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23 diciembre, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1395 Cine y Televisión

‘Belleza oculta’: El batacazo de Will Smith

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No existe nada más gratificante que ir al cine sin grandes expectativas para después sorprenderte. Y, desde luego, no hay nada más irritante que sorprenderte para volver a decepcionarte minutos más tarde.

A pesar de las críticas negativas que acaparó Escuadrón Suicida, la película superó los 400 millones de dólares en la taquilla internacional, convirtiéndose en el estreno más favorable de la carrera de Will Smith. Si parecía un buen año para el actor, Belleza Oculta, que se estrena el 23 de diciembre en España, ha conseguido todo lo contrario, recaudando, hasta ahora, 7 millones de dólares en la taquilla americana. Y con razón. Sin embargo, la culpa no reside en nuestro queridísimo príncipe de Bel-Air, sino en una historieta torpe, presuntuosa y previsible.

“Todo lo que terminamos consumiendo es porque al final del día anhelamos amor, deseamos tener más tiempo y tememos a la muerte”. Así comienza el filme de David Frankel –director de El diablo se viste de Prada-. Belleza Oculta reinventa la historia de los célebres fantasmas de las Navidades pasadas, presentes y futuras de Charles Dickens, echando mano de una triada prototípica: amor, tiempo y muerte.

Howard, el protagonista de la trama, es un exitoso directivo de publicidad que tras perder a su hija de seis años cae en una profunda depresión. Sus amigos intentarán sacarle de ese estado de una manera poco convencional. En ese momento, es factible creer que la película tendrá mayor complicación que la ñoñez que muestra el tráiler. No obstante, una serie de sucesos pueriles vuelven a echar el argumento por los suelos, el cual no se salva ni con actores de primer orden como Keira Knightley o Kate Winslet.

Un hombre es capaz de hablar con Amor, Tiempo y Muerte, sin embargo, no nos descubre nada nuevo. Quizás sea el escenario, o quizás la manera de ser pronunciados, pero los diálogos entre Howard y sus ‘fantasmas’ quedan en una superficialidad que logra impacientar al espectador.

En definitiva, un drama de excesiva manipulación, cargado de elementos prefabricados que cumplen, eficazmente, su función de ‘cebo navideño’ -ya que es tremendamente difícil no emocionarse, pero ¡que las lágrimas no os nublen la vista!-.

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