El DJ y productor musical afincado en un pequeño pueblo de Castilla y León ha convertido la mezcla de música tradicional y electrónica en su sello personal
Conversamos con Castora Herz, conocido también como Zini , DJ y productor que, desde un pueblo de apenas 500 habitantes, está construyendo un proyecto que une tradición y vanguardia, raíz y sintetizador. Lo que comenzó como un recorrido por la electrónica en ciudades como Berlín o Ciudad de México terminó convirtiéndose en un regreso consciente a Castilla y León, a su identidad y a la memoria de su abuela. Con Cien años de Castora, reivindica la folktrónica como una forma de reconectar con lo propio en tiempos de globalización y algoritmos, demostrando que la tradición no es pasado, sino materia viva lista para transformarse.
Cultura Joven: ¿Siempre quiso ser DJ?
Castora Herz: No exactamente. De niño tocaba la guitarra y tuve alguna banda de rock. Más adelante, en la universidad, descubrí la música electrónica y empecé a pinchar. Fue un proceso natural: primero DJ, luego productor. Durante un tiempo hacía cumbia electrónica con otro proyecto llamado Oscuridad. Vivía en Berlín y allí entré en contacto con músicas tradicionales de Latinoamérica y África mezcladas con electrónica. Ese fue el inicio de todo.
«Los artistas tendremos que afilar la creatividad frente a la IA». Castora Herz
C.J: ¿En qué momento decidió mezclar folk y electrónica?
C.H: Hubo un momento en el que me pregunté por qué estaba investigando tradiciones tan lejanas a la mía. Llevaba más de diez años fuera de Castilla y León, viviendo en Berlín, Ciudad de México o Barcelona, y creo que eso despertó en mí una necesidad de identidad. Desde Berlín empecé a investigar la música tradicional castellana e ibérica. Fue primero un retorno intelectual y después físico. Así nace Castora.
C.J: ¿Cómo fueron sus primeros conciertos con esta propuesta?
C.H: Mis primeros bolos fueron en Berlín y Centroeuropa. Allí resultaba algo muy raro, pero interesante para el público. Siempre hubo buena recepción. En España conecta de otra manera, más emocional. Al final, escuchar melodías o ritmos que te recuerdan a la infancia, pero en un contexto electrónico, toca algo por dentro.
C.J: ¿Prepara el mismo set en cada concierto o lo adapta?
C.H: Cada concierto es diferente. Trabajo con un colectivo artístico llamado La Cuadrilla, multidisciplinar. A veces vamos con banda completa, otras con bailarina, cantante o incluso con poesía. El proyecto es bastante poliédrico: mezclo instrumentos tradicionales, sintetizadores, visuales, danza e incluso teatro. Depende mucho del espacio y del contexto.
C.J: Su último álbum lleva el nombre de su abuela. ¿Qué representa para usted?
C.H: Mi abuela Castora es un referente personal y musical. El disco Cien años de Castora es un homenaje a ella, que habría cumplido cien años. Pero también es un homenaje a esas personas que no salen en los periódicos, pero que marcan generaciones. Es un disco hecho en comunidad, con más de veinticinco personas implicadas. Ha sido un proceso muy artesanal, muy colectivo.
C.J: ¿Cómo ve actualmente la industria musical?
C.H: Creo que hay mucho de industria y poco de música. Internet fue extremadamente democrático al principio, pero ahora dependemos de algoritmos y plataformas que funcionan como nuevas majors. Sin internet sería inviable un proyecto como el mío desde un pueblo de 500 habitantes, pero también es cierto que el sistema se ha vuelto menos libre.

C.J: ¿Qué opina del uso de la inteligencia artificial en la música?
C.H: Las herramientas son herramientas. Cada avance tecnológico cambia el panorama. Seguramente la industria se aprovechará mucho, pero también obligará a los artistas a ser más especiales. Si lo estándar lo pueden hacer las máquinas, tendremos que afilar nuestra creatividad para diferenciarnos.
C.J: ¿En qué se inspira a la hora de crear música?
C.H: He sido melómano toda mi vida, escucho de todo. No tengo un único estilo de referencia. Cada canción es una aventura distinta. A veces surge una melodía, otras un ritmo, otras una idea externa. Me inspira la belleza y la sensación de paz que aparece cuando algo encaja. Cuando una idea me relaja mientras la construyo, sé que voy por buen camino.
C.J: ¿Tiene referentes dentro de la folktrónica?
C.H: Sí, por supuesto. Dentro del panorama actual me parecen muy referentes proyectos como Recelo, Graña o Baiuca. Creo que estamos viviendo un momento en el que la gente vuelve a conectar con lo propio como reacción natural a la globalización.
C.J: ¿Se considera un artista emergente?
C.H: Sí, claro. Emergente es quien está emergiendo, no necesariamente quien es joven. Mucha gente asocia el término a la edad, pero no tiene por qué ser así.
C.J: ¿En qué está trabajando ahora?
C.H: Ahora mismo estoy centrado en el lanzamiento de Cien años de Castora y en una campaña de crowdfunding para financiar parte del proyecto. También gestiono un sello discográfico dedicado a la folktrónica en la Península Ibérica y tengo otros proyectos paralelos, como uno de flamenco electrónico y otro de cumbia electrónica. No paro.
C.J: ¿Qué consejo daría a alguien que está empezando en la música?
C.H: Que busque su voz. Al principio es normal copiar y aprender de otros, pero el objetivo es encontrar tu propio camino. Primero saca al artista que tienes dentro en toda su plenitud, y luego ya pensarás en la industria. A veces aciertas y a veces aprendes, pero forma parte del proceso.
