Hablamos con el director de Semillas de Kivu —un cortometraje documental que trata las violaciones en el Congo como arma de guerra— ganador del Goya a mejor cortometraje documental en 2025, habla sobre cineasta y su obra
Cultura Joven: Su primer trabajo en el mundo del cine fue como guionista con 17 años, ¿cómo se dio esa oportunidad?
Néstor López: Bueno, yo envié una prueba para Paramount Comedy y les gustó. Tuve que esperar tres meses para cumplir los dieciocho y tener un primer contrato con ellos. Yo estuve cuatro años escribiendo sketches de comedia, stand up comedy o reflexiones de comedia. Me pagaban por texto que salía adelante, no tenía un sueldo fijo. Eso [el trabajo] fue lo que me hizo venir a Madrid. Llegó un momento en que podía seguir de guionista porque empecé a crecer, pero yo lo que quería era hacer cine.
CJ: ¿Siempre le ha gustado el cine?
NL: Sí, yo siempre quise hacer cine, el problema es que yo soy de León, León es una ciudad chiquitilla. No hay industria del cine, no hay gente que haga cine de manera seria y profesional. Ahora empieza a haber un poquito más, pero en su momento… Te estoy hablando del año 2010, 2011. Pero yo no tenía referentes porque no tenía gente cercana que viviera de otra cosa que no fuera un bar o un funcionariado. Nunca creí que se pudiera vivir del cine, lo enfocaba como: “Bueno trabajaré de lo que sea y mi hobby será ver cine, hablar de cine y hacer cine”. Fue cuando me mudé a Madrid que dije: “Igual esto sí es posible”.
CJ: Pocos años después de llegar a Madrid se muda a la República Democrática del Congo, ¿por qué empieza a trabajar allí?
NL: El cineasta tiene que encontrar aquella historia que está oculta, aquella historia que la gente no conoce. Eso estaba dentro de mi ADN, de mi formación como cineasta y del cine que yo quería hacer. Estaba preocupado por encontrar historias en lugares. Empecé a buscar historias en varios sitios y me empezaron a interesar mucho aquellos lugares oscuros, donde la gente no se quiere meter y, surgen las zonas de conflicto. En ese momento conseguimos que una televisión nos encargara [a su productora, Filmakers Monkeys] el desarrollo de una serie documental que transcurría en varias zonas de conflicto en el Congo, un país que tiene fama, injusta, pero la tiene, de estar continuamente en problemas. Conocí el Congo muy rápido, y tiene una cosa que es que, cuando lo conoces, te engancha y no te suelta.

CJ: Semillas de Kivu sucede completamente en el Congo, ¿qué fue lo más complicado de llevar a cabo en este proyecto?
NL: Semillas de Kivu ha sido un infierno entero. El guión fue lo más disfrutable, pero, aún así, fue difícil porque la investigación llega hasta donde llega Internet. Luego, la financiación fue una locura porque es una obra en la que no se habla español, donde no hay gente española y que no transcurre en España, entonces las financiaciones desde España no querían entrar, nos costó mucho tiempo. Y luego, el rodaje… nos hemos jugado un poco el tipo porque atravesar zonas controladas por la guerrilla, que te apunten con AK47, el tema idiomático, negociar y tener que pagar a gente para que te… muy complicado.
CJ: ¿Y cómo convence al equipo de rodar?
NL: Aquí estábamos todos a muerte, esa parte no nos costó.
CJ: En relación a las entrevistas en el documental, ser un hombre blanco preguntándole a una mujer negra por el hecho de haber sido violada, ¿cómo lo recibían ellas?
NL: Aquí nos sorprenderíamos si viéramos la concepción que se tiene de esto en otros lugares. No hubo una barrera por parte de ellas por ser hombre ni por ser blanco. Jamás la hubo. De hecho, para ellas era más fácil contárselo a un hombre que a una mujer. Entiendo que por vergüenza. Ten en cuenta que el patriarcado está muy arraigado en ciertos lugares como, por ejemplo, en Kivu. Es una sociedad consumida por la idea patriarcal, las mujeres se ven más seguras al lado de un hombre que de una mujer. Así, a grandes rasgos. De hecho, en algún momento que había una mujer delante nos pidieron que se fuera. Pero sí que teníamos esa duda.
CJ: Una parte central del cortometraje es el Hospital de Panzi, dedicado solo a víctimas de violencia sexual. La atención es gratuita para las pacientes, ¿cómo se subvenciona ese hospital?
NL: El hospital de Panzi se fundó en el año 1999 y está soportado por la Fundación Panzi, que tiene sede en el Congo, pero también en Washington y en Bruselas. Es una fundación cuyo objetivo principal es la visibilización de este conflicto y ganar fondos para sostener la lucha del Hospital de Panzi. Las donaciones privadas son lo que sostienen la asociación. Ganar el Nobel de la Paz [Denis Mukwege, director del hospital, ganó el Nobel en 2018] sirve para que tenga mayor visibilidad y mayor financiación. De hecho, una de las principales financiadoras de Panzi es Angelina Jolie, también George Clooney y Emma Watson. Pero puede donar cualquier persona.

CJ: Siguiendo la historia de Semillas de Kivu, tiene un proyecto de largometraje, ¿en qué fase están?
NL: Pues rodamos este año, en 2026.
CJ: Puede parecer una realidad lejana lo que sucede en Kivu, pero en la industria del cine mismo, se están destapando muchas situaciones de abuso sexual, ¿qué opina de este tema tan polémico?
NL: Bueno, tiene todo el sentido porque el mundo del cine es un mundo de poder y el poder va muy asociado al abuso sexual. Abuso sexual, por desgracia, existe en todas las ramas, pero en el cine es normal que sea más notable. Primero porque no hay un camino marcado. Tú te puedes formar y hacer todos los másteres que quieras, que puedes no dedicarte a esto en la vida o puedes no estudiar nada y ser el mejor. Entonces, como no hay un camino marcado, eso genera desesperación en la gente y cuando la gente está desesperada es más fácil acabar en el papel de víctima, porque es más fácil que alguien se aproveche. Los roles de poder están muy claros en el cine y eso es un caldo de cultivo para los abusos.
CJ: Mencionó al principio que en sus comienzos no tenía referentes cercanos para hacer cine, ¿cuáles son ahora?
NL: Yo hago cine por mi abuela. A mi abuela le faltaba una pierna por la diabetes, entonces veía mucho cine; era muy cinéfila porque no podía moverse. Su manera de viajar era viendo películas y yo las veía con ella. Entonces, yo hago cine por mi abuela, porque igual otra abuela, que no puede moverse, puede viajar con mis películas. Mi madre también es una referente porque ha hecho cosas que no quería hacer por salir adelante.
