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22 noviembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1577 Letras

«¿Pero qué coño estás haciendo?»

Esa es la pregunta que tantas veces le deben de haber hecho al escocés David Shrigley y el título con el que ahora publica su antología en España (Editorial Blackie Books, 2011). Una extravagante tormenta de ideas llevadas al papel mediante trazos infantiles y un sentido del humor que oscila entre el puro disparate y el nihilismo más deprimente. Fotografías, dibujos e incluso hojas arrancadas de los cuadernos del artista, que muestran al ser humano como un ente apático y, la mayoría de las veces, bobo.

 

Aún así, es divertido. Porque, como dice el canario Miguel Noguera, uno de los artífices en España de eso que han decidido llamar poshumorismo, Shrigley consigue “hacer algo grande de la nada”. En ese afán por perseguir la simplicidad, el artista extrae de lo obvio conclusiones de lo más reveladoras, y ya ha logrado captar la atención de gente como el músico Jason Mraz, que tomó uno de sus dibujos como portada y título de su álbum, “We sing, we dance, we steal things” (Cantamos, bailamos, robamos cosas). Jason Mraz

“¿Qué nos depara el futuro? Artritis”, reza una de sus viñetas. En otra de ellas, un avión bombardea una ciudad mientras sus ocupantes mantienen la siguiente conversación:

–          Esto me da mucha pena

–          Tranquilo, no pasa nada

Conforman el universo de Shrigley gatos disecados que se declaran muertos, pájaros que se sienten viejos, un dios al que un niño le pide que vaya a buscarlo en avión al colegio “para probar su existencia” y numerosos grupos de gente que, en exposiciones y museos, se reúne en torno a verdaderas birrias para calificarlas de obras de arte. Algo que quizás constituya un guiño al modus operandi del propio Shrigley, quien más de una vez ha confesado que realiza una media de entre 30 y 50 dibujos diarios, cifra que no extrañará a los detractores de su estilo… ¿chapucero?

Balloon

El caso es que el escocés logra que, al cerrar la última página de “¿Pero qué coño estás haciendo” nos sintamos por un momento como uno de sus destartalados monigotes y nos preguntemos qué coño estamos haciendo con nuestra vida. Que lo hagamos entre lágrimas, risa o rabia ya depende de cada uno de nosotros.

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