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24 enero, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1923 Cine y Televisión

Nymphomaniac: Ensayo oral sobre la sexualidad, Volumen 2

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Un mes han tenido que esperar los que acudieron a ver el primer volumen de la polémica Nymphomaniac de Lars Von Trier para ver el segundo. Aunque conviene recordar de nuevo que ésta no es una segunda parte al uso, sino una sola cinta dividida en dos mitades. Y por si algunos todavía dudan de esto, no hay ninguna escena ni imagen a modo de explicación, resumen o introducción. Donde se quedó la anterior, empieza esta. Esperemos al menos que los que no podamos estar en el Festival de Cine de Berlín, podamos ver al fin la edición completa en su distribución en Blu-Ray y DVD.

Al margen de esta aclaración, continuemos el relato oral sobre la sexualidad de la protagonista donde ella misma lo dejó. Ahora, y después de reencontrarse con Jerôme, su primer amor, Joe vive una vida familiar y monógama junto a él y su hijo pequeño. Algo que no podrá aguantar durante mucho tiempo, cuando es el propio marido, con lágrimas en los ojos, quien le pide que busque amantes que puedan satisfacerla como él no puede. Es aquí donde la historia se recrudece y muestra su parte más oscura.

Y es que si en el principio del relato la protagonista exploraba su sexualidad desde su más tierna juventud, en la edad adulta, y después de pasar una temporada fiel al mismo hombre, su necesidad le hace ir mucho más allá. Es en este punto donde se suceden una serie de prácticas masoquistas que se representan en escenas duras y tremendamente explícitas de dolor, sangre y dominación. Prácticas que trastornan toda la vida de Joe y que nos conducen hacia el punto culmen del relato, cuando llega la terapia, el síndrome de abstinencia y un negocio algo turbio que le lleva a conocer a T, su primera amante femenina.

Quizás lo que más caracterice a la continuación de la historia frente a su principio sea la disminución de las imágenes de archivo. Aquí la experimentalidad se reduce y las intervenciones de la enciclopedia humana que es Stellan Skårsgard se vuelven más claras, aunque la constante dialéctica entre ambos resulte más que tediosa en múltiples momentos. A cambio, la cinta gana en “espiritualidad” y sarcasmo religioso, contemplando incluso el primer orgasmo como aquella levitación que sintiera Santa Teresa de Jesús en sus poemas, figuras bíblicas incluidas.

Pero cuando vemos el final y hacemos balance del metraje completo (o al menos el que nos han dejado ver), descubrimos que lo más importante de Nymphomaniac es el poso reflexivo que se va dejando en el relato a través de preguntas implícitas que se le van planteando al espectador. ¿La ninfomanía como enfermedad, adicción u opción sexual?, ¿Influye en nuestra forma de juzgar los actos sexuales el hecho de que sea una mujer quien los practica y no un hombre? Sea como fuere, lo que es cierto es que, si ya en el primer volumen percibíamos las graves consecuencias de los actos de Joe, en este segundo, retratados sobre todo en la figura del niño, nos duelen, nos escandalizan e incluso nos ponen un poco de mal cuerpo. Sin embargo, no es la voluntad de Lars Von Trier ajusticiar a Joe, motivo por el cual plantea este ensayo sobre la ninfomanía de forma abierta y libre, dejando que sea el público quien decida si condenar o no estas actitudes. Al fin y al cabo, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

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