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20 diciembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1169 Letras

Lurie también sabe hacer Perros de Paja

A veces no está de más rebelarse contra la opinión de las firmas de los grandes medios. Y hoy toca hacerlo en defensa del remake de Perros de Paja (Straw Dogs) que, aunque quizás no supere a la original de 1971, refleja con violenta diversión lo que pasa cuando a uno le tocan demasiado sus partes bajas. Una adaptación en la que Rod Lurie juega hábilmente con el misterio, para cazar al espectador en una historia de suspense basada en la novela The siege of Trencher’s farm de Gordon Williams.

 La trama retrata la vida de David Sumner (James Marsden) y su mujer Amy (Kate Bosworth) cuando estos se mudan temporalmente al pueblo natal de la chica. Inmersos en ese ambiente bucólico, lo que parecía que iba a ser una estancia demasiado tranquila para los dos cosmopolitas, pronto se convierte en una sucesión de incómodos y extraños acontecimientos que acaban con un apoteósico estruendo final. Un relato en el hay que aplaudir la acertada descripción de la psique de los personajes, sobre todo la del remilgado protagonista, cuya transformación mental es deleitable: le dan ganas a una de seguir sus pasos y hacerse escuchar (en una escala moralmente realista, por supuesto).Fotograma de la película Perros de Paja (2011)

Además, el director encaja con astucia las decenas de engranajes que componen su aparato cinematográfico. El ritmo in crescendo, la explícita metáfora de la caza en la escena de la violación o la fusión de músicas para mostrar cómo se mezclan dos ambientes (urbano vs. rural) son algunos de los elementos que, a pesar de no ser sumamente originales, dan una agilidad visual al filme, que tan sólo se ve interrumpida por el molesto ordenador Vaio del personaje principal. Uno de esos emplacement publicitarios que nos recuerda que no estamos en los relatos setenteros donde las tácticas de marketing no eran más agresivas que las propias cintas.

El periodista Yago García escribe en On Madrid (suplemento de El País) que es de “mal gusto mencionar el filme original” porque “la nueva película tiene derecho” a ser valorada sin “raseros condicionados”. Al final, como es lógico en todo experto de amplio bagaje cinéfilo, cae en la crítica comparativa (y bien hecha) de las dos versiones. En esta, mi corta experiencia ante la gran pantalla me limita a un mero análisis de lo que he visto, pero con una argumentación (modestia aparte) que justifica la oportuna adaptación de Lurie. Y es que, no está de más, disfrutar de vez en cuando de un rincón exento de odiosas comparaciones.

 

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Imágenes de La Butaca.net.

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