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5 febrero, 2018 Comentarios (0) Visitas: 744 Arte y Moda

Sorolla, Zurbarán y Goya: los grandes modistos de su tiempo

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Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863-Madrid, 1923) fue “un cronista de la sociedad en la que vivía”, afirma Eloy Martínez de la Pera, comisaria de la exposición Sorolla y la moda, organizada por los museos Thyssen-Bornemisza y Sorolla, que del 13 de febrero al 27 de mayo tendrá lugar simultáneamente en ambas sedes madrileñas. El recorrido -dividido en cuatro bloques, El Sorolla íntimo, El retrato de encargo, El veraneo elegante y El París moderno– ahonda a través de los retratos femeninos ejecutados por el artista entre 1890 y 1920, en la mirada avanzada del pintor, cuyos tejidos, complementos y composiciones -mujeres que miran con seguridad y cuya pose transmite esa confianza- siguen viéndose reflejados en la moda actual.

Comenzó a retratar a la aristocracia con indumentarias que rompían con los cortes clásicos del siglo XIX para abrirse al mundo de la alta costura, que surge en ese momento, en el que diseñadores como Charles Frederick Worth, Paul Poiret, Lanvin o Chéruit empiezan a firmar sus piezas. Clotilde con traje de noche es un ejemplo de cómo sus retratos son auténticas producciones de moda, en donde la pose y las telas cobran especial importancia: plasmó la delicadeza del encaje a través de un vestido negro, una prenda que han trasladado a la actualidad diseñadores como Dolce & Gabanna y Christian Lacroix. Así, el gusto de Sorolla por las siluetas de los nacientes couturiers, la habilidad a la hora de componer y plasmar calidades y colores, han hecho de él un cronista de la moda, aunque no fuera consciente de ello.

  • Clotilde con traje de noche de Sorolla
    Clotilde con traje de noche de Sorolla
  • Vestido de encaje Dolce & Gabanna
    Vestido de encaje Dolce & Gabanna

 

Zurbarán, el primer modisto español 

Pero, el gran maestro en el tratamiento de los tejidos y la originalidad de los trajes retratados fue Zurbarán (1598-1664), convirtiéndose en uno de los primeros modistos españoles. Dejó algunos de los mejores diseños de moda, que han inspirado siglos después a modistos como Cristóbal Balenciaga, que confeccionó, por ejemplo, la capa y el faldón de Santa Isabel cuando lanzó la cola de pavo real en 1959. Esas serie de santas, vestidas como grandes reinas, no serían lo mismo sin los trajes que el pintor ideó para cada una de ellas. Los inventó él mismo, nunca nadie se había vestido así hasta entonces.  Incluso, la textura, la caída y el color salen expresamente de su imaginación. La pintura de la Santa Casilda en el momento del famoso milagro de las rosas es todo un deleite. Un vestido de terciopelo brocado y tafetán de seda rematado con puntos de España y bordado en el bajo con oro, perlas, esmeraldas y rubíes. Como si se tratase de un pomposo vestido de Vera Wang de gran caída como los que ahora diseña esta estadounidense. También han servido de inspiración para diversos diseñadores los cuadros de Velázquez con la línea infanta o los vestidos globo de Goya.

 

 

  • Santa Casilda de Zurbarán
    Santa Casilda de Zurbarán
  • Vestido de Óscar de La Renta
    Vestido de Óscar de La Renta
  • Cola de pavo de Balenciaga
    Cola de pavo de Balenciaga

Goya: retratos que plasmaban el alma 

Además, el pintor de la Maja desnuda, no solo fue considerado un genio respecto a la pintura y el diseño de moda, sino que, además, consiguió retratar a sus protagonistas con el atuendo más definitorio de su personalidad. En el óleo titulado la Condesa de Chinchón capta la melancólica juventud de la modelo poniendo cierto énfasis en el tocado de plumas y espigas de sus rubios cabellos. Es evidente que si Goya (1746-1828) hubiera retratado a la condesa de Chinchón de rojo, o con adornos de ese color, nadie la vería como una joven desvalida y frágil, aspectos de su situación personal que se acentúan por los sutiles tonos del blanco puro del vestido y el azul de sus adornos. Así, logra arrojar información sobre el personaje retratado y su psicología. E incluso, ciertos objetos, indumentarias u adornos también ayudaban a saber qué posición ocupaba en la sociedad, algo que era muy común en la pintura barroca del siglo XVIII. En el lienzo La duquesa de Alba, su vestido blanco acorde a la moda francesa evidencia que es una mujer de posición, así como sus numerosas joyas que demuestran la riqueza que la rodeaba. Bajo sus pies aparece un perro, un elemento que tal vez introdujo el pintor como símbolo de fidelidad con la duquesa. También Velázquez en el retrato a caballo de La reina margarita plasmó dos joyas famosas de los Austrias, la Peregrina –una de las gemas más valiosas y legendarias de la historia de Europa-, y el Estanque -un diamante de 100 quilates-. Emblemas que hacían gala de su poder y que, además, la identificaban con la familia de los Austrias. 

 

 

 

  • La duquesa de Alba de Goya
    La duquesa de Alba de Goya
  • Vestido blanco de Valentino
    Vestido blanco de Valentino

 

Rusiñol y Casas: retratos con sabor a editorial de moda

No obstante, no fueron los únicos, más retratistas españoles se dejaron seducir por la indumentaria y la delicadeza femenina. Un claro ejemplo fue Santiago Rusiñol (1866-1932), un pintor catalán de tendencia modernista. El cuadro Grand Bal, de vibrantes colores y elegantes trazos, tiene ese aire a editorial de moda. Una mujer colocada en la esquina derecha posa para él de frente, con un brazo apoyado en la cintura y con mirada segura. No importa tanto la vestimenta en esta obra, ya que la pincelada es rápida y poco precisa, en general más intimista, pero lo que la hace verdaderamente especial es la composición de la figura en el cuadro, y esa pose desenfadada que resulta tan actual. Ramón Casas (1866-1932) consiguió representar el arquetipo de la belleza y la indumentaria femenina de su época. Pintó a su gran musa, Julia Peraire, como una mujer fatal, flamenca y gran señora. Su torera roja bordaba en negro, esa vestimenta de nuestro folclore, ha vuelto a florecer a través de diseñadores actuales como Jeremy Scott para Moschino y Dries Van Noten. En cambio, los retratos de este artista como Madeleine  parecen emular la fotografía editorial de Helmut Newton, al capturar todo el erotismo de la mujer al beber o fumar en una actitud natural. Para él: “Una buena fotografía de moda debe de parecer cualquier cosa menos una fotografía de moda: un retrato espontáneo, una foto de recuerdo…”.

Todo esto no hace más que reafirmar que en muchas ocasiones la pintura de época se ha convertido en un testimonio visible de cómo se entendía la moda entonces. Una pincelada del pasado a la que muchos modistos y diseñadores se han asomado para traer los retazos del ayer al siglo XIX. 

 

 

  • Julia de Santiago Casas
  • La torera de Moschino
    La torera de Moschino
  • Torera negra de Dries Van Noten
    Torera negra de Dries Van Noten
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