Ha pasado más de un mes desde la intervención policial más mortífera de la historia de Brasil. Mientras las tensiones persisten y la ciudadanía se consume por la inquietud, este joven artista de las favelas transforma la violencia en verso.
La Operación Contención ejecutada el 28 de octubre en los complejos de Alemão y Penha –referida como «masacre» por la Amnistía Internacional de Brasil, «baño de sangre» por los vecinos afectados, «matanza» por el propio presidente de Brasil, Lula da Silva, a la vez que “un éxito” según Cláudio Castro, gobernador de Río de Janeiro– dejó a 121 civiles y cuatro policías sin vida. Con el principal objetivo declarado de desarticular el Comando Vermelho, el operativo terminó acentuando la tensión en las comunidades.
OPERATIVO RÉCORD CONTRA NARCO EN RÍO DE JANEIRO
— México Ahora (@AhoraMex) October 29, 2025
La violencia en Río de Janeiro deja ya 132 muertos, incluidos tres policías. Los cuerpos son expuestos en las calles para su identificación. Es considerada la mayor acción antidrogas en la historia de Brasil. pic.twitter.com/FqoXjPir43
Desde aquella primera intervención, otros operativos se han desplegado en complejos vecinos, como el operativo de Maré el pasado 26 de noviembre, supuestamente para evitar una «guerrilla urbana». En él fueron abatidos tres presuntos delincuentes, detenido uno de los supuestos jefes narco y herido de bala un menor de edad.
Mientras que las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro sostienen que se trata de un procedimiento indispensable para mejorar la seguridad de la ciudad, para gran parte de la población estas operaciones siguen siendo percibidas como acciones “indiscriminadas” contra las comunidades más vulnerables. En este contexto de violencia institucional y desgarro social, la creación artística y la palabra poética se abren paso.
El poeta que emerge de la tragedia
MC WJ, nombre artístico de Wesley Jesus Costa Oliveira, recita, interpreta y rapea en su escenario real: las calles del Complexo da Pedreira, en Río de Janeiro; sentado en el asiento del piloto de un coche, de cuclillas en un banco de la calle, apoyado sobre la barra de un skatepark, o mirando a la cámara que le graba en las escaleras de su favela.
Un año antes de la Operación Contención ya había revelado el presagio. Fue en Instagram donde publicó un vídeo en el que recitaba Lar amargo Lar [Hogar amargo hogar]. Ya entonces indicaba que su hogar era amargo, y un año después lo siguió siendo. Poeta o profeta, su lamento amargo “eu venho de um lugar onde a vida não vive mais” [vengo de un lugar donde la vida no vive más] resuena hoy con fuerza tras la tragedia, como una advertencia anticipada sobre la vida que se apaga en los márgenes. Este joven artista, al que algunos definen como un poeta-funk, se hace llamar a sí mismo O Pior Poeta do Mundo, el peor poeta del mundo, pero quizás esa humildad cobija algo de profecía.
En un país donde la polarización política y la violencia marcan la conversación pública, MC WJ abre otra vía de expresión: la del poema como lenguaje de resistencia. Se mantiene fiel a esta condición de poeta-funk desde los márgenes y la herencia de la poesía brasileña del siglo XX –desde la ternura desarmante de Manuel Bandeira hasta el realismo cotidiano de Jorge de Lima en Gran desastre aéreo de ayer–. Su obra plagada de contrastes, que van desde una imagen casi cinematográfica de un rapero rebelde hasta un recital de versos melancólicos propios de un poeta del romanticismo, revela estos claroscuros que desde hace tiempo tiñen la ciudad carioca.
MC WJ tampoco se corta ni un pelo en crear desde la realidad social, nunca desde una lógica de estudio de grabación orientada al mercado. A quienes hacen música desde el estereotipo de la favela, les dedica el poema Sobre A Cena? [¿Sobre la escena?], donde se refiere a ellos como los “bandidos de novela… romantizando o crime” [bandidos de telenovela… romantizando el crimen]. Esta fidelidad hacia el sentimiento de desamparo que se palpa en su entorno lo convierte en un joven poeta que desafía prejuicios estructurales desde la crudeza más humana.
En Eu sou um preto livre [Soy un negro libre], una de las publicaciones más vistas del poeta en Instagram, se entrelazan los discursos poscoloniales y religiosos. Una ola de espiritualidad que, más allá de ser una tendencia social, es una cotidianeidad carioca moldeada a la fuerza por las influencias eurocentristas. Con actitud de orador, un pañuelo negro en la cabeza y dos cadenas de oro, MC WJ reflexiona en verso sobre las contradicciones a las que esta devoción está sumida, al igual que su día a día:
“…é que a igreja ainda carrega muita influência eurocentrista,
no que diz respeito à visão do evangelho,
e por isso ele é doutrinariamente influenciada pelo colonialismo que a Europa trouxe para cá.”
[… es que la iglesia todavía tiene mucha influencia eurocéntrica
en lo que respecta a la visión del evangelio,
y por eso está doctrinalmente influenciada por el colonialismo que Europa trajo aquí.]
O Pior Poeta do Mundo usa el verso como arma. Su obra al completo es desordenadamente contradictoria, y, por tanto, leal a las dinámicas sociales que le rodean. Y mientras aborda temas suspicaces a la crítica desde esta mirada a su cotidianeidad, lo esencial en su arte es su capacidad para convertir la realidad en reflexión, la reflexión en recital y el recital en arte para significar.
