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Bella y Bestia de sexo y mutilación

‘El Cuerpo’ un thriller entre luces navideñas

27 diciembre, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1403 Cine y Televisión

A Dios pongo por testigo

Vivian Mary Hartley, o Vivian Leigh, como se prefiera, era de esas actrices de antaño de mirada verdosa profunda que, o enamoraba, o te hacía detestarla. Nacida en la India el 5 de noviembre de 1913, demostró gran interés por la interpretación. Participó en numerosos eventos teatrales que se organizaban en los distintos colegios británicos por los que pasó. Finalmente ingresó en la existosa Royal Academy of Art consiguiendo debutar en teatro en The Green Sash y en la gran pantalla con Things are looking up.

 

El viento en unas manos grandes

Leigh tuvo la suerte de que Laurence Olivier se fijara en ella para interpretar el papel de Ofelia en la adaptación de Shakespeare, Hamlet. Su despampanante belleza la ayudó en sus trabajos como modelo, y tuvo que aprender a esconder su gran defecto: unas manos enormes. 

Pero no le impidió ganarse a David O. Selznick para que interpretara el papel principal de la novela de Margaret Michell Lo que el viento se llevó. Dirigida por Victor Flemming, rivalizó el papel con otras grandes estrellas como Bette Davis o Katherine Hepburn. Con su interpretación obtuvo el Oscar a mejor actriz en 1939. 

En 1948 se puso a las órdenes de Julien Duvivier para interpretar a Anna Karenina, junto a Ralph Richardson. Que por cierto, a punto está de estrenarse la película de Keyra Knightley bajo el mismo rol.

 

El crepúsculo de Scarlatta

El 1951 participó en la película Un tranvía llamado deseo, y posteriormente se trasladó a Sri Lanka para rodar Elephant Walk, pero sufrió una descompensación y la Paramount decidió sustituirla por otra grande: Elyzabeth Taylor. Tras una larga agonía provocada por la tuberculosis falleció el 7 de julio de 1967. 

Aquella actriz que consiguió que muchos la odiáramos por su papel brillante de Scarlatta como una niña arrogante y mal criada, jamás ha podido ser sustituido por ninguna otra actriz. Y si alguien opinase lo contrario, sólo nos quedaría parafrasear a Clark Gable en el mismo filme: Francamente querida, eso no me importa.   

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