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9 junio, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1710 Letras

Divagaciones en un País de Maravillas a Través del Espejo

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Benjamin-Lacombe

Alicia conoce al Gato Cheshire. Benjamin Lacombe

Un paseo en barca condujo a un subterráneo mundo que pasaría a ser llamado Maravillas. Sin embargo, aquel nuevo universo que consiguió encandilar a tres niñas que lo escuchaban y un caballero que acompañaba a su narrador, fue fruto de la instantaneidad y el subconsciente.

La petición de Alicia Liddell, por tener aquella historia en sus manos, hizo que Lewis Carroll (Charles Lutwigde Dogson. Reino Unido, 1832-1898) inmortalizara en el papel las palabras e imágenes de un nuevo País que cambiaría la visión de la literatura infantil. Pues, en aquella época de la Inglaterra Victoriana, era casi obligatoria la intrusión de una moraleja final, mientras que Alicia en el País de las Maravillas rompió aquellas normas estipuladas, recibiendo incluso el reconocimiento de la reina Victoria.

El 150 aniversario de su publicación fue un hecho más que sonado durante el pasado 2015, no obstante, las exposiciones o la renovación en sus ilustradas ediciones decidieron seguir con el cambio de año. Así, a mitad de camino del presente 2016, continúan apareciendo nuevos trabajos sobre Alicia, como es la reciente versión del ilustrador parisino Benjamin Lacombe.
A lo largo de un siglo y medio no han faltado las teorizaciones y explícitas notas sobre cada una de las frases y articulaciones fonéticas que su autor realizó, y es que si uno quiere disfrutar en su mayor esplendor con una historia donde el juego se plasma también a través de la sonoridad, es más que recomendable leer el libro en su lengua materna.

Dejando a un lado ciertos aspectos sobre las referencias o influencias filosóficas que Alicia en el País de las Maravillas pudo transmitir, es evidente que la historia no está destinada a un único público, ya que aquella niñez que se sumerja en un mundo plagado de oscuras sombras, según algunos,  no llegará a entender la plenitud de los hechos.

Ilustración de John Tenniel

Ilustración de John Tenniel

Por otra parte, algunos aspectos tratados a lo largo de sus páginas son incuestionables, a la par que esenciales.
1. La curiosidad, energía e imaginación de una protagonista que plasma la esencia de la infancia, que se cuestiona todo lo que a su alrededor acontece. Aunque no puede pasar inadvertido el gran contraste que surge ante la superación de Alicia, la cual no deja que la hostilidad generalizada del entorno la influya, a la par que refleja una gran capacidad de aprendizaje. Cualidades con una gran carga moral que puede servir de igual forma para adultos.
2. La constante transformación del cuerpo, asociada a la relación creada entre apariencia e identidad.
-En estos momentos no estoy muy segura de quién soy. El caso es que sé muy bien quién era esta mañana cuando me levanté, pero desde entonces he debido sufrir varias transformaciones.
– No me puedo explicar a mí misma porque yo no soy yo.
3. La ironía de su autor ligada al concepto de la locura, algo que en realidad plasma un Gato de Cheshire con una enorme sonrisa que flota y recuerda a la misteriosa luna menguante, a la vez que cuestiona el sentido de la razón, la lógica y la ‘cordura’.
-Pero si yo no quiero estar entre locos.
-¡Ah! Pero no puedes evitarlo. Aquí estamos todos locos. Yo estoy loco y tú también.
4. El tiempo, que organiza la rutina y la vida de las personas de tal forma que el Sombrerero habla de él como un sujeto, conduciendo al inevitable planteamiento sobre la función y el sentido del mismo.
Los cuatro puntos mencionados surgen como seña de Lewis Carroll, quien transcurridos seis años decidió, en 1971, que Alicia volviera a un mundo de fantasía, nuevamente inducido por el sueño y la extraordinaria originalidad de una niña que “jugaba a veces a ser dos personas distintas”, que “se había acostumbrado de tal modo a que le ocurrieran cosas extraordinarias, que le pareció una tontería que la vida siguiera siendo normal”.

Aunque la segunda obra del artista no haya gozado de la misma fama que su primera parte, pues a veces se combinaban como un conjunto, valga decir que el empujón del 150 aniversario ha servido también para recordar un mundo donde todo funciona al revés; un mundo A través del espejo. El cual ha inducido a la producción de nuevos materiales, como las ilustraciones del madrileño Fernando Vicente o la última versión cinematográfica de Disney.

Agiliscosos-limazones. Fernando Vicente

Agiliscosos-limazones. Fernando Vicente

En esta ocasión la inspiración llegó de la mano de Alicia Reikes, una prima lejana del escritor. Aunque la obra plasma la admiración que Lewiss Carrol sentía por el reflejo de las cosas y la inversión de su sentido.
A través del espejo refleja el valor de la metáfora literaria, tratando el asunto de los contrarios en un extraño mundo donde hasta el tiempo parece invertirse, produciendo gran confusión en Alicia.
El ajedrez, elemento de gran recurso simbólico también en el mundo del arte, sirve como metáfora de la vida a la vez que alude a la imagen de los contrarios con sus piezas. Así, a lo largo de una partida donde se desarrolla la historia, la niña (como inocente peón) va aprendiendo sobre el comportamiento de aquellos que la rodean y que nuevamente la critican, de manera constante, ante las diferencias que muestra a la hora de actuar y de ver las cosas.

En un camino de ocho casillas donde se cuestiona si es Alicia la que sueña o ella misma es el sueño, vuelve a surgir el asunto de la identidad, esta vez en un bosque que la hace olvidar su nombre, planteando la importancia del mismo.
Entre la lógica, los nombres y un mundo donde hasta el pudin tiene vida, también aparece la sinrazón. Contrastando con la informativa y pedante figura de Humpty Dumphy, el sinsentido de algunas rimas juega un papel de importancia, anticipando la poética del disparate de su autor.

Así, el más absoluto caos se presencia con el torpe e inventor Caballero Blanco, quien ‘salva’ a Alicia, le dedica una canción y deja una huella en la niña. “Años más tarde evocaría aquella escena como si hubiera sucedido el día anterior”.

Tras un determinado análisis en las historias que Lewis Carroll escribió sobre Alicia asoma la duda de, si aquel mundo no sería en realidad el deseo de un hombre tímido y tartamudo que con sus palabras aspiraba a detener el tiempo en la infancia de aquella niña que lo enamoró.

 

lewis-carroll-alice-liddel1

Lewis Carroll con Alice Pleasance Liddell

Arde el sol. Bajo el cielo soleado
Lentamente una barca se desliza,
Inmersa en una tarde de verano.

Cerca una de otra, apriétense tres niñas,
El oído y los ojos bien abiertos,
Para oír una historia muy sencilla.

Los ecos y el recuerdo de aquel cielo
Extinguiéronse ya, y el frío otoño
Aquel julio estival también ha muerto.

Su espíritu…me inquieta sin reposo:
Alicia caminando bajo cielos
Nunca vistos por los mortales ojos.

Correrán aún niños a mi encuentro,
Esperando una historia muy sencilla,
Los ojos y el oído bien abiertos.

Irán a ese País de las Maravillas,
Donde soñar cuando el verano ha muerto,
Donde soñar cuando se van los días.

En la misma corriente siempre inmersos,
LLevados siempre bajo el sol que brilla…
La vida ¿no es acaso sólo un sueño?

Lewis Carrol

(Poema copiado de la edición de Manuel Garrido, Cátedra, Letras Universales)

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