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4 diciembre, 2020 Comentarios (0) Visitas: 273 Cine y Televisión, Entrevistas

Víctor Luiz Riona: “En España no hay industria que permita sacar un proyecto fuera del thriller o la comedia”

Entrevistamos al director del cortometraje La gallinita ciega para hablar sobre la ECAM, su obra y las dificultades para rodar con la covid-19

Entrevista a Víctor Luiz Riona
Víctor Luiz Riona rodando en exteriores para La gallinita ciega

Exterior. Plaza de los Cubos, Madrid. Es una mañana lluviosa como cualquier otra de otoño. Una mañana perfecta para acudir a la sesión matinal de los Renoir, si no fuera porque estamos en 2020. Es difícil saber si la ausencia de gentío tiene que ver con el tiempo tanto como con la situación en la que nos encontramos. Cualquier otro día esa entrada, con sus letras plateadas adornadas de carteles de películas, estaría abarrotada por espectadores ―ancianos, la mayoría de ellos― ávidos de una buena película. Los Renoir siguen abiertos, afortunadamente, pero son solo un oasis en el desierto de cines de Madrid, al que solo unos pocos valientes se atreven a llegar. La última vez que nos vimos antes de todo esto fue aquí mismo, un día antes del estado de alarma, para ver una de tantas películas de cuyo título ni siquiera recuerdo. Pero cuando le veo doblar la esquina recobro mi conciencia sumida en los recuerdos. Esta vez no hemos quedado para ver una película, sino para vernos después de mucho tiempo y hacer lo que más nos gusta, hablar de cine. 

Cuando llega hasta el portal donde me refugio, por fin lo puedo ver con claridad entre la lluvia. Tiene los ojos bien abiertos y parece esbozar una gran sonrisa, aunque es difícil saberlo con la mascarilla. “Me gusta el corte de pelo nuevo. De director moderno pero serio a la vez”, le comento. Él se ríe, y en un gesto instintivo de hacia dónde vamos me mira y decimos al unísono, con una sincronía propia de Xavi e Iniesta: ¿Mexicano?

Ya sentados y sin mascarilla, Víctor Fernández (Madrid, 1997), director de cine por pasión, crítico por afición y cosladeño de nacimiento, no es muy distinto al que recordaba de antes del verano, a pesar del cambio de look. Las semanas confinado en su barrio no parecen haberle pasado excesiva factura, aunque sé que lo ha pasado bastante mal. Pero, realmente, no estoy para hablar con Víctor Fernández, sino con Víctor Luiz Riona, como firma sus trabajos, y comprobar si más allá del nombre artístico hay realmente un álter ego, un Mr. Hyde en versión director de cine que aún desconozco.

La ECAM y el director novel

La ECAM (Escuela del Cine y del Audiovisual de Madrid) es una de las escuelas más prestigiosas y exclusivas de España. Como Víctor, cien personas entraron en la ECAM en 2016. De esas, solo 10 consiguieron una plaza en Dirección tras superar el año base. Y al acabar segundo, otras tres personas quedaron fuera. Solo siete acabaron graduándose como directores tras presentar sus cortometrajes como trabajo de fin de curso. Víctor ―y su cortometraje La gallinita ciega― fue uno de esos siete privilegiados en una escuela en la que también se enseña Dirección de fotografía, Guion, Producción o Montaje, entre otros. Una escuela que pretende fabricar jóvenes talentos y los pone a trabajar juntos, por eso Víctor no sabe muy bien qué responder cuando le preguntan por cómo empieza a concebirse una obra audiovisual. “Todos los trabajos que he hecho hasta ahora están enfocados al modelo de la ECAM. Estudias Dirección, pero tienes a tus compañeros de guion, dirección de fotografía, producción… La creación no viene tanto únicamente por mí como por mucha gente, es algo muy colaborativo”.

Restaurante La Mordida
Pocos lugares tan tranquilos y cinematográficos a la vez se encuentran como el escenario de esta conversación

Cuando hablamos de “fabricar talentos” también hay una connotación negativa, un pero en ese modelo de cadena de montaje fordiana. “La ECAM lo que tiene es que se mueve en el círculo de la industria y de intentar recrear la industria típica más hollywoodiense, que sí fomentaba ese modelo de producción en cadena de montaje. Y lo que tiene esta cadena es que es muy férrea porque no te deja como director meterte mucho en otros aspectos como guion” admite Víctor. Un modelo que fomenta la colaboración y sinergia de talentos, pero que también coarta en gran medida esas ideas e imaginario personal que siempre se le presupone a un joven cineasta: “No tienes el control total, entonces en este caso depende de la claridad con la que entres, de tener una idea preconcebida de lo que quieres hacer o hacia dónde se dirige tu mirada”. 

De la misma forma, la ECAM también puede ser un lugar donde conocer a gente que comparta tu visión o que la complemente. Han sido muchos los casos de grandes colaboraciones que nacieron allí, aunque quizá la más reciente sea la de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, donde ambos se conocieron antes de empezar a escribir los guiones de Stockholm, El reino o Antidisturbios, que en todos los casos ha dirigido el propio Sorogoyen. “Si tienes sintonía con alguien de guion es lo mejor que te puede pasar, y de hecho ha pasado varias veces, y cuando se ha dado ese caso se ha visto que el resultado final es mejor. Pero si de repente te tuerces y no tienes sintonía con Guion es difícil que te salga algo aceptable”, señala Víctor, que sabe bien lo que es no tener del todo el feeling con algún compañero: “Creo que he tenido la suerte de encontrar gente con la que he trabajado bien y con la que me he sentido a gusto. Pero por ejemplo, el guion La gallinita ciega era imposible de rodar, no creo que estuviera bien desarrollado para poder plasmarlo en pantalla. Tuve que retocar mucho e intentar cohesionar lo máximo. Acabé teniendo mucho enfrentamiento con las guionistas, tanto que al final no quisieron firmar el guion en los créditos”, confiesa . 

Dejando a un lado este desencuentro, lo cierto es que Víctor ya prepara su propio cortometraje, lejos del amparo de la ECAM pero con optimismo: “Es verdad que cuando sales, si realmente quieres contar ciertas historias propias sin que se meta nadie tienes más oportunidades, porque es difícil en la ECAM  hacer algo que conecte 100% contigo”, aclara mientras nos sirven las primeras Coronitas, mal nombre para una cerveza en esta época. 

Cortos pasados y futuros

Antes de salir de la fábrica, Víctor tuvo que finalizar sus estudios con un gran proyecto final, aquel en el que pudiera poner en práctica todos los conocimientos aprendidos y todas las ideas sobre las que había meditado tras tres años. Ese proyecto llevaba por nombre La gallinita ciega, un cortometraje centrado en una comunidad religiosa que vive al margen del mundo real y en la que una mujer vive una auténtica crisis de fe, un tema que a Víctor siempre le ha preocupado especialmente: “Soy una persona atea, nunca he sido creyente, ni siquiera desde pequeño, pero a la vez creo que todos tenemos cierta fascinación por la religión, como la que tenían Dreyer, Tarkovsky… directores que te enseñan que hay algo muy espiritual en ella y que me atrae. Cineastas y películas que me hacen que me pregunte por esta fascinación sin ser yo una persona religiosa”.

Si tenía claro el punto de partida en lo temático, el cineasta de 23 años también ha buscado desde siempre su propio estilo, una apuesta por el estatismo del cine europeo más reciente: “En La gallinita ciega solo hay un movimiento de cámara y está muy pensado para que fuera el único en todo el corto por ese momento de epifanía de la madre. Tampoco es que los planos sean excesivamente largos, pero ese estatismo me ayuda a centrarme más en el cuadro como tal”, explica Víctor. [En este momento de la entrevista hace su primera parada para envolver por fin su primer taco].

Víctor Luiz Riona durante una de las secuencias clave de La gallinita ciega
Víctor Luiz Riona durante una de las secuencias clave de La gallinita ciega

La gallinita ciega, que se estrenó en septiembre de 2019, ha participado en multitud de festivales de cine y cortometrajes, desde nacionales como el de Paterna Antonio Ferrandis o el Reyes Abade de Torrejón de Ardoz, a internacionales como el Cortos de Vista de Perú, el Fenavid de Bolivia o norteamericanos como el Chainsaw o el de Rhode Island. Además, está en la preinscripción de la 35º edición de los Premios Goya. Todo ello por unos doce minutos aproximadamente, que, sin embargo, dan para una gran reflexión sobre la religión y la fe: “Creo que todos queremos creer un poco en algo, en lo que sea. Me gusta en este sentido el inicio porque hay un estatismo incluso del propio foco. El título ya juega con ese guiño a la ceguera de la protagonista ante la realidad, de que la cámara pertenece a la comunidad, una comunidad estática, sin movimiento, sin salida… que hace que se cuestione la fe ciega de la protagonista”.

Además de en la promoción de La gallinita ciega, Víctor se encuentra en medio de la producción de su próximo cortometraje, Desperté en un lugar sin sombras: “Ahora mismo el guion está acabado y estamos intentando moverlo por distintas ayudas para conseguir presupuesto. De momento lo hemos enviado a varios sitios y el problema es que tiene una escena en particular que es compleja de grabar con el tema del Covid-19 y ahora mismo está todo parado a la espera de si lo podemos rodar bien en algún momento”. Sin que le saque el tema ya ha aparecido en la conversación lo que era inevitable, la pandemia. Las medidas de seguridad implican que todo sea más laborioso y costoso. Ahora mismo hay muchos proyectos presentándose y muy pocas ayudas concediéndose. El único problema es no saber cuándo va a poder hacerse este corto porque, aunque esté ya todo pensado, igual tardamos en empezar a rodar un año como máximo. Y que cuanto más se demore más te arriesgas a que gente que forma parte del equipo deje de estar involucrada”, reconoce con cierta tristeza.

El caso de Víctor no es el único, ya que son muy pocos los proyectos que se están sacando adelante en España: “Se ruedan cortometrajes pero de escuelas, es decir, producciones que cuentan con un gran respaldo ya desde antes del Covid-19, pero son sobre todo cosas pequeñas. Si de repente quieres levantar un corto que conlleve tener un equipo más grande, varios días de rodaje es bastante complicado, ahora todo vale más por las medidas de seguridad y las pruebas a los miembros del rodaje. Si ya sueles ir justo de dinero, con todo esto mucho más”. 

El cine y la industria en España

La situación de la que habla Víctor ha provocado también un significativo cambio en el cine que se está haciendo tras el confinamiento. Rodar en interiores, con pocos actores y en un breve transcurso de tiempo son algunas de las medidas más empleadas para que el presupuesto no exija tanto. “Todo esto demuestra también hacia dónde está yendo el audiovisual. Hacia lo minimalista a nivel de ficción, pero hacia el mundo de la publicidad y el videoclip en general. La realidad es que para un director novel que acaba de salir de una escuela, que no tiene nada más allá de un corto que tampoco ha triunfado, es casi imposible sacar adelante un cortometraje”, reflexiona.

Para alguien tan cinéfilo pero crítico a la vez, una de las razones por las que se ha llegado a esta tesitura tiene que ver con ese modelo de industria del que hablábamos al principio a cuento de la ECAM, y no duda en señalar a algunos de los responsables. “Creo que el problema de la industria española a diferencia de otras como la francesa es que se incentiva muy poco el que salgan nuevos cineastas. La última hornada de grandes directores fue en los noventa: Alejandro Amenábar, Álex de la Iglesia, Enrique Urbizu, Icíar Bollaín e Isabel Coixet. Fue una generación a la que le produjo gente del cine asentada ya desde hace varios años, pero que luego ellos no han hecho lo mismo con la generación actual de jóvenes cineastas”. 

No deja de ser curioso que muchos de los directores que se ponen sobre la mesa ―con permiso de los platos de arroz y frijoles― lleven tiempo sin sacar película o hayan tenido que recurrir a las series y las grandes plataformas de streaming. “Ahora todo deriva más hacia hacer televisión, hacia vender cosas para plataformas. Sale más rentable porque es ahora mismo lo que más gente consume. Amenábar está haciendo una serie, De la Iglesia va a presentar una, Urbizu hizo Gigantes para Movistar… En cambio, el cine de autor actual es como que ha quedado enclaustrado en los mismos géneros, el thriller y la comedia”. 

No obstante, en la actualidad hay al margen de las series una corriente de jóvenes cineastas empeñados en hacer un cine muy intimista, generacional y femenino. Una nueva ola del cine español que podría haber empezado con Carla Simón y su Verano 1993, pero que han continuado en mayor o menor medida Lucía Alemany (La inocencia), Celia Rico (Viaje al cuarto de una madre), Roberto Bueso (La banda) o, recientemente, Pilar Palomero con Las niñas, que ganó la Biznaga de Oro a mejor película en el último Festival de Málaga. “Creo que va un poco por inercia y dado por la situación actual del cine español. Todas estas películas encajadas ahí son muy pequeñas y baratas. Estamos virando hacia un cine muy íntimo, no creo que tanto porque quieran los autores como porque es la única posibilidad que tienen de dar el salto al cortometraje”, argumenta Víctor.

Víctor Luiz Riona
De entre las cien personas que entraron a la ECAM en 2016, solo siete se han titulado en Dirección. Víctor es uno de ellos

A pesar de que Víctor y yo somos grandes apasionados de este tipo de cine, ambos convenimos en que está empezando a reciclarse demasiado y no tiene grandes expectativas en el largo plazo: “El cine español se queda en estas óperas primas muy pequeñas e íntimas, y luego ya el siguiente paso es comedias o thrillers, que es lo que funciona a nivel comercial. No hay una industria actualmente que permita levantar proyectos más allá de estos géneros, algo más enfocado en la ficción como podían ser aquellas películas de Amenábar de los noventa (Tesis, Abre los ojos)”. 

Lo que parece evidente es que en el cine español actual no hay lugar para las películas de medio presupuesto, lo que ha llevado a una polarización entre el cine comercial que se proyecta en multisalas y el de autor que solo llega a unas pocas. “Hay que tener en cuenta que no todas las buenas películas llegan realmente al gran público, las que llegan son las que publicitan Mediaset o Atresmedia. Igual me equivoco y ahora que empezamos a vivir un boom con las series se empieza a recuperar el autorismo, pero la realidad es que hoy en día se estrenan muchísimas películas de las que no solo no ha oído hablar el gran público, sino en muchos casos los propios periodistas culturales”. [Realmente no sé si esto es una pulla hacia mí o hacia todo el oficio, ya que Víctor también ha ejercido como periodista y crítico cultural].

Para cuando nos sirven un peculiar café de la olla servido en dos tacitas de barro, ya no puedo contener más mi última gran pregunta. ¿Será Víctor un cineasta de la corriente intimista o acabará haciendo comedias de relleno? La respuesta, como no podía ser de otra manera tratándose de él, me coge desprevenido: “En realidad, a mí me encantaría lanzarme a algo de género, y no me refiero a un thriller o terror, sino poder hacer algo como el cine de género juvenil que se hacía en los ochenta. Me ilusiona a nivel artístico porque mi amor por el cine viene de ahí y sería bonito empezar con eso a modo de homenaje”. Por un momento me ha fascinado su respuesta, aunque ahí llega la segunda parte. “A mí me ilusiona más hacer algo que se aleje del drama, pero no descarto acabar haciendo ese cine intimista del que hemos hablado, porque es inevitable empezar hablando por algo que conoces, por las cosas que nos pertenecen”. Y con un gesto diligente, propio de un cineasta curtido en mil rodajes, pide la cuenta.

A sus 23 años y con un cortometraje aún pendiente de rodar, a Víctor Luiz Riona aún le queda mucho camino por delante. Su primera aventura fuera de la ECAM se presenta complicada, pero si hay algún oficio para los retos ese es el de cineasta. Y para mí, que le despido con algo de prisa consciente de que llego tarde a clase, nada me haría más ilusión que ver su nombre entre esos carteles que veo alejarse conforme abandono la Plaza de los Cubos. Al final no fue una mañana lluviosa como otra cualquiera.

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