El amor patético y cómo (intentar) sobreponerse a él en el Teatro Alfil

La comedia argentina Rotos de amor, estrenada el pasado mes de octubre en España, llega al Teatro Alfil todos los miércoles hasta el 23 de febrero.

El amor es algo que siempre ha estado presente en las distintas manifestaciones artísticas acaecidas a lo largo de la historia, y esto es algo que responde a una sencilla pregunta aplicable a prácticamente cualquier periodo desde que nuestros ancestros comenzaron a poblar el planeta: ¿quién no se ha enamorado alguna vez?

Y si hay algo que hemos aprendido de la cultura es a transmitir, hacer florecer y representar sentimientos, aunque algunos sean tan abstractos (¿quizá el que más?) como el amor. Tanto, que los hay que incluso van a la raíz y se preguntan directamente y casi siempre sin éxito qué es el amor, como el gran Vicente Folgar (DEP), aka Cody MC, en una canción de su banda Kannon:

Defínelo, descríbelo, inténtalo, ¿qué es el amor?
Bueno, malo, feo, raro, intenso, extraño… ¿qué es?
¿Acaso es pensar que igual no hay otra? ¿Acaso es teñir todo color rosa?
O acaso… acaso es llorar en noches a solas…

Son incontables, pues, las referencias a este tema en películas, canciones o, lo que en este caso nos ocupa, obras de teatro. Y sobre esa premisa del no-saber-qué-es el amor ni hasta dónde te puede llevar parte Rotos de amor, comedia argentina escrita por Rafael Bruza y dirigida en España por Agapito Martínez y Jorge Cassino; porque, si hay un pueblo que entiende sobre pasiones, ese es el argentino.

En su búsqueda de la definición del amor, Rafael Bruza nos lo acaba dividiendo en dos grupos: el amor admirable (acaso es teñir todo color rosa) y el amor patético (o acaso es llorar en noches a solas). No tiene otra vuelta de hoja, y a ello se acaban resignando cuatro amigos argentinos que, por una razón o por otra, pasaron a la vez del primer al segundo grupo: Rodríguez, Artemio, Berlanguita y El Mudo, interpretados por Guillermo Dorda, Víctor Boira, David Tenreiro y Roberto Dragó (estos dos últimos ya participaron en su estreno el pasado mes de octubre en formato de lectura dramatizada).

Patético no solo por la causa de su desamor, que mezcla lo cómico con lo trágico (como pequeño spoiler, está el típico caso de mujer que se lía con el profesor de tango), sino por lo que intentan hacer para recuperarlo y la solución que se les ocurre para tratar de curarse de aquello que se conoce comúnmente como mal de amores, que, espero que como casi todo el mundo, doy fe de que existe. Y es que, como indicaba anteriormente, aunque la obra es en clave de humor, las historias de los personajes que los han llevado hasta ese punto son verdaderamente tristes; tanto dolor que hace reír.

Cuando acudí a su representación en Matadero Madrid hace unos meses (organizada entre el Teatro Español y el Departamento de Cultura de la Embajada Argentina), tenía el bagaje de cualquier espectador medio sobre el característico humor del país sudamericano, consistente en el visionado de unas pocas comedias argentinas (la mayoría protagonizadas por Ricardo Darín), algunos sketches de Les Luthiers y la lectura esporádica y casi siempre sin buscarlo de viñetas de Mafalda (si es que se puede considerar comedia), lo que me había creado una definición muy genérica del humor argentino como eminentemente costumbrista. Sin embargo, como se pudo apreciar en aquel ciclo de ‘Lecturas argentinas’ , se trata de un humor rico, como lo son sus gentes, con mil ramificaciones y propuestas.

Ahora se podrá disfrutar de la comedia Rotos de amor todos los miércoles a las 22h. desde este día 12 de enero, y hasta el próximo 24 de febrero, en el Teatro Alfil de Madrid (calle Pez nº10). Al ser un texto argentino hay, por supuesto, referencias a su cultura: los antes mencionados tangos, serenatas, la puta que te pariópara conformar un relato ameno, que produce generosas risas y hace reflexionar sobre todo lo que lleva tras de sí el amor. Y que, aún con todo, sigo sin saber qué esCartel de 'Rotos de amor' en Teatro Alfil

Manuel Gamarra

Cultureta crónico, friki furgolero y pesado en general. Periodista aporreador de teclados. La música anoche me volvió a salvar.

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