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15 diciembre, 2014 Comentarios (0) Visitas: 2770 Escena, Música

La joven zarzuela madrileña

En las butacas de Los Teatros del Canal abundaba ayer al mediodía del domingo una generación de pelo cano, pero en el escenario cantaban zarzuelas los jóvenes de la JORCAM (Joven Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid), con una gracia chocante, bajo la dirección de Félix Redondo, Laura Scarbó al piano y Lucía Miranda en la dirección escénica.

Eran, posiblemente, nietos o hijos de ese público nostálgico de mirada añeja y cristalina que tatareaba al tiempo las canciones, con una emoción entre alegre y sentimental al contemplar a unos jóvenes que aprecian lo tradicional, al oír unas voces sorprendentemente profesionales, que erizan la piel en las subidas de timbre de repente, o en los vibratos, durante un concierto coral en el que el repertorio ha sido una selección de lo más tradicional del género chico, como Mazurca de los paraguas (El año pasado por agua) de Federico Chueca y Quinito Valverde, interpretado genialmente por Rosa María Gomáriz y Álvaro Bonet, o Si las mujeres mandasen (Gigantes y Cabezudos) de Manuel Fernández Caballero, en la potente voz solista de Virginia Hernández, arropada por las voces corales femeninas.

También hubo momento para las coplas. El Bateo de Federico Chueca provocó las risas en el público por la buena y auténtica actuación de Gaspar Cañuelo. Éste era el fin de la Coral. Lograr unir a dos generaciones: una que quizá nunca pudo subirse a un escenario pero que lo hubiera deseado, y otra que canta y representa zarzuelas, en el fondo por amor a sus mayores. Habanera (Don Gil de Alcalá), de Manuel Penella, con las voces del coro y las de las dos magníficas solistas, Lydia Pedro y Cecilia González, ha sido especialmente emotiva porque la había precedido una de las piezas de micro-teatro, que han ido introduciendo las zarzuelas, en la que se ha hecho referencia a la reciente muerte de una madre cuyo sueño era cantar. Algunas gentes del público han acariciado y repasado sus ojos con el dedo. Canta y no llores, corazón, no llores más. Dice la letra.

Estupenda Ronda de enamorados (La del Soto del Parral), de Reveriano Soutullo y Juan Vert, y un Brindisde Emilio Arrieta, para cerrar, interpretado por Sergio Rosado y Rajiv Cerezo, que se han tomado un vino al son de la zarzuela, mientras el coro, en derredor, hacía sonar y resonar sus voces que, en no pocas ocasiones, ha puesto los pelos de punta.

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