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9 noviembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1121 Arte

Historia(s) de la Dama

Nadie conoce qué oculta su mirada impertérrita, su saber estar ante el paso de los siglos. Ni si quien viste y suponemos, calza, detrás de los rodetes o “ensaimadas” es una sacerdotisa, una aristócrata o la Diosa madre. Por dudar, hay quien duda de su género, aunque el término varón sea un sacrilegio para las voces oficiales. Demasiado interrogante para señora tan distinguida. Cuánta paciencia le inculcaron a la Dama de Elche. Bien podría haber sido mujer santa. Porque hasta han negado su autenticidad y su origen íbero y con otros aspectos puede, pero ella dirá que la cuna no se toca.

Datada aproximadamente entre mediados del S.V y mediados del S.III, el busto ilicitano constituye la pieza más representativa y mejor conservada de la cultura íbera, civilización prerromana que forjó importantes raíces en la Península. La Dama, también llamada Reina Mora fue hallada el 4 de agosto de 1897 en las proximidades de Elche, concretamente en la Alcudia, yacimiento arqueológico descubierto a posteriori. Desde el primer momento despertó la admiración de todos aquellos que la contemplaban, pero fue un francés, el historiador Pierre Paris el que apreció su valor histórico-artístico y se la llevó a la capital francesa, donde entró a formar parte de la destacada colección del Louvre.

No volvería a España hasta 1941. El general Pétain -marioneta de Hitler- cedería a Franco la Dama y otras obras españolas como la Inmaculada de Murillo en un gesto acorde a la neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial. La recuperación ensalzó el sentimiento patriótico del nacional-catolicismo y el triunfalismo franquista. José María Pemán escribiría entonces: “La misma Dama de Elche aparece con la cabeza y el cuello pudorosamente cubierto de paños. Parece que las primitivas mujeres españolas estaban nada más que esperando que se levantara la primera iglesia de Cristo, preparadas ya con sus tocas para asistir a la primera misa”. 

La pieza encontraría su hogar en el Museo del Prado, pero treinta años después llegaría para quedarse a su actual residencia, el Museo Arqueológico Nacional. Entre tanto viaje -también en dos fugaces ocasiones a su tierra natal, Elche-, protagonizó sin pretenderlo alguna que otra polémica. La que todavía permanece es la del historiador americano John F. Moffit que defiende la falsedad de la pieza, citando al escultor valenciano Pallás i Puig como autor de una obra que por contemporánea, debería lucirse en el Museo Reina Sofía. Su tesis no cambia una autenticidad probada en diferentes estudios ni la consideración de obra maestra que se le otorga. 

Mientras, la Dama, ajena a controversias, se mantiene fascinante y reservada, lozana y señorial, observando el tránsito de las épocas. Aunque algún que otro historiador extranjero vea en su efigie, la de un caballero. Parece improbable a estas alturas. Incluso los lectores de la revista masculina FHM la han nombrado este año la mujer más sexy de la historia y no importa que un hacker monopolizara la encuesta. Maciza y peculiar, hay pocas Damas tan singulares.

 

 

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