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Un momento del espectáculo

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22 mayo, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1075 Escena

Lo menos humano

Lo menos humano no es comer o beber. Tampoco dormir. Ni siquiera tiene que ver con cuestiones más trascendentales como nacer o morir. Lo menos humano es el sexo. O al menos eso cree Reinaldo Atxaga, protagonista de Hielo, la obra que se representa hasta julio en la Sala Nudo Teatro y en la que, con un lenguaje entre grosero y puro, se descubren algunas de las más bellas paradojas de la sociedad actual.

Escrita por Alessio Arena y dirigida por Ángel Málaga, Hielo se hunde en las marismas de la vida de Reinaldo (interpretado por Roberto Morales), un auxiliar de enfermería asiduo a las páginas de contactos gay, que un día decide acudir a un encuentro de sexo esporádico. A partir de ahí el espectador entra en una búsqueda vital del propio ser a través de imágenes duras e incómodas, pintadas con un sólido color desgarrado.Cartel de la obra de teatro 'Hielo'

Una historia violenta para la que su director ha sabido crear la atmósfera idónea: el público, a un escaso metro del escenario, no sólo tiene que lidiar con la cercanía de la acción dramática, sino con el resto de personas que, sentadas unas enfrente de otras, sienten la tensión del actor (aunque no tan acusada) de estar siendo observado. Si a ello añadimos una puesta en escena esencial (ínfima iluminación, el silencio como sonido primordial, el atrezo indispensable para el desarrollo de la pieza…), el conjunto se erige como una íntima evocación en la que el espacio se sume en la sombra para ceder  toda la fama a los anhelos y tormentos de Reinaldo.

Y todo pasado por el filtro del sexo. Porque, desde el prisma del deleite genital, se crea un caleidoscopio por el que vemos reflejos eclécticos de la comunicación, las relaciones personales o el ritmo cotidiano que impera en el presente. Porque Reinaldo es capaz de gritar “puta pieza de piano” y luego algo tan lírico como “no se tocan las palabras”. Porque dice palabrotas, pero habla de Chopin. Porque, en definitiva, eso es la vida: una voz constante de registros infinitos que no hace más que contradecirse a sí misma.

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