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La mercantilización del arte, o no

27 marzo, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1373 Escena

Emma Bovary en el siglo XXI

En el siglo XIX, Gustave Flaubert reconocía que «Un hombre, al menos, es libre; puede recorrer las pasiones y los países, atravesar los obstáculos, gustar los placeres más lejanos. Pero a una mujer esto le está continuamente vedado». En el siglo XXI, la directora teatral Magüi Mira lleva al Teatro Bellas Artes una versión libre de Madame Bovary, para reflexionar sobre la actual condición de la mujer, que no se aleja mucho de la heroína romántica pintada por Flaubert. El escritor francés Gustave Flaubert (1821-1880) publicó en 1856 Madame Bovary, una novela que desde el principio provocó mucho escándalo porque considerada inmoral por la época.

 

La historia gira entorno a Emma, una mujer romántica y soñadora en búsqueda de la felicidad. En principio, piensa encontrarla casándose con Carlos Bovary, un hombre honesto y amable. Sin embargo, la pasión, las aventuras, los bailes de los héroes de sus lecturas le decían que, la que estaba viviendo Emma, no era la verdadera felicidad: había otro mundo detrás de las paredes de su casa. El paso siguiente es la traición, Emma se deja llevar por la pasión hacía dos jóvenes hombres de mundo, Rodolfo y Leon. Todavía insatisfecha por la relación con su marido, sus amantes y las asfixiantes convenciones sociales, siente que la muerte es su única vía de huida.

Es evidente la complejidad de convertir una novela densa como Madame Bovary en una obra teatral de solo dos horas. En la versión teatral de Emilio Hernández los personajes se reducen a cuatro (Emma, Carlos, Rodolfo y Leon), así que se eliminan figuras fundamentales, para entender las razones de la ruina de Emma, como el boticario Homais y el comerciante Lhereux. De esta manera, es casi inevitable que los personajes no pierdan la profundidad y complejidad psicológica flaubertiana. Se nota sobre todo en Emma (protagonizada por Ana Torrent) que, intentando tener un matiz más actual, se olvida de las ansiedades, las debilidades y el animo profundamente soñador del personaje original. De hecho, nos enfrentamos con una Emma exageradamente rebelde y pasional, que, si es verdad que puede identificarse con numerosas mujeres contemporáneas, sin embargo no respeta las características psicológicas del personaje de Flaubert.

Madame Bovary

Además en la novela hay una multiplicidad de espacios, que se resuelve perfectamente con la escenografía (dominada por el azul) y la iluminación. El diseñador opta por un espacio vació (aparecen sólo una cama y un piano) que permite trasladarse de un lugar a otro, de un tiempo a otro sin la necesidad de transiciones entre escenas. De manera que el espectáculo se desarrolla rápido, sin espacios mudos entre las escenas.

Con esta obra, la directora Magüi Mira se ha propuesto crear un paralelismo entre las ansiedades de Emma, su anhelo hacia la libertad y las necesidades de las mujeres contemporáneas, afirmando que «es imposible que millones de mujeres hoy no se identifiquen con ella». Y en este caso, no se puede decir que Magüi Mira no haya acertado.

 

Obra: Madame Bovary (Gustave Flaubert) / Dirección: Magüi Mira / Versión teatral: Emilio Hernández / Reparto: Ana Torrent (Emma Bovary), Juan Fernández (Carlos Bovary), Armando del Río (Rodolfo), Fernando Ramallo (Leon) / Productor: Jesús Cimarro / Lugar de representación: Teatro Bellas Artes (Madrid) / Cuando: Del 2 de febrero al 25 de marzo de 2012.

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