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París a máxima resolución

Ojalá Madrid playa

‘Ojalá’ o la otra playa de Madrid

15 noviembre, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1816 Miscelánea

Déjate seducir por Lisboa y su costa

Lisboa

Vistas desde el Castillo de San Jorge/ Fotografía de Paz Olivares

 

Muchos son los rincones europeos que pueden deleitarnos con unos días de relax y turismo. Primer consejo: fuera móvil. Segundo: adéntrate en las calles de Lisboa y en la costa que la rodea.

Como una perfecta combinación entre San Francisco y Río de Janeiro, nos daba la bienvenida la capital portuguesa. Tras cinco horas de viaje en coche desde Madrid, nuestro destino comenzaba a extenderse desde el puente 25 de abril, una réplica del famoso Golden Gate californiano. A la derecha, una copia del Corcovado brasileño dominaba la ciudad desde lo más alto. Y, por supuesto, el Río Tajo en su mayor esplendor, desembocando en el Océano Atlántico.

Lisboa

Torre de Belém (Lisboa)

Lo mejor es comenzar por el principio, así que se debe saber antes de nada es la razón por la que se reconstruyeron la gran mayoría de los edificios que componen la silueta del lugar. Fue a raíz del terremoto que hubo en 1755 y que causó un desastre sin igual para los portugueses. Desde ese momento, no hubo otra opción que seguir adelante y hacerle un lavado de cara a la fascinante Lisboa.

Llegar a esta maravilla de la costa oeste de la Península Ibérica merece que el primer lugar al que acudir sea aquel en el que barcos procedentes de todos los puntos del planeta desembarcaban hace unos cuantos siglos. La Plaça do Comércio es el punto neurálgico y el más turístico, ya que es donde se alzó el antiguo Palacio Real durante 200 años. Desde allí, las vistas al río son impresionantes.

Cuesta arriba, cuesta arriba y sigue subiendo. Eso sí, siempre podemos ahorrarnos un paseo con la lengua fuera y utilizar uno de los famosos tranvías para subir al Castillo Sao Jorge. Una vuelta por dentro de sus murallas dará unas vistas casi aéreas de todo el conjunto de la localidad. Y un dato curioso es que desde esa altura se puede comprobar que Lisboa es, en su mayoría, de un color anaranjado y es eso lo que le da un aspecto alegre y cálido.

A la bajada, las callecitas y tiendas invitan a asomarse para no perder detalle. Y así llegamos a la Rua Augusta, la calle peatonal por excelencia que ayuda a recorrer el largo de la urbe sin dejar pasar por alto nada. Pero lo que no podemos olvidar de este tesoro luso es el paseo por la avenida paralela al Tajo y que va desde el Monumento a los Descubridores hasta la famosa Torre de Belém, que se construyó con el objetivo de defender la ciudad.

Palacio da Penha

Palacio da Penha (Sintra)

Y hay que decir que los alrededores no se quedan atrás y tienen mucho que aportar a una escapada como esta. Cascais, Estoril, Sintra … Varios son los lugares que recorrer si viajas a la costa lisboeta. Por ejemplo, hago alusión a la Playa de Gincho, paraíso para los amantes del surf y todas sus variantes, aunque no recomendada para aquellos que buscan una piel morena. Aunque siempre hay que acercarse para disfrutar de una mañana de olas y contacto con la arena.

¿Sintra? Un pueblo escondido en la sierra y lleno de colorido, con palacios en los que la familia real portuguesa residía en verano y desde los que gobernaban desde lo más alto con inmejorables vistas a la zona. Puede que el mareo se apodere de vuestras mentes y cuerpos durante la subida en coche, pero merece la pena sin duda. Y qué decir del Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa y que da la bienvenida al Océano Atlántico en un paraje azotado por el viento.

En definitiva, Portugal, su capital y todo lo que la rodea es digno de ver en cualquier época del año.

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