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31 enero, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1484 Cine y Televisión

Los grises de «La gran estafa americana»


«La vida no es blanco o negro. Es extremadamente gris»

Hoy, viernes 31 de enero, se estrena en nuestros cines, una de las películas más esperadas de esta temporada, La gran estafa americana, de David O. Russell. El director, que ya arrasó el año pasado con El lado bueno bueno de las cosas, ha recibido 10 nominaciones a los Óscar y tres premios en los recientes Globos de Oro, incluyendo «Mejor película».

La cinta, con guión del propio Russell en colaboración con Eric Singer (The International), está basada – y así lo dice nada más empezar: «Algo de esto realmente sucedió» – en la operación ABSCAM, que llevó a cabo el FBI durante los últimos años de los 70 y los inicios de los 80 en Estados Unidos, y que supuso el procesamiento de varios congresistas y políticos americanos.

La gran estafa americana, pese a excederse en la duración (casi dos horas y media), para lo que da de sí la historia, consigue mantener alerta al espectador con momentos de intriga, que le hacen ansiar respuestas a conversaciones que se quedan en el aire, e instantes de suspense, con situaciones en las que parece que la historia va a dar un vuelco total.

Si algo no pasa desapercibido en esta producción es el reparto, un grupo de actores escogido minuciosamente y que se sienten familiarizados con el trabajo del director al haber participado en películas anteriores, como es el caso de Christian Bale en The Figher (2010) o Bradley Cooper y Jennifer Lawrence en El lado bueno de las cosas. Dicha familiaridad entre los actores y con el director aporta naturalidad a la película, que ya ha sido premiada por el Sindicato de Autores con el «Premio al mejor reparto».

reparto
Destaca también la caracterización y vestuario de los personajes, rulos en la cabeza, laca y trajes ochenteros al ritmo de una bien escogida banda sonora, aspectos que nos trasladan a la realidad americana de los años 80.

Pero La gran estafa americana no solo muestra la fachada de sus personajes sino también su lado más íntimo y escondido, esa parte de la que escapan para encontrarse en otras vidas, reconocido en todo momento ya que, según cita Christian Bale en la piel de Irving Rosenfield, «todos engañamos para sobrevivir».

Y así nos encontramos con un Irving Rosenfield (Christian Bale) que encarna a un estafador impecable que parece no importarle más que el dinero y que ciuda a diario su apariencia colocándose delicadamente un peluquín, pero que demuestra un amor y protección incondicional por su hijo, a la vez que flaqueza en los momentos de mayor soledad.

Irving se asocia con la que podría ser su versión en femenino, la aparentemente británica Sidney Prosser (Amy Adams), una mujer astuta que se convierte en experta en el juego de la seducción. Sidney tiene claro lo que quiere conseguir y emplea todas sus armas, combinando la dulzura con unos escotes de escándalo, pero incluso ella llega a sentir flaqueza ante las falsas promesas del que, además de socio, es su amante.

peluquin

Sus negocios turbios se truncan al aparecer en escena Richie DiMaso (Bradley Cooper), un ambicioso agente del FBI que desea con todas sus ansias un caso que le facilite un ascenso considerable. Un personaje inocente, que duda de él mismo y que participa nuevamente del autoengaño y las falsas apariencias, que crece con el transcurso de la historia y es claro ejemplo de la cita de Irving «La gente cree lo que quiere creer. Así es como funciona el mundo».

Pillados por el agente Richie, Irving y Sidney recurrirán a Carmine Polito (Jeremy Renner), un político corrupto que justifica sus acciones con el compromiso que siente con sus conciudadanos. Un personaje que suscita la simpatía del espectador, consciente del lío en que le están embaucando.

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Jennifer Lawrence, en el papel de Rosalyn, la esposa de Irving, una mujer descarada y psicótica, brilla durante toda la película, consiguiendo captar la atención y convertirse en una pieza fundamental de la historia, pese a no formar parte de la trama central.

Personajes insatisfechos consigo mismos, preocupados por las apariencias, por el deseo de ser reconocidos y respetados. Una historia plagada de mentiras, engaños, y traición, donde no faltan escenas que les devuelven de golpe a la realidad y les demuestran que tanto el poder como el amor pueden ser efímeros como un suspiro.

De este modo plasman, los personajes de La gran estafa americana, el fracaso del Sueño Americano, donde si no te sientes feliz con lo que eres, o la gente cree que eres, has de luchar por convertirte en quien tú quieras ser.

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Pese al «color blanco» que aporta la clara definición y evolución de los personajes a lo largo de la película, y el aumento de tensión a medida que avanza la trama, el final aporta el «color negro», resultando un tanto previsible. Diez nominaciones a los Óscar para una película entretenida pero carente de novedad, que veremos cómo se resuelven en la gala del próximo 2 de marzo. Y es que La gran estafa americana, como la vida, es extremadamente gris.

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