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16 noviembre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 1368 Letras

La utilidad de lo inútil

¿Para qué sirve un dibujo, una pintura? Para recrear una realidad, adornarla o inventarla. Para buscar la belleza y la precisión a través de los pigmentos, y comunicar con ellos los sentimientos. Para expresar, compartir. Eso, para quien lo pinta. Sirve para mirar, y admirarse u horrorizarse. Sentir, al fin y al cabo. Sirve para que las pupilas se agranden, o para que los ojos se entrecierren. Para conocerla, para decorar, para hablar de ella y desear haberla creado. Eso, para quien la admira.  ¿Para qué sirve la música? Para convertir en notas las emociones, y dar vida al lenguaje que nace de los pentagramas. Para compartir lo que se ha vivido, o cantar lo que algún día gustaría ser vivido. Eso, para quien la compone. Sirve para cantarla, tararearla; mientras se conduce, se cocina, se camina, se piensa. Sirve para bailarla, para besar mientras suena, o reír o llorar. Eso, para quien la escucha.

¿Y un poema, para qué sirve? Para expirar los sentimientos y plasmarlos en papel. Para crear con ellos, convertidos en palabras, melodías, o un recuerdo, un sueño, una confesión. Para poder decir que se tiene la profesión más bonita del mundo y, sobre todo, para tenerla. Todo eso, para quien lo escribe. Sirve para descubrirlo, conocerlo, releerlo, degustarlo. Intentar descifrarlo, identificarse con él, o no hacerlo, pero comprenderlo. Subrayarlo, memorizarlo, regalarlo, o incluso hasta inspirarlo. Todo eso, para quien lo lee.

Portada de 'La utilidad de lo inútil'Existen saberes que son fines por sí mismos y que –precisamente por su naturaleza gratuita y desinteresada, alejada de todo vínculo práctico y comercial– pueden ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad. En este contexto, considero útil todo aquello que nos ayuda a hacernos mejores”. Este es el punto de partida de La utilidad de lo inútil (Quaderns Crema, 2013; Acantilado, 2015) un pequeño ensayo; pequeño por tamaño pero inmenso en contenido, escrito por el hasta ahora poco conocido profesor italiano de Literatura Nuccio Ordine. Un punto de partida que comparte adjetivo con el libro que materialmente lo constituye: sencillo, de pocas líneas, pero muy directo y con una atractiva invitación al lector a sumergirse en el texto y descubrir a qué puede referirse el profesor bajo ese contradictorio y curioso título.

El programa literario Página Dos entrevistó en diciembre de 2013, en Roma, al autor de dicho oxímoron. A la pregunta: “Hablando de utilidades, señor Ordine, ¿qué utilidad puede tener este libro, cree usted, entre los jóvenes lectores?”, él respondió: “Espero que este libro les haga entender que, en la actualidad, tenemos más necesidad de lo inútil que de lo útil. Porque en nuestra sociedad se considera útil únicamente aquello que reporta beneficios, sin embargo, para la Humanidad también son importantes la literatura, el arte, la filosofía o la música; cosas que no generan beneficios pero que, no obstante, son realmente útiles desde el punto de vista del espíritu”. Que las Letras, las Humanidades, están de capa caída es un hecho más que constatado. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué se desechan estos conocimientos que en otras épocas se consideraban imprescindibles? ¿Por qué ahora se tildan de aburridos, de inservibles, de, al fin y al cabo, inútiles? ¿Por qué, cuando, continuando con los contrasentidos, nada puede haber más apasionante que el estudio del ser humano y sus más puras facetas?

Nuccio Ordine, al igual que muchos otros compañeros de profesión y pensamiento, se ha hecho estas preguntas y ha querido responderlas y combatirlas en La utilidad de lo inútil, una lectura muy recomendada, e incluso necesaria, para los tiempos que corren. Porque no podemos permitir que las Humanidades se vean rechazadas de tan cruel e ignorante forma, y acaben como un pisapapeles decorativo, olvidado y vintage en el despacho del director de un centro comercial. En su ensayo, el profesor Ordine intenta que ese error se enmiende, exponiendo y defendiendo la importancia de los saberes clásicos, apoyándose de lo que grandes pensadores, escritores o artistas han comentado acerca de los mismos y el valor que les ha dado la sociedad a lo largo de los siglos. Aristóteles, Ovidio, Dante, Kant, Leopardi, Heidegger o Ionesco son algunos de los autores que ha incluido en el texto para comentar o analizar La útil inutilidad de la Literatura, La Universidad-empresa y los estudiantes-clientes y Poseer mata: “dignitas hominis”, amor, verdad; las tres partes en las que se divide el ensayo.

Qué sería el mundo, la sociedad; sin aquello que llamamos Humanidades, sin aquello que más y de mejor forma nos define. Sentir curiosidad, admiración, y también miedo e incertidumbre hacia lo que nos rodea. Eso, eso es algo puramente humano. Lo práctico a nivel material y lo práctico a nivel espiritual no deben pelear entre sí, sino justamente lo contrario: complementarse. Vivimos en una realidad tangible que requiere de objetos, conocimientos y trabajos tangibles, cierto es. Pero bien es sabido y comprobado que una vida basada en las aspiraciones materiales es la más pobre de todas. Una vida cuya mente no se cultiva ni se abre, por mucho éxito que se tenga, o muchos logros se obtengan, es la más vacía de todas.  Así lo sintetiza el propio Nuccio Ordine: “sin grandes motivaciones interiores, el más prestigioso título adquirido con dinero no nos aportará ningún conocimiento verdadero ni propiciará ninguna auténtica metamorfosis del espíritu”. Nos rodea el deseo de poseer y aumentar riquezas, y de lo menos posible compartirlas. El saber, el conocimiento, es una de las mayores riquezas y, como el amor o la amistad, crece al compartirlo, beneficiando tanto al que lo recibe como al que lo da. “Han caído ustedes en un error deplorable –señaló en su día Victor Hugo, refiriéndose a quienes, como hoy, pretenden difuminar o eliminar la cultura de la sociedad– han pensado que se ahorrarían dinero, pero lo que se ahorran es gloria”. Que no nos suceda como a la clase política a la que se refería el poeta en este extracto del apasionado (como no podría ni debería ser de otra forma) discurso que pronunció en 1848. Un discurso que perfectamente podría haber expuesto hoy en día. Que no nos suceda, no caigamos en el error de desterrar lo que es realmente útil y beneficioso para la sociedad y para cada uno de sus individuos. Porque las costumbres, las modas, los precios, las opiniones; todo lo que rutinariamente nos preocupa y obnubila, está en constante cambio. Lo que un día sirve al siguiente ya es historia y se ha quedado anticuado e inservible. Pero, como decía Hölderlin, “lo que permanece lo fundan los poetas”.

Acércate a La utilidad de lo inútil con este reportaje sobre el ensayo que realizó el programa Para todos la 2 y comienza a leerlo, y disfrutarlo, aquí.

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