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MAMET, EL POLIFACÉTICO

30 marzo, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1054 Cine y Televisión

CASI UN AÑO SIN LOST

Después de que haya pasado casi un año desde que acabó Perdidos (Lost), se puede hacer un análisis más frío y objetivo. Seguro que aunque no vieses la serie has oído alguna vez hablar de ella e, incluso, muy posiblemente, sabías cuándo iba a acabar. Porque ha sido una de las series más seguidas de los últimos años y, sobre todo, la que más comentarios suscitaba. Habrá quien diga que Los Soprano, Mad Men  o The Wire son mucho mejores pero nadie puede discutir que Lost marcó un antes y un después en la ficción televisiva. Sin tener unas cifras de audiencia en televisión espectaculares, arrasó verdaderamente en internet (seguramente haya sido la serie más descargada de los últimos años). Y es que desde su estreno, allá por el año 2004, multitud de foros y páginas web se crearon para discutir teorías sobre qué era el humo negro, Dharma, los números o la isla.

Las premisas de Lost: una serie coral, un reparto multirracial, flashbacks en todos los capítulos, mezcla de misterio y acción, funcionaron muy bien y durante seis años asistimos a las venturas y desventuras del grupo de supervivientes del Oceanic 815. Jack, Kate, Sawyer, Locke, Sayid, Hurley y los coreanos eran todos personas con problemas; tenían en común que ninguno llevaba una vida feliz antes de estrellarse el avión, aunque la vida de unos era más desgraciada que la de otros. A eso se le añadió un escenario que era como un personaje más: la isla y sus misterios.

Por  todo ello, en la madrugada del 23 de mayo de 2010 muchas personas permanecieron despiertas para ver en directo, o en casi directo, el final de la serie que J.J Abrams (Felicity, Alias, Fringe) creó, para luego abandonar y dedicarse al cine. Damon Lindelof y Carlton Cuse fueron los encargados de seguir con ella y de darle un final. Para ver el último capítulo de dos horas se organizaron quedadas en los cines de medio mundo, incluidos los de España. Con Lost se hizo algo hasta ahora inédito en nuestro país, emitir el capítulo final con sólo unas horas de retraso respecto a su emisión en Estados Unidos. Una auténtica odisea que no salió tan bien cómo se esperaba, porque el canal encargado, Cuatro, tuvo problemas con los subtítulos. A pesar de los contratiempos hay que aplaudir la iniciativa y el esfuerzo realizado, como digo, algo único en España.

Sin embargo, toda la expectación que levantó no evitó que el final defraudase a mucha gente, que se sintieron engañadas por haber dedicado seis años de sus vidas a seguir una serie que luego no respondió a casi ninguna de las preguntas planteadas. También hubo quien entendió que el final fue la mejor manera posible de cerrar la serie dejando que cada cual siguiera teorizando y que Lost era una serie de personajes más que de misterio y que el viaje había válido la pena.

Eso es verdad a medias. Está claro que todos seguíamos la serie por ver cómo Jack se enfrentaba a sus neuras y a su afán de querer arreglar todas las cosas; por ver si Kate conseguía escapar de la justicia y dejaba de huir o por ver si Sawyer y Sayid resolvían sus demonios del pasado. Pero también es cierto que sin el misterio de qué era la isla, los números, el humo negro o Dharma la serie no habría despertado tanto interés. Así que el final gustó y convenció a aquellos que estaban más interesados en los personajes que en los misterios.

Puede que el problema fuese que se esperaba demasiado. La serie había despertado mucha expectación y un final que contentase a todos era muy complicado. Los guionistas optaron por no responder a las preguntas planteadas y esa fue una decisión bastante arriesgada. La última temporada fue anunciada como “la temporada final” (season finale), ya que desde la tercera temporada se sabía cuántos capítulos de Lost quedaban (Lindelof y Cuse decidieron que para mantener la calidad de la serie era necesario ponerle una fecha de caducidad cercana).  Por eso se esperaba mucho de ella y la verdad es que fue la temporada más floja de todas, con personajes que aparecían y desaparecían sin ninguna trascendencia (como el chino del templo o el que se parecía a Lennon), con demasiados capítulos en los que parecía que nada relevante ocurría y, sobre todo, con un final poco apropiado y merecido para personajes tan queridos e importantes como Sayid.

A pesar de todo, el vacío que dejó Lost fue muy grande. Antes de que acabase ya quisieron rellanar el hueco que iba  dejar. Lo intentaron con Flash Forward que tras un buen piloto resultó una serie fallida. Lo mismo ha pasado este año con The Event, la vendieron como la nuevo Lost y lo único que tienen en común es un reparto extenso. Fringe, serie creada por J.J Abrams también tiene reminiscencias lostianas pero tampoco llega a su nivel. Porque series como Lost son únicas. 

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