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12 diciembre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 2421 Entrevistas, Letras

El tiempo que mata a asesinos

Imagen de Javier Ors

Ors se adentra en el lado más marginal y urbano

Dicen que las prisas nos hacen perder el tiempo. Javier Ors debió tomar nota de esto hace tantos años que ha tardado muchos en deleitarnos con su primera novela. Madrileño de cuna y turista en todas partes, lector acérrimo, periodista cultural, escritor y, por fin, novelista. Elegante, bajito y serio. Uno de esos hombres que te enseña incluso cuando no dice nada, para sorprenderte con múltiplos en cuanto empieza a hablar. Ahora, consigue trasladarnos con una historia de delincuentes sin pudor y un destino pautado, a una ciudad suspendida en el tiempo en donde las preguntas son tan importantes como las respuestas, que casi nunca existen; en la que la supervivencia y la moral son enemigas para un protagonista, El Gato, que sabe más de la importancia de la vida en sí, que cualquier Nobel. Un relato sin ley con un lenguaje que nace de los suburbios marginales que la propia sociedad obliga a subsistir a tiros. Hablamos con su creador, de Los años asesinos (Los libros del Olivo).

¿Dónde surge la idea del libro?

No sé cuál es el origen. El personaje me lo encontré hecho. No sé de dónde vino ni con qué alambres lo construí. Estaba aquí dentro, con su lenguaje, su ropa, su mirada… Incluso en mi propia mente su rostro aparece minado por la oscuridad, siendo sus acciones las que lo definen. De ahí surgió la idea en torno a un delincuente visceral que va viéndose empapado por un entorno social marginal, pero que nunca se detiene a la hora de hacerse preguntas.

En Los años asesinos, matar se convierte en un hábito y se desliga de ser una forma de supervivencia.

Son personajes muy capaces de matar, principalmente como forma de evitarse problemas y posibles amenazas. Están habituados a asesinar, pero El Gato arrastra remordimientos por aquellas muertes que haya causado de forma innecesaria. Esto ya ocurría en la literatura con Aquiles, son hombres muy fuertes a la hora de enfrentarse a matar pero a la vez son muy temerarios porque saben que sus posibilidades de sobrevivir son pocas.

¿Lo consideraría una denuncia social?

No era mi objetivo al sentarme a escribir. Aún así, en un capítulo, los personajes cuentan de dónde vienen y ahí es donde encontramos cierta parte de denuncia social. Si permitimos que se construyan barriadas que proliferen en guetos, que existan dentro de las ciudades núcleos que están sumergidos en la pobreza, esos serán nidos de gente que acabarán siendo violentos y planteándose para qué llevar una vida decente si con ella no podrán ni costearse la sanidad el día de mañana. Por ello se arriesgan a dejarse llevar por la mala vida hasta que ésta les ponga fin.

Háblenos del espacio-temporal…

Utilizo el vocabulario típico de los delincuentes de los 80 y los 90, pero lo suspendo a una ciudad atemporal. Con ello pretendo descubrir que no se queda obsoleto, sino que recupera toda su vigencia y toda la violencia que conllevan esas palabras. La arquitectura de los personajes está sostenida sobre las palabras en este caso. Si les quitas el lenguaje, les estás quitando el alma.

¿Le supuso un reto el hecho de utilizar un lenguaje tan complicado?

No me parece ningún obstáculo para que el lector de hoy lo entienda. No creo que podamos acostumbrar al lector a un lenguaje plano, al hacer que se enfrente a un determinado vocabulario lo que conseguimos es enriquecerlo. Creo que es la complicación lo que debería convertir al libro en algo más interesante, porque ves cómo construyen las palabras en un mundo muy distinto al común. Es el vocabulario que utilizo lo que construye un lenguaje diferente al que verdaderamente existió en la Malasaña de hace muchos años, recobra su belleza original pero lo más especial es que el narrador recuerda lo que ha sido, cuando recuerda sus palabras de juventud. El lenguaje es la clave temporal del libro, nosotros pensamos con palabras.

¿Por qué Los años asesinos?

El título tiene una doble lectura: los años en los que ellos matan, pero también es el tiempo que les mata a ellos. Las elecciones y decisiones que van tomando con el paso del tiempo, que les abocan a un final que tienen muy claro.

¿Cuál fue la dificultad mayor durante este primer libro?

La principal dificultad es el ritmo. En este caso fue muy importante, porque con el vocabulario que escogí no quería renunciar a la sonoridad y eso me costó. Esta novela nace en dos fases, la escribí en seis meses, salió muy rápido, pero la revisión se me complicó bastante. Ya había abandonado el ritmo y el vocabulario y tuve que volver a meterme en todo eso.

En relación a las influencias y la inspiración…

No he tenido más influencias que mi propia experiencia. Salí muy joven en un ambiente «punk», «rocker»… veía a la gente pegarse porque sí, entre nubes de heroína y atracos a farmacias. Yo no tenía que estar ahí, porque era demasiado pequeño, pero como observador aprendí cosas que hoy plasmo en el libro. Aún así, lo importante de la novela son las preguntas respecto a la condición humana que se plantean personajes muy radicales.

¿Qué comparte con El Gato?

Lo único que tenemos en común es que ninguno de los dos hemos sentido nunca respeto por la jerarquía impuesta. Las personas tenemos que demostrarnos a nosotros mismos, y precisamente por eso la jerarquía ha de ser siempre ejemplar.

Dicen que detrás de todo periodista cultural se esconde una pasión oculta por escribir, ¿con qué faceta se quedaría?

Yo no vengo del periodismo, estudié Historia y ya me gustaba escribir en la facultad. La vida me fue encaminando hacia el periodismo y creo que éste puede estropear el estilo a la hora de escribir. En mi caso me quedo como escritor, con un estilo diferenciado y con un margen de tiempo para escribir y dejarme influenciar por grandes literatos. Aún así, con todo lo bueno y con todo lo malo, comparto con García Márquez que éste es el mejor oficio del mundo.

Admite que él no escribió un «best-seller» pero que estaría encantado de que llegara a serlo como lo fue en su día El nombre de la rosa. Considera fundamental educar a la sociedad con una cultura elevada, porque «sí es importante lo que se lee». No le tiembla el pulso para escribir lo que le toque pero prefiere escribir lo que le salga de dentro. Tiende a llegar tarde porque necesita mucho tiempo que le falta al reloj y aunque su móvil no deja de sonar, los que le rodean saben que no pueden intentar cambiarle. Tiene tanto mundo y tanto que contar, que cuando habla de su pequeña cabeza plagada de canas salen mensajes que empapan la habitación en la que se encuentre, con un aura de respeto y admiración que cualquiera podría advertir. No sabe de humor, pero se ríe con una humildad frágil y enternecedora. Es tan magistral y perfeccionista con cada palabra, que al pasar la primera página de Los años asesinos nace de tus entrañas la necesidad de una segunda parte. No se preocupen, que si verdaderamente existe la suerte, tendremos un destino muy largo para con Javier Ors.

Los años asesinos

  Ficha:

Título: Los años asesinos

Editorial: Los libros del Olivo

Páginas: 177

Precio: 16 €

 

 

 

 

 

 

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