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Viajar: una manera de vivir

17 enero, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1015 Letras

Una boda de muerte, Resacón australiano-británico

Te apetece ver una peli; pero hoy no te conformas con cualquier cosa, hoy quieres plan de cine y palomitas. Así que te vas a una de las salas de tu ciudad y te plantas delante de la cartelera. Ante tus ojos, una oferta de, como mínimo, 10 películas distintas que empiezan a la misma hora. ¿Y ahora qué ves? Por supuesto, tienes las súper producciones altamente recomendadas, pero ¿qué pasa si no te apetece ver La Dama de Hierro, Millenium, Sherlock Holmes, Misión Imposible, Drive o Immortals?

 

Pasa que te tienes que arriesgar, entrar a ciegas a ver una peli y esperar que suene la flauta y sea buena. En mi caso, yo elegí Una boda de muerte. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas: mi conclusión es que, si lo dicen, por algo será.

Quizá me estoy precipitando al calificarla de segunda parte pero el hecho de que comparta guionista, productores, protagonista (Kris Marshall) y título en español con Un funeral de muerte, me parecen demasiadas coincidencias y me da qué pensar. Y pienso mal. Pienso que Dean Craig dio un pelotazo allá por 2007 con la anteriormente mencionada Un funeral de muerte, que quiso seguir exprimiéndola un poco más con el remake norteamericano en 2010 (una versión malísima, por cierto), y que ahora quería aprovechar el tirón una vez más sacando una comedia del mismo estilo. Pero, según parece, a Dean se le ha olvidado lo que es una comedia porque, mientras que Un funeral de muerte son 90 minutos en los que la tónica general es la risa, ésta son como mucho 15 minutos de risas y 80 de mirar el reloj, moverte inquieto en la butaca y mirar el móvil a ver si tienes mensajes, llamadas perdidas, actualizaciones en Facebook, Twitter o Tuenti, mensajes de Whatsapp, etc.

Eso sí, hay que reconocerle cierto mérito porque, para que no se notara demasiado el parecido entre las dos películas, ha optado por mezclar Un funeral de muerte con Resacón en las Vegas, que también tuvo mucho tirón, a ver qué salía. Y el resultado es Una boda de muerte, una comedia que peca de poca gracia y un argumento manido: un grupo de amigos que se van a la boda de uno de ellos, se drogan, la lían y, cuando se despiertan, se encuentran con que tienen que arreglar todas las cagadas que hicieron la noche anterior; pero, debido a que son un poco patanes, consiguen liarla aún más. ¿Te resulta familiar?

 

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