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Andrés Calamaro junto a Rivera Ordoñez

¿El antiprogresismo de Andrés Calamaro?

Fachada de la Gastro-Croquetería

Lo siento, mamá

25 noviembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 958 Miscelánea

Una deidad de andar por casa

«El vestido más bello que puede vestir una mujer son los brazos del hombre que la ama.” Yves Saint Laurent trabajaba en la industria de la moda, un mundo considerado por los simples mortales como frívolo, mundano y superficial. Pero en el Olimpo de las pasarelas también hay dioses con sentimientos, con principios, y hasta con moral. Yves Saint Laurent debía de ser uno de ellos, a juzgar por la exposición que tiene lugar en la Fundación Mapfre hasta el próximo 8 de Enero.

 

La muestra se divide en una primera parte, dedicada a la prolífica carrera del diseñador; y una segunda, que intenta enseñar las entretelas de un taller de Haute Coûture; bocetos, muestras de telas, archivos de colores…

Sin embargo, hay algo que diferencia esta exhibición de, por ejemplo, el Museo del Traje, de Madrid; o el Victoria & Albert Museum, en Londres.  Resulta que Saint-Laurent era, en realidad, humano, y tenía temporadas mejores y temporadas peores. Tenía maestros (como el propio Christian Dior), amigos (como Catherine Deneuve, quien fue su musa además de su fiel seguidora),  amantes  (como Pierre Bergè, con quien dirigía la Pierre Bergè – Yves Saint Laurent Foundation) y por supuesto enemigos (en general, la sociedad parisina coetánea, que seguía prefiriendo secretarias con falda.)

La exposición de la Fundación Mapfre nos deja espiar por la mirilla la realidad terrenal de una divinidad de laManiquies en la exposicion de Yves Saint Laurent moda. No por ello el mito se cae ni se derrumba. Al contrario. Salir de allí flotando es inevitable, imaginándose en esos largos vestidos de gala, o enfundada en un elegante smoking para ir a la oficina. La vida huele de repente a Opium, el perfume del diseñador, y rebelarse ante las injusticias cotidianas parece menos que imprescindible.

«El vestido más bello que puede vestir una mujer son los brazos del hombre que la ama. Pero para las que no han tenido la suerte de encontrar esta felicidad, estoy aquí» Gracias, Yves, por cuidar de todas allá desde el Olimpo.

 

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