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EJERCICIOS AMOROSOS Y CULINARIOS

Medios rostros de Jacob, Bella y Edward con color de ojos diferentes

BODA PRIMAVERAL EN LOS BALCONES DEL TEATRO REAL

30 mayo, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1210 Escena

PEGADOS A LA BUTACA

Mi madre me contó que cuando yo era pequeña me llevó una vez al hospital con miedo a que muriese asfixiada por un incesante ataque de tos. Había allí una enfermera que, sin contemplación ni miramientos, lanzó una mirada asesina a mi pobre y angustiada madre y le dijo: “No se preocupe tanto señora, que si la niña se muere; se muere. Ya tendrá usted otra”. Durante años he buscado a esa enfermera en hospitales y centros de salud basándome en una imagen mental construida sobre la sólida base del rencor. El otro día la encontré en el Teatro Alfil.

Por supuesto no era una sanitaria real, tan sólo representaba un papel; el de la típica enfermera borde a la que todos maldeciríamos en una consulta, pero que sobre las tablas de un escenario nos provoca las más desternillantes carcajadas. Y es que Gema Martínez encarna a la perfección el papel protagonista del musical Pegados, en el que, haciendo honor a su título, una joven pareja se queda unida durante el coito sin poder separarse.

El argumento en sí despierta la risas y la curiosidad; tal vez incluso el escepticismo. “Una obra con un argumento así tiene que ser mala”, reconozco que pensé antes de acudir al teatro. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Música genial, buenas voces, ritmo pegadizo, rimas ingeniosas, letras divertidas y situaciones irrisoriamente cotidianas hacen a este espectáculo más que merecedor del Premio Max al mejor teatro musical en 2011 y de tres premios Butaca en 2010.

Un pianista que busca a Wally, una polifacética enfermera que se transforma en madres y dos amantes avergonzados y furiosos componen un elenco que despierta una de las ovaciones más largas presenciadas por una servidora. A la salida del teatro volví a evocar a esa enfermera de mi infancia cuyo comentario hirió los sentimientos de mi madre. Llegué a la conclusión de que si se lo hubiera dicho cantando la ofensa no habría sido tan grande. Y es que a veces el humor es el mejor remedio para cambiar la preocupación por una sonrisa.

 

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