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Saviano coquetea con el sensacionalismo

10 abril, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1159 Letras

El hombre que fue un mal chico

“Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad; responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros”. Lo dijo Sócrates. La Historia demuestra que, desde la era de las cavernas, a todas las sociedades les han asustado sus nuevas generaciones, y que la incomprensión de su rebeldía ha derramado ríos de tinta que, sin embargo, raramente les siguen el rastro una vez se hacen adultas. ¿Qué pasa cuando los jóvenes de ayer dan más miedo que los de hoy? Tras la apacible portada de Un buen chico (Mondadori, 2012), la última novela de Javier Gutiérrez, se esconde una calle de Malasaña que conduce a un pasado, el de Rubén Polo, lleno de recuerdos turbios, excesos y culpabilidad -que no remordimientos-, y con una fecha grabada a fuego: 1997.

En 1998 todo parecía haberse disuelto ya: los ensayos con el grupo de música, la pandilla, las interminables noches de juerga y droga. Polo se marchó con una beca a Estados Unidos y, a la vuelta, se echó novia y se fue a vivir con ella. Pero ahora está tan angustiado que ni siquiera puede hacerle el amor; Madrid es una gran ciudad muy pequeña en la que el pasado siempre vuelve, y en Un buen chico lo hace a golpe de monólogo interior y de la perturbadora prosa de Gutiérrez, que ya ha publicado otras dos novelas.

Javier GutiérrezEl escritor

Un buen chico está lejos del retrato generacional, pero sí se hace algunas preguntas muy interesantes acerca del pasado de los niños bien que hoy están a punto de cumplir cuarenta. Gutiérrez reflexiona sobre el lado más depredador del hombre a través de sus cachorros carnívoros, desmitificando la juventud como edad dorada, y transformando la nostalgia del tópico en la angustia de ser incapaz de recordar al completo ni una sola de las noches de ciertos años (y sospechar lo peor de esas lagunas). En el fondo de su ser, Polo es consciente de que de nada sirve que te escuche el más caro de los psiquiatras cuando tú sabes que no has sido un buen chico. Que los demás se enteren es solo cuestión de tiempo.

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