‘Movistar Anela’ o el hechizo de Belén Aguilera en Madrid

Belén Aguilera cantando en un Movistar Arena lleno de fans
Belén Aguilera cantando en un Movistar Arena completamente rodeado de fans.

La cantante da un concierto inolvidable en Madrid y presenta una colaboración inesperada

La noche del domingo la magia de Belén Aguilera inundó el Movistar Arena durante un concierto que se quedará durante mucho tiempo en la memoria de los fans. Hace un mes, coincidiendo con la fecha de su cumpleaños, presentó Anela. Ahora, los fans esperan el remix oficial de una de sus canciones con una artista tan diferente como lo es Metrika.

Su tercer álbum habla de desamor, salud mental y de construir una versión de sí misma más fuerte. El domingo 12 de octubre 15.000 fans se vieron envueltos en el inspirador mundo que imagina la catalana con una combinación de música, danza y visuales de ensueño.

El concierto empezó con Ático, la segunda pista del álbum, que habla de las imperfecciones y partes oscuras del ser humano que se ocultan por miedo. Con «otra noche en el ático» la cantante se refiere al hecho de meterse en su propia cabeza y darle vueltas a «su otra mitad». A pesar de lo enigmático del tema, arrancó con ritmo y los fans que estaban sentados en las gradas se levantaron de un salto para bailar.

La siguiente fue la ya consolidada Como en un drama italiano. El público vio a una Aguilera gigantesca en blanco y negro duplicada en la pantalla acompañada de una violinista. Esto le dio el toque trágico que necesitaba un tema sobre un amor pasajero al que se le tiene demasiada fe.

La cantante entró en el escenario con una vaporosa túnica blanca, pero en cuanto la canción hizo la transición a Eclipse se deshizo del exceso de telas para quedarse con un conjunto más etéreo.

Aguilera interpretando Como en un drama italiano // Marta Abal

Aguilera se sentó al piano y, en ese momento, entró el conjunto de bailarinas, rodeándola en el suelo. Tras interpretar Eclipse todas se unieron en la pasarela para bailar al ritmo de Copiloto, y para este momento ya se escuchaba más al público que la voz de Aguilera.

Escenas con duende

Continuó en solitario con otro track de Anela, arrastrándose dramáticamente por el escenario como si fuera una Dama en apuros —aunque no lo es—. A sus espaldas, detrás de los telones del decorado, se ocultaba la intérprete del violonchelo. Para otras canciones también acompañó una batería. Los instrumentos tradicionales crearon una atmósfera llena de sentimiento, incluso feérica.

Hubo mucha expectación en redes por las posibles invitadas a esta velada. Aguilera cumplió expectativas al traerse a Samuraï para cantar juntas el sencillo De charco en charco y a Julieta para Thelma y Louise. Tras declarar que «el amor no está en París», Aguilera se tapó la cicatriz con La tirita, pero no apareció Lola Índigo en el escenario.

Después cantó Dramático, vaticinando que el público lloraría con este espectáculo. No obstante, antes de las lágrimas llegaron los gritos: el mar de cabezas sacudió la pista con la DJ Ruptura, que hizo una introducción monstruosa de Licántropo con el Thriller de Michael Jackson.

Tras un descanso cantó Soledad con un vestido estilo novia mágico, perfecto para unos gorjeos de princesa Disney. Esto fue un preludio muy oportuno para entonar Como una ola, lo que sorprendió sobremanera a un público encantado que durante unos segundos se quedó sin habla.

Emociones y ritmo

Al terminar esa escena, la intérprete de cuerda hizo una introducción durísima para Mutante. Aguilera cantó ejecutando una amarga coreografía en pareja con un bailarín, mientras las demás chicas les rodeaban con una danza vigilante.

Al final, la catalana terminó muerta en el escenario. Una chica en las gradas preguntó «Belén, ¿estás bien?». En respuesta, ella volvió a Nacer para morir, que paradójicamente es la primera pista de Anela.

Aguilera explicó que estaban allí sus abuelos, y que era la primera vez que la iban a ver. Terminó ese pequeño discurso introduciendo una de sus canciones míticas, Mía, y dedicándosela a «todas a esas partes de vosotros que no os gustan pero que aún así son vuestras».

Después de esto, tal y como dijo una joven entre el público, tocó secarse las lágrimas y bailar, porque volvió a sonar Dama en apuros con un nuevo giro tecno.

De repente se empezó a escuchar una voz diferente de la de Aguilera, más electrónica, y le siguieron los berridos del público cuando apareció su dueña en la tarima. Nadie se esperaba ver a Metrika con sus botas de pelo, marcándose unos versos nuevos para esta canción, pero fue más que bienvenida.

Aguilera cantó Bruja, también de Anela, arrastrándose por el suelo con las bailarinas. Juntas crearon una escena evocadora, como si fuera el ritual de unas hechiceras de la antigua Grecia. Alargó un poco más esta imagen magnética cantando su mashup de Vértigo e Hijo de la luna, consiguiendo que todo el público cantase con ella.

La velada terminó con Laberinto, el sencillo más representativo de Anela. Los instrumentos de cuerda hicieron una transición terrorífica e incluso se entremezcló con El fantasma de la ópera, mientras los bailarines interpretaban una coreografía vertiginosa que le dio un final épico al proclamado «Movistar Anela».

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