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17 enero, 2021 Comentarios (0) Visitas: 178 Cine y Televisión

Dios aprieta, Dea ahoga

DEA KULUMBEGASHVILI ESTRENA EN MADRID BEGINNING TRAS ARRASAR EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2020

Alfred Hitchcock. Sidney Lumet. Francis Ford Coppola. Los hermanos Coen. Bong Joon-ho. Todos ellos ganaron la Concha de Plata a mejor dirección pero no la de Oro a mejor película. Un hito que solo ha conseguido la cineasta georgiana Dea Kulumbegashvili. Junto a los de guión y actriz, Beginning es el largometraje más premiado en la historia del festival de San Sebastián. Es su primera película.

Perfil a Dea Kulumbegashvili
La directora Dea Kulumbegashvili, en la rueda de prensa del pasado Festival de San Sebastián 

Diciembre de 2020. Una muchedumbre se arremolina ante la entrada de los cines Golem en Martín de los Heros, la mítica calle del cine de Madrid. Están a punto de ser los primeros espectadores en ver Beginning, la gran ganadora del Festival de San Sebastián 2020, a una semana de su estreno en salas comerciales. En su presentación telemática, el director del festival, José Luis Rebordinos, advierte al público: “Esta no es una película fácil de ver. Tuvimos la valentía de premiarla con todo porque creíamos que así lo merecía, pero estoy seguro de que va a dividir”.

Y tras dos horas de aparente calma interrumpidas por un atentado a una comunidad de Testigos de Jehová, una violación verbal y otra explícita, un sacrificio y un acto divino, Beginning concluye dejando una gran pregunta en el aire: ¿Qué clase de mente puede ser capaz de hacer algo tan bello que a su vez entraña algo tan horrendo? 

La persona que se “esconde” tras la película no es otra que Dea Kulumbegashvili (Georgia, 1986), pero como es costumbre por respeto en su país llamar a la gente por el nombre de pila y no por el apellido ―lo cual se agradece dada su complejidad―, nos referiremos a ella como Dea. Aunque nació en la localidad rusa de Oriol, Dea se crió en un pequeño pueblo de Georgia, Lagodekhi, a las orillas del Gran Cáucaso, la mayor cordillera de los Montes del Cáucaso que también recorre Armenia y Azerbaiyán. Un pueblo en lo más bajo de lo más alto, con apenas 5.000 habitantes, en medio de las montañas pero también del conflicto, tanto externo como interno: “Yo crecí en este pueblo que aparece en la película, y toda la belleza natural alrededor de él tuvo una gran influencia en mí. Especialmente las montañas, como niña pensaba que no había nada más allá de ellas y cuando crecí pensé en qué quedaba detrás de los montes”.

Y así fue. Cuando creció, Dea abandonó las montañas y marchó a conocer qué había más allá de ellas. Como le sucedía al protagonista de Big Fish, la joven era un pez en crecimiento en un estanque pequeño, y por eso fue a parar al mayor de los océanos: Nueva York. Allí cursó primero Estudios de Medios en The New School, para terminar estudiando dirección cinematográfica en la Universidad de Columbia. Su primer cortometraje, Invisible Spaces, fue nada menos que nominado a la Palma de Oro en 2014. En 2016 realizó su segundo cortometraje (Lethe), que también estuvo en Cannes ―esta vez en la Quincena de realizadores― y en el que de nuevo coincidió con Rati Oneli, otro cineasta georgiano con el que colaboraría en su primera película.

No deja de ser irónico que la primera película de Dea se llame Beginning, porque es un título que encierra un doble sentido. Tras dos cortometrajes y un nombre por hacerse en la industria, Dea podía haber permanecido en Estados Unidos, pero decidió regresar a su pueblo, a Georgia, y empezar su carrera bajo las montañas que le habían visto crecer. “No estaba contenta con el título inicial, lo sentía como de otra película diferente. Y de repente un día pensé en este pasaje de la Biblia que dice ‘en el principio solo había una palabra, y esa palabra era Dios’”. Ése, y no otro, tenía que ser el principio de Dea Kulumbegashvili.

“Quería escribir la historia de la mujer que en la narrativa tradicional siempre está en un segundo plano. La vida de esta mujer me era familiar porque suponía volver a mi pueblo natal, plasmando esos valores y esa forma de educar”, explica Dea al hablar de la idea inicial de la película y del personaje protagonista, Yana. Pero Yana no es una mujer cualquiera. Cuando volvió a su pueblo, el padre de Dea le habló de lo mucho que estaba creciendo la comunidad de testigos de Jehová, de la que participaba algún miembro de la familia y que también estaban sufriendo ciertas presiones. Es ahí donde la cineasta empezó a vislumbrar la película. “Quería explorar la dinámica del poder y de la cadena de mando. En Beginning hay opresión hacia los testigos de Jehová pero también dentro de la propia comunidad, en especial sobre las mujeres”.

La mirada de Dea

Con esos ingredientes, y rodeada de un equipo nada desdeñable para tratarse de su primer largometraje ―incluyendo al propio Rati Oneli, pero también al montador de El hijo de Saúl y al compositor de Dheepan, Oscar a la mejor película de habla no inglesa y Palma de Oro en Cannes respectivamente―, a Dea solo le faltaba el enfoque que quería dar, la mirada. Beginning no es en absoluto el tipo de cinta de corte social que se podría aproximar de manera sentimental o lacrimógena al tema, pero tampoco se trata de una visión objetiva o documental de los hechos. La misma forma de rodar invita a pensar en una mirada muy externa en algunos casos e interventora en otros. Una especie de mirada de Dios.

Beginning, de Dea Kulumbegashvili
Beginning arranca con un largo plano secuencia en torno al atentado sobre una congregación de Testigos de Jehová

“Si coloco la cámara tan alejada y sin que haya cortes es precisamente por esto, porque el universo es indiferente, y podemos llamarlo Dios o de otra manera, pero la realidad es que la naturaleza a nuestro alrededor es violenta e indiferente”. Se le puede llamar Dios o se puede llamar Dea, que al final es quien decide donde se pone la cámara y quien parece tener el control total sobre lo que le ocurre a sus personajes, los que ella misma ha escrito y dado vida. Lo que está claro es que en Beginning es la fe ―la de los testigos de Jehová y la de los fundamentalistas que atentan― la que origina el conflicto, la fe de la protagonista la que hace que se muestre impasible ante los hechos que sufre, y la fe ―la de su directora― la que convierte la parábola de Abraham e Isaac en algo mucho más complejo y a la vez ilustrativo del proceso de liberación que vive la mujer actualmente. Aunque por ello tenga que pasar por una larga penitencia.

“No creo que mi película sea cruel con los personajes, porque siempre trato de pensar en cuánto me acercaría al personaje si yo estuviera allí de verdad”, se defiende Dea, aunque su película parezca decir lo contrario. En Beginning hay un aprisionamiento y paulatina asfixia de la protagonista hasta llevar a cometer actos que escapan de toda moral y lo que es peor, ponen en un dilema ético al propio espectador. “Mediante el dolor que sufre esta mujer trataba de conectar con la experiencia individual de cada espectador. Pensé que si podía llevar al espectador a través de este sufrimiento con éxito, entonces ese dolor sería una experiencia emancipatoria”, termina admitiendo la cineasta. En la vida real Dios aprieta a la gente de Georgia, en el cine de Dea directamente ahoga hasta llevarlos al límite. 

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