martín, me dio esa confianza. Si no lo hubiera hecho… no sé, llámame cobarde. [ríe] Para mí, el hecho de que alguien con experiencia te diga “esto merece la pena” es fundamental; da seguridad y refuerza que tu obra puede llegar a los lectores.
C.J: ¿Ha cambiado su estilo desde su primera novela hasta ahora?
P.D.P: Siempre he escrito poesía, que me permite brevedad. Comencé novelas que dejé a medias, otras que llevo años, y finalmente encontré los relatos como formato ideal: más manejables y perfectos para mi perfeccionismo. Cada palabra debe ser exacta, como en un huevo de Fabergé. Revisar y revisar es mi método: no suelto un texto hasta que siento que cada palabra está donde debe estar. Y a veces, incluso después de publicarlo, descubres matices que podrían mejorarse [ríe].
C.J: ¿Esperaba algún recibimiento en particular al publicar?
P.D.P: Soy muy crítica conmigo misma. Si no considero que mi obra tiene calidad literaria, no me atrevería a publicarla. Pero cuando veo que un lector conecta, me alegra mucho. Me da igual si la obra llega a muchos o pocos; lo importante es que exista esa conexión genuina. También me sorprende cómo un lector puede interpretar algo de manera completamente distinta a lo que yo imaginé, y eso es maravilloso.
C.J: ¿Está escribiendo algo nuevo ahora?
P.D.P: Sí, un encargo que comenzó como un cuentecito se ha transformado en una novela. Aparecen un fantasma, una periodista, un niño enviado desde una ONG… Un caos total, pero estoy escribiendo y reescribiendo sin parar. También tengo otros proyectos, como un poemario sobre enfermedad mental. Me gusta mantener varios frentes abiertos: la poesía, los relatos, la narrativa larga… Me obliga a cambiar de perspectiva constantemente.

C.J: ¿Se lanzaría a explorar otros estilos literarios?
P.D.P: Sí, además de relatos y poesía, tengo un blog literario con enfoque periodístico sobre temas sociales como Gaza, violencia de género o justicia social. Me interesa combinar literatura y actualidad. Creo que la literatura puede ser una herramienta para reflexionar sobre el mundo y generar empatía, incluso en un formato periodístico.
C.J: ¿Algún consejo para quien empieza a escribir?
P.D.P: Todo es mejorable. Léelo, repásalo, no te conformes. Pero llega un momento en que debes compartirlo: con amigos críticos, un editor, o incluso auto publicarlo. Ensayo y error, críticas constructivas… Es parte del proceso. Y no hay que temer al fracaso: incluso los errores enseñan mucho, te muestran caminos nuevos para mejorar [ríe].
C.J: ¿Qué importancia le da al estilo propio?
P.D.P: Fundamental. Cada autor tiene un estilo único y es esencial desarrollarlo. Leer mucho, buscar referencias y mantener un criterio propio es clave, tanto en literatura como en periodismo. Tener tu propia voz hace que tus textos sean reconocibles y auténticos, y eso es lo que hace que un lector regrese a tus obras.
C.J: ¿Y cómo fue el proceso del diseño del libro, la portada?
P.D.P: La portada es vital. Mi ilustrador y ex compañero Bernardo Alonso y yo discutimos mucho, pero al final conseguimos una obra visual que llama la atención y refleja el espíritu del libro[ríe]. La portada debe ser atractiva, sugerente, y dar una pista del contenido sin desvelar todo. Es el primer “gancho” para el lector.
C.J: ¿Qué piensa sobre la inteligencia artificial en la creación artística?
P.D.P: Es una herramienta maravillosa para buscar información, pero no reemplaza al artista. Para mí, el arte implica contar algo propio, transmitir emociones y experiencias; la IA no puede sustituir eso. Puede ayudar a inspirarte o a hacer tareas prácticas, pero no puede crear un texto con la misma profundidad humana.
