El director mexicano resucita al monstruo de la literatura más conocido de todos los tiempos en una adaptación que rechaza todos los principios de su vanguardista autora
Adaptar Frankenstein a la gran pantalla es, sin duda, una empresa arriesgada en la que se han embarcado muchos más de los que probablemente deberían. Pero mucho más arriesgado es comenzar y cerrar la adaptación con una cita de Lord Byron, que es exactamente lo que hace Del Toro en la nueva cinta. Es muy complicado no considerar esto como un absoluto desprecio a la novela que adapta. Esta acción, establece el tono del resto de una pelicula que ignora por completo el texto original de Mary Shelley. Un texto que no solo no es capaz de entender, pese a jurar y perjurar que Frankenstein le ha acompañado los últimos 10 años de su vida, sino que, desde la ignorancia, reinventa y descarta páginas de prosa sin tacha.
Guillermo Del Toro traiciona a Mary Shelley
La novela, al igual que su criatura, se forma de distintas partes: la primera, la de Walton, un intrépido explorador aislado y alejado de conversación estimulante y en desesperada búsqueda de un amigo; la segunda la de Victor, un joven estudiante arrogante y ambicioso, y la tercera, su criatura, reflexiva e impulsiva al mismo tiempo y, al igual que todos, solitaria. La adaptación no solo reduce la complejidad ética y filosófica que caracteriza la novela de Shelley, sino que altera la historia por completo generando una dinámica de romance gótico y de celos sin justificación que le hacen a uno cuestionarse si no ha acabado por equivocación en la sala de cine del 20 aniversario de La Novia Cadáver.
Estéticamente, es consistente con su trabajo previo y su amor a lo gótico que ya habíamos visto en La Cumbre Escarlata. Los inmensos y fríos espacios no concuerdan con la cercanía de la historia y parecen casi alardear de un presupuesto astronómico, hasta llegar al punto de que pareces estar dentro de un videojuego. Pareciera que Del Toro no busca adaptar Frankenstein sino aprovechar su nombre para contar una historia propia, una que no comparte nada con la original y que ensucia y empobrece tanto el nombre de la novela como el de su autora, que está acreditada como escritora pero que no merece por esta película más merito que por el nombre de Victor Frankenstein.
El guion evita la prosa de Shelley y peca de sobreexplicación hasta el punto en que parece que o Del Toro no ha entendido la novela, o que aún peor, no considera a su público capaz de entender los razonamientos que mueven a los personajes y se ve obligado a introducir nuevos motivos más básicos y directos para justificar motivaciones.
Frankenstein o la moderna inteligencia artificial
El proyecto era ,sin duda, prometedor, por mucho que Frankenstein sea una novela arriesgada de adaptar, contando ya con lo que deben ser 150 adaptaciones de todo tipo. La fuerza de la historia brilla aún 200 años después de su publicación y una adaptación de ella suena particularmente relevante en la era actual de la inteligencia artificial. ¿Pues qué es Frankenstein si no, posiblemente, la primera IA? Shelley explora con profundidad el miedo y arrepentimiento de un creador arrogante, que, siguiendo un proyecto sin consecuencias, al verlo realizado tras meses de trabajo, lo abandona asustado por su potencial. ¿No es esto el perfecto material distópico para la era actual?
La adaptación de Del Toro podría ser entonces la interpretación cinematográfica más relevante y justificada de Frankenstein. Y, sin embargo, ni se acerca a ello. Llevada por un cine de autor egocéntrico, Del Toro descarta el potencial del material a favor de su interés de preferencia hacia la dinámica de “La mujer y el monstruo” que ya es recurrente en su filmografía, a la que se acerca distorsionando la relación entre el monstruo de Frankenstein, (Jacob Elordi) y Elizabeth (Mia Goth)
Mary Shelley tituló Frankenstein alternativamente como “El moderno Prometeo”, inaugurando el género de la ciencia ficción. Guillermo del Toro se convierte con su dirección de este proyecto en un falso Prometeo, habiendo criticado activamente la Inteligencia Artificial durante la promoción de su anterior cinta Pinocho de Guillermo del Toro e incluso screenings de Frankenstein como una proyección en Nueva York de la que se despidió diciendo “Que le den a la IA”. El director parece prometer a su público el fuego con esta elección y, sin embargo, fracasa por completo en innovar sobre el libro con su adaptación y ofrecer una crítica a la nueva tecnología que tanto dice odiar.
