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5 noviembre, 2020 Comentarios (0) Visitas: 168 Cine y Televisión, Crítica

‘La voz humana’: De Sirk y Cocteau a Pedro Almodóvar

El cineasta manchego se embarca en su primera obra no hablada en castellano de la mano de Tilda Swinton

Tilda Swinton, único personaje con voz propia

Hay una línea en el cine que comienza en Douglas Sirk (Escrito sobre el vientoImitación a la vida), pasa por Rainer Werner Fassbinder (Todos nos llamamos Alí, Las amargas lágrimas de Petra Von Kant) y desemboca, por el momento, en Pedro Almodóvar. Un cine con una apuesta formal muy marcada, pero que es común en su acercamiento a una serie de personajes siempre tan apasionados e irracionales en sus sentimientos que están dispuestos a cualquier cosa por el amor. 

La voz humana, primera aventura de Almodóvar en inglés, adapta la obra teatral homónima de Jean Cocteau, que ya había sido llevada al cine hace más de setenta años nada menos que con Roberto Rossellini detrás de las cámaras y Anna Magnani frente a ellas. Esta vez es la actriz Tilda Swinton (Tenemos que hablar de Kevin, Cegados por el sol) la que se encarga de dar vida a esa mujer atrincherada en su apartamento a la espera del amante que nunca llega y cuya llamada ―a través de unos AirPods, quizá la variante más reseñable en una obra tan atemporal por otro lado― trastoca por completo sus planes. A partir de ese momento, la cámara comienza a deslizarse al compás de su protagonista por un apartamento pretendidamente convertido en una casa de muñecas, que podría recordar a un planteamiento similar al de Dogville o las películas de Wes Anderson (El gran hotel Budapest, Isla de perros) en las que participa la propia Swinton, pero que en la práctica adquiere un significado distinto.

Es precisamente esta propuesta, la de construir un falso escenario como metáfora de la frágil y superficial vida que lleva la protagonista, lo más interesante que se puede encontrar en una obra que, no hay que olvidar, apenas dura 30 minutos. Un escenario que podría recordar a cualquier casa típica del cine de Almodóvar, una repleta de pinturas, esculturas y hasta películas (he ahí el guiño a Douglas Sirk) que conforme avance la conversación telefónica irá desangrándose y hundiéndose cual casa de Usher. 

El juego con el falso escenario, una de las claves de La voz humana

Como cualquier obra encerrada en cuatro paredes y con una sola voz ―la de Swinton, ya que la otra nunca llega a ser escuchada―, buena parte del cortometraje de Almodóvar recae sobre los hombros de la actriz británica, que hace un gran ejercicio de interpretación que va desde la contención hasta el puro histrionismo. Pero, de la misma forma, la breve duración deja con esa sensación agridulce de querer saber más de esta mujer, de ver qué hace después y huir con ella de esas cuatro paredes. Un deseo que, como sucede en el propio corto, se acaba cuando se encienden las luces y el escenario deja de existir.

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