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‘Alpha’: la fragmentación y el dolor impresos en mármol

Fotograma de 'Alpha' de Julia Ducornau
Fotograma de 'Alpha' de Julia Ducornau

Julia Ducournau, ganadora de la Palma de Oro en 2021, impacta pero confunde con una metáfora fantástica de la epidemia del VIH

Dos imágenes definen, en sus primeros minutos, lo que va a ser Alpha.

La primera, la escena de apertura, ya deja claro cómo va a ser la experiencia del espectador a nivel sensorial. La cámara avanza con seguridad sobre una confusa imagen donde flota una nube de tonos naranjas, rojos y marrones, pero en la que no puede identificarse ningún sujeto. Poco a poco, algo sólido se forma en la lejanía. Es un agujero en un suelo desértico, los tonos terrosos que se veían antes no eran más que polvo en suspensión. El dispositivo se detiene. La grieta se va abriendo como si por arte de magia se tratara hasta formar el nombre de la protagonista de la cinta, que pone título al segundo largometraje de Julia Ducournau (París, 1983). La película se siente así: dura, seca, incómoda. El viaje que propone la directora francesa a lo largo de la película es uno que seca al espectador por dentro, casi lo paraliza, como ocurre con los personajes.

La siguiente escena empalma con la primera. La cámara atraviesa el nombre de Alpha y emerge en un territorio igual de agreste, pero de tonalidades pálidas, blanquecinas y moribundas. El terreno está lleno de agujeros desagradables y oscuros, parecidos a géiseres. De pronto en pantalla aparece, aumentada por la lente macro del objetivo, la punta de un marcador negro que une en una línea todos los orificios. La mano que mueve el rotulador es de la protagonista, pero cuando apenas tenía unos pocos años de vida. Lo que está pintando no es otra cosa que el brazo de su tío Amín, acribillado por pinchazos de jeringuillas.

Desde estas dos escenas, se pueden tocar todas las intenciones de la película. En primer lugar, está la cuestión del gran interés de Ducournau por la cuestión de la corporalidad. En su ópera prima, Titane, que le valió la Palma de Oro del Festival de Cannes, esto ya se hacía patente. Aquí no se trata tanto de las transformaciones del cuerpo ni el body horror, sino de cómo este define al individuo y modifica irreparablemente la mirada que vierten los demás sobre él. Lógicamente, esto se une a la cuestión de las adicciones y de ahí al gran estigma que se tiene hacia las enfermedades transmitidas por fluidos. La clave de la película está ahí: la mirada.

Fotograma de 'Alpha' de Julia Ducornau
Fotograma de ‘Alpha’ de Julia Ducournau

Una historia cruda, real y fragmentada

Alpha es el nombre de la protagonista, una niña de 13 años, que vive con su madre soltera en una ciudad indeterminada (parecida a Nueva York) y una época indeterminada (parecida a los años 80). En los últimos años, una extraña enfermedad contagiada mediante el contacto de fluidos está propagándose a ritmo preocupante. Los efectos son de lo más insólito: los enfermos se empiezan a transformar rápidamente en estatuas de mármol. El mundo de esta familia se derrumba cuando Alpha vuelve un día de una fiesta con un tatuaje en el brazo. 

Partiendo de esta base tan real, Ducournau se lleva a su terreno, el del cine fantástico, lo que es un drama atroz. La cinta sabe esquivar los lugares comunes para tratar la cuestión del estigma al que acaban abocados quienes sufren estas enfermedades, no el pasar o luchar contra la enfermedad. Para ello, desarrolla su historia en unos pocos días después del tatuaje que se hace Alpha. Concretamente, los días que tardan en darle los resultados de su prueba de sangre. Mientras tanto, la protagonista intenta seguir haciendo vida normal, pero los rumores vuelan y la aparición de su tío, recién salido de un centro de desintoxicación solo vuelve peor el asunto. Una de las escenas lo muestra bien. Tras un accidente en una piscina pública, una nube de sangre salida de su nariz rodea a Alpha, mientras todos los otros niños huyen despavoridos, y el rojo tiñe el calmado azul de las baldosas.

Fotograma de 'Alpha' de Julia Ducornau
Fotograma de ‘Alpha’ de Julia Ducournau

La película se mueve en una espiral de violencia contenida. Sin llegar a ser explícita en ningún momento, logra incomodar y mantener en tensión durante todo su metraje. El malestar de Alpha está en su vertiente psicológica, que tortura a personajes y espectadores por igual en una experiencia asfixiante y cargada de ansiedad. Sus imágenes son duras, secas, donde la directora opta por una puesta en escena en la que destaca una nerviosa cámara en mano y una fotografía apagada y desvaída que habla de la desazón existencial de una infancia vivida con miedo.

Por impactantes que sean sus imágenes y claras sus intenciones, la narrativa de Alpha acaba desordenándose conforme pasan los minutos. Ducornau forma tajantes aforismos lanzados en todas direcciones, y conforme van apareciendo personajes (el tío Amin, especialmente) el film se acaba desbordando con demasiados elementos y decisiones que resultan precipitadas. En este sentido, los saltos continuos entre dos líneas temporales y las secuencias musicales solo logran volver la trama algo más confuso. Titane ya era una muestra de esto, pero en aquella se pretendía una abstracción que era parte fundamental para provocar lecturas no unívocas. Alpha por su parte, no parece buscar eso, sino volverse más compleja y trágica. Lo consigue, por supuesto, pero pagando el precio de ahogarnos en un mar de dudas que, junto al poder de sus imágenes y la potencia de su temática, hace que el espectador salga del cine totalmente aturdido.

Fernando Olmedo

Graduado de Comunicación Audiovisual por la UNAV, cursando el Máster en Periodismo Cultural del CEU San Pablo. Especializado en crítica de cine, enamorado de todas las otras formas de cultura.

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