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25 marzo, 2011 Comentarios (0) Visitas: 2488 Cine y Televisión

HANK MOODY, MALDITA ATRACCIÓN

Atracción. Fatalismo. Sexo. Vicio. No estoy hablando de la película Terciopelo Azul de Lynch, ni de ninguno de los primeros discos de Trent Reznor con Nine Inch Nails, sino de un personaje de la caja tonta, del maldito entre los malditos de Showtime, Hank Moody(o la delgada línea entre el odio racional y la atracción irracional). ¿Pero qué tiene un personaje tan por momentos deleznable y vomitimo que hace de Californication una auténtica liturgia seguida con fe por miles de devotos? A unos días de que se acabe la cuarta temporada (el domingo se emitirá el último episodio en EEUU), esta pregunta se sigue respondiendo con la palabra que parió el párrafo y que se mantiene capítulo tras capítulo: ATRACCIÓN. 

A lo largo de las cuatro temporadas de la serie, vemos a un Hank que se mueve entre dos mundos muy diferentes: por una parte, el dinero, el lujo, el sexo fácil y la copa rápida, el Karen y Becca, web oficial de Californication-Showtimewhiskey on the rocks y los ligues de barras de bar; por otra parte, el amor incondicional por sus dos mujeres de verdad, su hija Becca y la madre de su hija, Karen, y su gran habilidad para estropear cualquier atisbo de felicidad con ellas. Es el enredo llevado al extremo, la despreocupación de tomar el camino fácil y también la mala suerte, lo que hace que cada vez se aleje más de estas dos pequeñas y únicas luces en un camino farragoso infestado de un sexo complaciente pero vacío: Hank Moody es, en el fondo, un perdedor perdido.

ACTITUD GRUNGE [María F. Carballo]

“Soy un perdedor, I’m a loser baby…so why don’t you kill me?”  El artista Beck interpretó en 1994 un himno dedicado a todos los perdedores del mundo que, por aquella época de desidia vital, eran toda una generación: la X. Hank Moody es ese ‘Loser’ prototípico al que cantó Beck el mismo año de la muerte de Kurt Cobain y esto, no es una cuestión aleatoria.  Las referencias al líder de Nirvana bajo un sentimiento de apatía extrema y de “I hate myself and I want to die” (como bien parafrasea Hank en la última temporada) son continuas. Llegan al extremo en el capítulo que, no sin razón, se llamó ‘In Utero’. Con un flashback, escuchando de fondo ‘Heart Shaped Box’ y la locución original de la NBC que anunció la muerte de Kurt Cobain, nos situamos en el día de la muerte del artista, el mismo en el que Karen entre lágrimas y sollozos admitió que otro ser ocuparía su lugar: estaba embarazada de Becca. El Hank Moody del 94 reacciona ante su futura paternidad declarando su amor en una carta que dirige a su “Dear Karen”. Cómo no, ‘Nothingman‘ de Pearl Jam suena funcionando como un auténtico himno agorero de lo que pasará en futuras temporadas y dejando mostrar la cara tierna y a corazón abierto de Hank Moody.

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Pero hay algo muy curioso también en este personaje: la importancia del propio ser que encarna a Hank Moody, el actor David Duchovny. Más conocido en los 90 como Fox Mulder, nuestro siniestro agente del FBI deja de lado la conspiración gubernamental para centrarse en otro asunto que, aunque X, está lejos de ser un expediente. Mucho se publicó, dijo y escribió sobre la adicción al sexo de David Duchovny, la cual finalmente fue confirmada tras el ingreso del actor en una clínica especializada en agosto de 2008. En el papel de Hank Moody hay mucho de ese David Duchovny pero también hay mucho de ese Spooky Mulder, oscuro pero canalla, experto en humor inesperado y cuya máxima es “Yo no miento. Sólo colaboro desinteresadamente en una campaña de desinformación”… Y es que Hank no miente, pero sí omite, transforma o se escaquea de la verdad que, en esta última temporada, ya le empieza a dar en la cara.

CHARLES BUKOWSKI [Marta Sader]

Henry Bukowsky y Hank Moody comparten algo mucho más profundo que el nombre: comparten la misma forma de cagarla. Los dos escritores lo estropean todo involuntaria e ininterrumpidamente. Entonces beben. Se resignan. Esperan, sentados en la barra, a que el destino tenga la última palabra. Y el destino siempre aparece en forma de piernas de mujer. Y esa mujer los odia, porque sabe, porque le dice su instinto femenino y centenario, que está frente a un canalla redomado. Uno de esos que van por ahí arrojando corazones usados, sucios y magullados en los arcenes. Pero son tan salvajes e irresistibles. Ellas lo Hank Moody, imágenes de la web oficial de Californicationsienten. Y caen rendidas braguitas y voluntades. Y, entonces, ocurre lo previsible: el odio. Pero ha sido todo tan intenso, franco y fatal que los perdonan. E, incluso, de algún modo, los entienden, y los adoptan como se adopta a un perrito perdido. Los miran con ternura. Se resignan. Les dejan dormir en su regazo cuando tienen miedo, porque Hank Moody y Hank Chinasky suelen tener mucho miedo. E igual que los salva entonces este abrazo, los salvan a los dos sus agentes editoriales. El mundo es, de alguna forma, benévolo con ellos. Puede que beban hasta ahogar las neuronas, pero el público hace que sus libros se conviertan en un éxito. Incluso se hacen películas de esos libros, aunque ninguno de los dos pueda mantener la boca cerrada frente a los productores, ni la cremallera subida frente a las actrices.

Esto les ocurre a Hank y a Hank día a día. La muerte, la resurrección. La absolución. El fatalismo. Pero lo que no cambia es el rumor del mar que moja las playas de Los Ángeles, ni el sol que pica en los ojos durante las mañanas de resaca.  Ni las piernas que se suceden, como en un eterno paseo marítimo californiano, con sus faldas sobre las que llorar  a los grandes amores que alguna vez tuvieron y que -está en su condición de malditos que así sea- ninguno de los dos sabrá nunca conservar.

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