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31 octubre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 2593 Letras

La vigencia de la neurosis, el acierto de Freud

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Ya han pasado más de ochenta años desde que se publicó un libro que comienza pasando revista a los cimientos de la religión, a su base originaria. Algo que su autor, un neurólogo austríaco procedente de una familia judía, calificó como «sentimiento oceánico». A priori podría parecer un texto sin más ambición que la de arrojar un poco de luz sobre el fenómeno religioso, que no es poco. Pero lo que Sigmund Freud escribió es un ensayo que está hoy mucho más vigente que en el momento de su publicación, El malestar en la cultura.

La tesis fundamental es tan sencilla como demoledora: una sociedad cada vez más avanzada pondrá sobre los hombros de sus individuos una carga cada vez más pesada que se convertirá en una ansiedad cada vez más generalizada. ¿Por qué? Porque los avances sociales crean exigencias individuales que se pagan con la represión de los propios instintos.

El transporte público, por poner un ejemplo cercano, acerca las distancias, pero a la vez aumenta la cantidad de tareas que una persona se puede exigir a sí misma, al poder estar en muchos lugares al día. ¿Quién no ha corrido nunca para coger un metro del que ya empiezan a salir pasajeros, aun sabiendo que solo hay que esperar cinco minutos para que pase el siguiente? Los comportamientos más triviales dejan entrever que El malestar en la cultura fue un libro que señaló y describió la patita que la neurosis asomaba por debajo de la puerta hace cien años. El paso del tiempo demuestra que el ensayo ha resultado ser ser uno de los textos más vigentes de la teoría psicoanalítica.

A más progreso, más neurosis. Esta sentencia a la vida anímica es inapelable y casi resulta  incuestionable. Al menos, eso parece, teniendo a mano los datos facilitados por el Congreso de la Sociedad de Médicos de Atención Primaria que el sábado 26 de octubre cerró sus puertas en Barcelona: el 40% de las consultas médicas de atención primaria se deben a la ansiedad. «La crisis económica», dijeron algunos expertos. Probablemente, Freud no estaría de acuerdo con una explicación tan somera. Más bien, diría que el incansable avance de la sociedad hacia un futuro incierto es lo que eleva el miedo entre los hombres. Una teoría que quizá explique mucho mejor por qué Valium se convirtió en el medicamento más recetado del mundo pocos años después de su invención.

El padre del psicoanálisis
Freud no tuvo miedo. Ni ansiedad. Ni neurosis. Ni falta que le hizo. Desafiando los tabús sociales de la Europa de principios del siglo XX, construyó una teoría, el psicoanálisis, que, si bien es tratada hoy en día por muchos como poco más que charlatanería, son pocos los que se atreven a menospreciar el impacto social, cultural y académico que significó. La obra más conocida en este campo es, sin duda, La interpretación de los sueños, pero, si esta se sumergía en un mundo que muchos consideran hoy más místico que científico, El malestar en la cultura trató un tema que ya en el momento de su publicación, año 1930, era palpable: el aumento de la neurosis. Se trata de una explicación a este hecho que no intenta proponer cura ni remedio. No es una disertación sobre el origen inconsciente de la neurosis de cada persona, sino una descripción del fenómeno y las causas sociales no tanto de su aparición como de su evolución.

Es probable que sea ese uno de los factores que han contribuido a que El malestar en la cultura sea respetado incluso por quienes se muestran condescendientes ante la sola mención de Freud. Que no trata de un fenómeno oscuro ni oculto por innumerables capas de cuestionable inconsciencia, sino de algo evidente: la represión que  la sociedad impone al individuo. Ese es el motivo de que el ensayo sea hoy más vigente que nunca, porque la sociedad está más avanzada que nunca.

No se ahonda aquí en cuestiones polémicas como el complejo de Edipo o la sexualidad infantil. No se profundiza de forma abstracta en las perversiones sexuales al modo de Tres ensayos sobre teoría sexual, obra, esta sí, mucho más caduca. La vigencia de El malestar en la cultura está bien cimentada y probablemente lo esté mucho más dentro de cincuenta años. Su pervivencia, y la de la propia neurosis, parece garantizada.

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