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14 diciembre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 1455 Música, Sin categoría

Sidonie…como si no hubiera mañana

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Sidonie

Sidonie

Entre la lista de leyes no escritas hay una que dice que una fiesta de despedida debe ser un acontecimiento inolvidable. Sidonie pareció tenerlo bastante claro el pasado jueves 10 de diciembre en la madrileña sala La Riviera y bajo la consigna de: hasta que el cuerpo (y la voz) aguante, el grupo catalán dio un recital como si no hubiera mañana para despedir la gira de su último disco, Sierra y Canadá (2014). Fue una noche en la que todo podía pasar: besar a una chica del público, subirse a la barra… Pero recapitulemos, vayamos por partes.

La noche la abría Correos, un grupo potente de toques rock y post-punk que iba poniendo a la gente a tono de la misma manera que lo iban haciendo las primeras copas de la noche. Canciones como Snobs sugerían los primeros amagos de movimientos entre el público; y sus letras, más de una cargada con mensaje crítico, llamaron la atención del respetable y dejaron a alguno con ganas de más.

Cuando el escenario volvió a estar vacío, Egon Soda y su Dadnos Precipicios (2015) comenzó a sonar por toda la sala. Este contexto me recordó aquel concierto suyo de hace semanas en el Teatro Lara y me hizo pensar en la gran calidad musical que hay actualmente a nivel nacional y en la suerte de poder disfrutar de ello. Mientras, la sala comenzaba a llenarse poco a poco.

Con la bandera de Canadá de fondo, Sidonie salió al escenario con su alineación titular: Marc Ros (voz y guitarra), Jes Senra (bajo), Axel Pi (batería), Marcel Caballé (guitarra) y Edu Martínez (teclados). La cerveza en la mano de Jes confirmaba la intención de convertir la noche en una fiesta.

Desde el principio la banda tenía claro que debía ofrecer algo distinto al resto de actuaciones de la gira y por eso empezaron con un arsenal de canciones potentes y distintas a los temas con los que habían iniciado el resto de conciertos. Fascinado, La sombra y A mil años luz fueron las canciones elegidas. Cada una de un disco distinto para así complacer a los fans del grupo desde el principio. Inmediatamente después llegaba una de las canciones culpables del éxito de la gira y el último disco. Los primeros sonidos de Sierra y Canadá ya la delataron. Estaba tardando en llegar. En 15 minutos ya habían tocado cuatro canciones de las que funcionan, de las que sabían que gustaban al público; la fiesta iba cogiendo forma.

Sidonie sobre el escenario

Sidonie sobre el escenario

Llegó el momento de saludar. Marc se acercó al micrófono para confirmar lo que las canciones estaban comunicando: «Vamos a convertir la despedida en una fiesta». Inmediatamente después, la canción con nombre de cantante francés de los años 70 comenzaba a sonar. Gainsbourg consiguió llevar la fiesta al escenario y provocó más de un sugerente movimiento corporal entre los miembros de la banda a la vez que con su letra transportaba al público a una buhardilla del parisino barrio de Saint Germain; y de ahí trasladarse al Londres de los años sesenta con la psicodélica Feelin Down 01, canción con la que lo más veteranos seguidores de la banda recordaron aquel segundo rompedor disco, allá por el año 2001 (siempre demasiados arriesgados para su tiempo).

Pero si hay un disco al que se le tiene cariño y que la gente ansía escuchar en un concierto de Sidonie es Costa Azul (2007). Este álbum se ganó un hueco (bien merecido) en la lista de muchas revistas y programas de radio en el año 2007 y se convirtió no solo en el primer contacto con la banda para muchos de los que estaban allí, yo incluido, si no también en la banda sonora de mucho de nuestros viajes. Por todo ello, es fácil entender que cuando sonó una especie de canción-híbrida entre Los olvidados y Giraluna la gente se volviera eufórica y nostálgica a la vez.

Marc bajo el foco

Marc bajo el foco

El concierto continuó y sin dejar descanso a cada una de las voces del público, Sidonie hizo, como si de una terapia se tratase, que fuéramos capaces de gritar «el te quiero que jamás podré decir» con la interpretación de En mi garganta

En medio del despertar emocional y físico que generaron aquellas canciones, llegó la calma a esta fiesta. Era el momento de presentar una nueva canción: Eclipse personal, tema de la banda sonora de la película Indicencias, presentado tan solo 24 horas antes y que les ha valido para ser candidatos a los Premios Goyas. La canción recuerda a una mezcla entre los sonidos de pop británico de los primeros discos y la psicodelia del (aún incomprendido) Fluido García (2011). Su característica de canción recién estrenada llevó al público al silencio, pero su calidad lo mantuvo bailando.

De vuelta al último disco, la banda catalana no quiso romper de golpe la calma creada por Eclipse Personal y comenzaron a tocar Hiroshima mi amor, titulo que nos volvía a recordar la cultura francesa y su influencia entre los miembros del grupo.

«Mi madre no me deja desnudarme», reconocía Marc mientras hacía un amago de quitarse la camiseta, algo que no es nada raro ver en cada uno de sus conciertos. Aquel gesto ponía en evidencia que el disfrute, la euforia, la alegría (y el alcohol) que iba subiendo en la la celebración, comenzaba a tener efecto en el grupo y el público; y justo en ese momento, con el respetable volcado, no podía sonar otra canción que no fuera Yo soy la crema, tema de ego puro y duro y con un mensaje claro a aquellos que desde hace años dicen eso de que «Sidonie ya no saca buenos discos».

Como en todos los conciertos de la banda, el sitar no podía faltar a la fiesta. Con su sonido a disposición de las manos de Jes, la banda interpretó una «de cuando estuvimos en la India». Canción solo apta para los más puretas de la banda. El resto del público aprovechamos para ir al baño o pedir otra copa.

Dejando atrás aquellos sonidos exóticos de la India, llegó uno de los grandes momentos de la noche. «La vamos a cantar juntos ¿vale Madrid?», anunciaba el señor Ros a modo de preparación hacia lo que se avecinaba. Las primeras notas del piano levantaron más de un grito y delataron la canción que sonaría a continuación: Un día de mierda. Tema o, más bien, himno nacional de todo domingo de sofá, resaca y corazón roto que todos cantamos al unísono en un acto por sentirnos comprendidos unos con otros. La peculiar puesta en escena con la que Marc canta este tema en los directos, dio lugar a una de las anécdotas de la noche cuando subido a hombros entre el público besó en la boca a una chica, muy guapa por cierto, que también se encontraba a hombros de su amiga.

Marc en barra

Marc en barra

Después de este gesto del cantante con la chica del público tocaba una canción de (des)amor que hablara de besar «como James Dean». Era el turno de Silvia. «Hacía tiempo que no la tocábamos», recordaba Marc, y para celebrar su regreso no vio otra forma mejor que cantar encima de las barras del local y pidiendo prestado algún que otro sorbo de cerveza a cualquiera del público que estuviera cerca. Esto ya era una auténtica fiesta de despedida. Solo faltaba el invitado sorpresa, en este caso invitada porque fue la gran Zahara. Con su dulzura y su vestido corto llenó el escenario de atractiva magia, ambiente propicio para la interpretación de Funeral y posteriormente llevar a La Riviera al éxtasis más tierno con Un día más en la vida.

Zahara con Sidonie

Zahara en el escenario con Sidonie

Tras la salida de Zahara del escenario volvía el Fluido García (2011) a través de la picotrópica y larga, muy muy larga, canción de El bosque. Tema que fue un prólogo del gran momento que vendría en los próximos minutos con la interpretación de dos temas que forman ya parte de la vida de todo seguidor del grupo: Costa Azul y El incendio. De esta forma el grupo llegaba al, ya típico, falso final del concierto. «Gracias Madrid», gritaban antes de salir del escenario.

Mi hermano me dijo una vez que «una fiesta no es una gran fiesta si no hay un ukelele de por medio». La banda debía pensar como él y a su vuelta al escenario, Marc con ukelele en mano interpretó una lenta versión de El mismo destello. La noche continuaba y llegaba el momento romántico. Comenzaban a sonar los primeros acordes de Por ti, posiblemente una de las canciones más empalagosas del mundo, pero nos daba igual, ¡al revés!, en aquel momento todos nos acordamos de alguien y celebramos el gran invento que es el amor.

En medio de aquel clima romanticón que dejó la última canción, el despeinado y agotado cantante nos recordaba que era viernes. No hacia falta más para saber que en los próximos minutos llegaríamos «hasta el cielo» al son de Nuestro baile del viernes.

Para finalizar, Estáis aquí, el himno generacional de las noches de euforia, fue la encargada de cerrar la fiesta. Una celebración que dejó cuerpos sudados, gargantas sin voz, copas vacías y un concierto difícil de olvidar. Con estas consecuencias, Sidonie se despidió por todo lo alto de Madrid y los escenarios, y nosotros nos consolaremos hasta su vuelta cantando aquello de «no puedo veros pero sé que estáis aquí».

Sidonie entre aplausos

Sidonie entre aplausos

 

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