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‘La mitad del mundo’: mujeres, arte y equilibrio en el México indígena

Pieza de la exposición 'La mitad del mundo'

La Fundación Casa de México acoge una exposición que invita a mirar las culturas originarias de su país desde un lugar poco habitual: el papel central de las mujeres

Lejos de una lectura académica o distante, la muestra propone entender cómo lo femenino estaba ligado a la vida cotidiana, a la naturaleza y a las creencias. El resultado es un recorrido claro y accesible que conecta pasado y presente sin imponer discursos.

La exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena se presenta en la Fundación Casa de México en España y puede visitarse de forma gratuita hasta el 15 de febrero de 2026. El proyecto nace de la colaboración entre la propia fundación, el Gobierno de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Es la exposición de arte precolombino más importante organizada en España hasta ahora y forma parte de un circuito de cuatro muestras en Madrid dedicadas al principio femenino en el México indígena. La iniciativa coincide con la declaración de 2025 como Año de la Mujer Indígena.

La muestra reúne 98 piezas procedentes de distintas culturas, entre ellas la mexica, la maya, la zapoteca, la mixteca, la olmeca, la huasteca o la teotihuacana. El recorrido abarca un periodo amplio, desde el México preclásico hasta obras del siglo XXI. Predominan las esculturas de piedra y cerámica, aunque también hay textiles, cestería y pintura. Algunas piezas miden apenas unos centímetros; otras alcanzan los 2,5 metros de altura.

Una exposición vertebrada en tres partes

El planteamiento curatorial parte de la idea de la dualidad. No se entiende como una oposición entre hombre y mujer, sino como una relación de equilibrio. Lo femenino aparece unido a la tierra, a la fertilidad, al nacimiento y a la muerte, pero también al poder. Esta idea vertebra las tres secciones de la exposición: Las dos partes del mundo, La ostentación del cuerpo y La sacralidad femenina.

En Las dos partes del mundo destacan esculturas mexicas que muestran cómo vida y muerte convivían en una misma idea. Una de las piezas más llamativas es una representación de Coatlicue (c. 1500 d.C.), diosa de la tierra y madre de los dioses. Su figura mezcla elementos que hoy pueden resultar inquietantes, pero que para estas culturas explicaban el funcionamiento del mundo y sus ciclos.

La sección La ostentación del cuerpo se centra en figuras mayas de la isla de Jaina, fechadas entre los años 600 y 900 d.C. Son esculturas cerámicas de pequeño formato que representan mujeres con distintos atuendos y adornos. A través de ellas se puede entender cómo el cuerpo y la vestimenta indicaban estatus social, edad o función dentro de la comunidad. Nada aparece al azar.

En La sacralidad femenina el discurso se abre al presente. Esculturas zapotecas del periodo clásico dialogan con textiles indígenas actuales. Una pieza relacionada con la diosa Cihuacóatl, asociada al parto y a la guerra, se presenta junto a un huipil ceremonial contemporáneo. La comparación ayuda a entender que muchas ideas y símbolos siguen vivos.

Un arte colectivo de comunidades

La comisaria de la muestra Karina Romero Blanco, historiadora del arte con experiencia en exposiciones en México, Europa y Asia, apuesta por un discurso claro, sin exceso de textos ni explicaciones complicadas. El recorrido resulta fácil de seguir incluso para quienes no tienen conocimientos previos sobre arte prehispánico.

En esta exposición no hay artistas individuales. Las piezas fueron creadas por comunidades enteras y cumplían funciones religiosas y sociales. No nacieron como objetos decorativos. Este punto se recuerda a lo largo del recorrido y ayuda a entender su verdadero sentido.

El papel del INAH es clave. Como institución responsable del estudio y conservación del patrimonio mexicano, aporta rigor y contexto. Su colaboración con la Casa de México en España refuerza el intercambio cultural entre ambos países y acerca este legado a nuevos públicos.

Una exposición accesible y cercana

La mitad del mundo logra algo poco habitual: presentar arte antiguo sin convertirlo en algo lejano. La exposición no busca dar respuestas cerradas, sino invitar a pensar cómo otras culturas entendieron el equilibrio, la vida y el papel de las mujeres. Y, desde ahí, mirar el presente con otra perspectiva.

Esta exposición también funciona como una buena puerta de entrada al arte precolombino. No abruma con datos ni con un lenguaje especializado. Propone una experiencia visual y reflexiva que se puede recorrer con calma. La museografía es clara y favorece la lectura de las piezas sin aislarlas de su contexto.

En un momento en el que los museos buscan nuevas formas de conectar con el público, La mitad del mundo demuestra que el pasado puede dialogar con el presente sin simplificaciones. La muestra recuerda que las culturas indígenas no son solo historia, sino una herencia viva que todavía tiene mucho que decir.

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