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Ballet du Grand Theatre de Geneve

Luces y sombras del Ballet del Gran Teatro de...

Cartel Festival de Almagro

XXXV edición del Festival de Almagro

7 mayo, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1198 Escena

¡Viva nuestro pueblo!

El público de la Rusia zarista que en 1836 asistió al estreno de Elinspector, la obra de Nikolai Gógol, quedó tan conmocionado que sus reacciones de estupor e indignación inspiraron al escritor para escribir la pieza Alasalidadelteatro. En cambio, los espectadores que estos días acuden al Valle-Inclán de Madrid para ver la adaptación de Miguel del Arco de este clásico salen relajadísimos. Probablemente, porque ellos ya estaban indignados cuando entraron al teatro. Bueno, y porque este montaje del Centro Dramático Nacional es un festival de mordacidad y risa. Una risa noble y profunda que, como dijo el propio Gógol, es “el único personaje honrado” de esta comedia.

El argumento es simple pero eficaz: las fuerzas vivas de un pueblo se revolucionan ante la inminente llegada de un inspector de la capital, que amenaza con descubrir y -¡lo que es peor!- desmoronar la trama de corrupción en la que tan a gusto han vivido todos estos años.

Del Arco ha sabido combinar en esta adaptación el arte profético y atemporal del dramaturgo ruso con guiños al movimiento 15-M, los trajes de Camps, las cargas policiales contra estudiantes y aquel café que Zapatero intentó tomarse por setenta céntimos. Y lo ha dejado en manos de un reparto heroico (porque logra que más de dos horas sin descanso se pasen volando) encabezado por Gonzalo de Castro. El que empezara como figurante y ayudante de dirección en la serie televisiva 7 vidas se come el escenario en el papel de alcalde, con un séquito de concejales bobos y corruptos, una esposa sedienta de ambición (Pilar Castro) que se autoproclama “primera dama” y una hija revolucionada por las hormonas que termina vestida de fallera.

También están invitados a la fiesta los banqueros, por supuesto, el juez -a quien le encanta irse de caza-, un cantante que es un cruce casi satánico entre David Bisbal y Joselito y un ama de llaves almodovariana. Todo ello salpimentado con canciones y coreografías (cuesta no abandonar la sala sin cantar “¡Viva nuestro pueblo, viva nuestro pueblo, viva nuestro pue…alcalde!”), con tres músicos que no abandonan el escenario en ningún momento y hasta con un bombo que aparece en los momentos estelares.

 

En resumen, un golpe certero de risa en tiempos de rabia. Habrá que verla antes de que los corruptos la prohíban.

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