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VUELVE LA LEY SECA

BIUTIFUL

15 diciembre, 2010 Comentarios (0) Visitas: 3600 Cine y Televisión

LA VENGANZA ES UN PLATO QUE SE SIRVE MUY FRÍO

«Retaliation«: -1. Palabra más repetida en la serie americana de televisión Sons of Anarchy, Hijos de la Anarquía (se recomienda, más bien, se exige que se cate en versión original); -2. Una de las tramas principales de dicha serie; -3. Protagonista indiscutible del último capítulo de la tercera temporada, emitido el 30 de noviembre en Estados Unidos y tres días después en ciertas webs en España.

Y hay mucho más… Piel y tinta. Cuero y armas de fuego. Old Ladies, Presidentes y Vicepresidentes. Harley Davidson Dynas y gafas opacas de pasta. Chalecos de piel y escudos de clubs. Charming y América. El IRA e Irlanda. Industria pornográfica y tráfico de armas. Policías corruptos y agentes de la ATF. Venganza y comidas familiares. Carreteras infinitas y desiertos. Lealtad y asesinatos a sangre fría. Jax Teller y Clay Morrow. Abel y… ¿Caín? No. Abel y Jimmy O.

Sons of Anarchy es un club de moteros que recorren las carreteras de Charming (California) y sus alrededores, traficando con armas con la ayuda de amenazas y de policías un tanto comprables. Todo ello a cambio de tener un Charming limpio de tráfico de drogas y de otros clubs como los Mayans. Pero esto sería un resumen tan reducido de lo que este clan supone…

Espalda de Jax Teller, Sons of Anarchy

Los Hijos de la Anarquía son Clay Morrow (el Presidente), Jax Teller (su hijastro y Vicepresidente), Tig, Opie, Chibs, Piney, Juice… pero también son Gemma (madre de Jax y mujer de Clay, que seguramente recordéis de esa desternillante sitcom, Matrimonio con Hijos) y Tara (novia de Jax). Alrededor de estos, policías comprados como Unser, agentes de la ATF con malas pulgas como Stahl, rivales potenciales como uno de los miembros del IRA, Jimmy O… y tantos enemigos, que no hay millas americanas recorridas por estas Dynas que sean suficientes para dar un número exacto.

Todos estos títeres se mueven bajo las órdenes de su creador, Kurt Sutter, quien ha dirigido el último capítulo de la tercera temporada: esa bella obra de arte (más cinematográfica que televisiva) de una hora de duración y que consigue que el espectador no se mueva del sillón y deje las uñas marcadas en el reposabrazos.

No nos engañemos. No todos los capítulos de SoA han sido una gustosa ración de sangre, tensión sexual, acción y demás bombas de relojería. Los asiduos al show de cuero, hemos aguantado altibajos de guión que bien se merecían un premio (como éste) e incluso a personajes mal perfilados como Stahl, a quien odiamos todos, sí. Pero que acaba pareciendo una parodia de ella misma con este papel de zorra maligna tan exagerado.

Los trece capítulos de la última temporada dieron para muchas tramas principales y secundarias que acabaron estrellándose en este NS (letras que hacen referencia a uno de los anillos que Jax deja en la tumba de su padre, fundador del club, y que completan el otro anillo con las letras “SO”). Justamente el título ya predice qué es lo que obtendremos: la clausura de todos los enredos que han ido acumulando tensión en los hombros de los fans de SoA.

Anillos de Jax Teller con las letras

Cadáveres y bolsas de plástico, amistades aparentes que acaban en asesinatos, pactos mediante dólares falsos con rusos sin escrúpulos, autobuses de colegio que sirven como tapadera para… todo para esa famosa palabra, “represalia”. Esa venganza que hace que Jax Teller y Clay Morrow se conviertan en una especie de Tonny Soprano americano, pero aquí, en vez de comer espaguetis, se hacen brunchs para despedir a esos hombres a quienes quizás Tara y Gemma no vuelvan a ver.

Dejo todo en el aire, dando pinceladas de traición, represalias, amores y odios. Sons of Anarchy no es una serie que se pueda contar. Es una serie que se debe de disfrutar paso a paso para comprender el por qué de un club como éste. El por qué de tanta sangre y del esqueleto de la muerte en los chalecos de los SoA.

Y sólo os aconsejaré para no ser la que os desvele los secretos de este impactante NS: no os dejéis engañar por la vaga y reduccionista definición de “una serie de moteros”; los Hijos de la Anarquía representan un fondo de firmes valores llevados al extremo y que hacen reflexionar. Y más con ‘Hey Hey, My My‘, de Neil Young, canción con la que Sutter dice adiós a la familia anárquica por esta temporada. ¿Quién me iba a decir a mí, amante incondicional de Mad Men, que acabaría cayendo en las redes de la corruptela de los Teller – Morrow? Ellos también me han comprado… y yo me he dejado.

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