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27 noviembre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 2674 Cine y Televisión, Entrevistas

Marian Álvarez: «Hago películas para que la gente las vea, no para ganar premios»

Marian Álvarez, protagonista de "La Herida"

Marian Álvarez, protagonista de «La Herida»

Cuando Marian Álvarez (Madrid, 1978)  habla, sus ojos derrochan tanta vitalidad y energía que casi cuesta creer que sean los mismos que muestran el mundo a través de Ana, la atormentada y autodestructiva protagonista de La Herida, del director Fernando Franco, que ha colmado a la actriz de elogios y reconocimientos. Y es que no cabe duda de que, después de ganar la Concha de Plata en el Festival de cine de San Sebastián y un reciente Astor de Plata en el Festival argentino de Mar del Plata, 2013 es el año de Marian. Tanto, que muchos la ven ya como la ganadora del Goya, aunque ella insista en no adelantar acontecimientos.

Hablamos con la actriz en una cafetería del centro de Madrid donde, con las ideas claras y los pies en la tierra, nos cuenta todos los detalles sobre su película y su carrera. Marian deslumbra, y así seguirá siendo. Que no se borre nunca esa eterna y sincera sonrisa que tiene.

Pregunta: El personaje que haces en La Herida es muy complejo y absorbente. ¿Te costaba salirte de él cuando te marchabas del set de rodaje?

 Respuesta: Sí, era difícil salirse de Ana, sobre todo por la intensidad que tiene. Este guión me llegó hace cinco años y, desde entonces, he estado preparando y dando vueltas a este papel. Cuando dicen “corten” soy capaz de estar a otra cosa: cuento un chiste, me echo unas risas… No soy una persona obsesiva que necesite tener al personaje conmigo todo el rato para interpretarlo, pero sí que es cierto que algo de él siempre te acompaña.

P: Tu personaje tiene trastorno límite de la personalidad o borderline. Para construirlo, ¿te basaste en alguien que padeciera esta enfermedad?

 R: No lo hice, porque Fernando Franco me recomendó que no lo hiciera. En un principio, antes de rodar, él tenía pensado hacer un documental sobre el trastorno borderline, pero tuvo que abandonar el proyecto porque estuvo durante un tiempo en contacto con gente que lo sufría. Se dio cuenta de que estas personas, al ver que eran importantes para él, agudizaban de alguna forma la parte más lesiva de la enfermedad, como llamada de atención sobre qué es lo que les pasaba. A partir de ahí, le pareció una locura seguir porque los enfermos se encontraban cada vez peor. Teniendo en cuenta esta experiencia que él había tenido, yo decidí que no iba a perjudicar a nadie sólo para hacer más real mi personaje.

P: Sorprende mucho la mirada que tienes durante toda la película, a ratos perdida, en otros momentos histérica…

R: La mirada perdida es síntoma de la nebulosa en la que vive Ana, que no entiende muy bien qué le pasa y que no sabe que tiene un trastorno porque no está diagnosticado. Para más inri, tiene una madre que está igual de perdida que ella y que tiene un bloqueo importante porque, de alguna manera, la herida que arrastra Ana de su infancia, a la madre también le afecta. Lo que verdaderamente necesita, es que llegue alguien y le haga ver que no está bien, pero nadie se atreve a decírselo.

P: En La herida abundan los planos subjetivos, ¿Cómo te sientes al ver que toda la historia se ve a través de ti?

R: Como había muchas partes de soledad de Ana y mucho silencio, Fernando decidió que la forma más honesta de contar la historia era pegando mucho la cámara a la cara y mostrando un mapa que tenía que ser el mío: por dónde paso yo, por dónde transito y nada más. Y así al final el espectador sólo comprende lo que entiende Ana, porque no hay una voz ni un flashback que te explique lo que está pasando. Es verdad que era una apuesta arriesgada pero que a mí me parece interesante.

P: Os han felicitado muchas personas con trastornos por la forma de tratarlos. Suponemos que para ti, como actriz, esto es lo más gratificante de todo…

R: Ese aspecto en particular nos daba mucho miedo. Cuando presentamos la película, teníamos pánico de que aquellos con trastorno borderline no se sintieran identificados o pensaran que no habíamos tratado el asunto con respeto, porque tú sabes que estás haciendo las cosas con cariño y mucho amor, pero nunca sabes cómo lo van a ver los demás. Por eso, cuando empezaron a llegar mensajes de agradecimiento por “hacer que la gente entienda que hay personas que sufren este tipo de enfermedades”, me pareció muy gratificante. También hay otros que nos han dicho que hemos perdido una oportunidad de oro para contar en qué consiste este trastorno, pero es que tampoco era nuestra intención dedicar la historia a eso. Es una película sobre un personaje en concreto que sufre esta patología, no un manifiesto o una tesis sobre la enfermedad. Ana es una persona que tiene una vida propia y que, dentro de ella,  tiene este problema psicológico. Nada más. Pero creo que cuando la gente te felicita y te escribe es tan gratificante porque nosotros hacemos las películas para que se vean, no para ganar premios.

P: Sí, pero hablando de premios, de eso tampoco vais nada mal. Os llevasteis el Premio Especial del Jurado y ganaste la Concha de Plata a la mejor Actriz en el Festival de San Sebastián…

R: Sí, pero digamos que eso es un daño colateral de rodar películas (risas). Hacemos una película para que la gente la vea y para dar voz a ciertos aspectos aún desconocidos de la sociedad. El cine está para entretener, es obvio, pero también tiene que existir otro tipo de cine que hable de otras cosas que a lo mejor no son muy cómodas de ver, pero que también deben reflejarse. Luego cada uno ya decide si compra la entrada o no.

P: Tu nombre está sonando fuerte para los próximos Premios Goya. ¿Cómo llevas ser una de las favoritas?

R: No puedo más con el tema del Goya porque no paro de pensar ¿y si no me nominan, qué?, ¿todos a llorar y a deprimirse? Y es que en este país ganas la Concha en San Sebastián y ya creen que vas a ganar el Goya. A mí no me gusta adelantar acontecimientos. Vamos a ir poco a poco, paso a paso, y si no me nominan, ¿qué más da? Si el trabajo va a ser el mismo. Y a quien le guste bien y a quien no…

P: ¿Y te han surgido más proyectos después de ganar la Concha de Plata?

R: Nada, ni uno. Bueno, también es cierto que está la situación complicada y que hay incluso directores que me han dicho: “Me gustaría contar contigo pero no tengo nada”. De todas maneras, dudo que a nadie que gane una Concha de Plata le lluevan los guiones al día siguiente.

P: ¿Es Ana tu mejor personaje?

R: Ha sido la mejor experiencia de mi vida. Igual si me hubiera tocado con otro director me habría matado, era complicado pero él lo pone todo muy fácil.

Cartel de la película "La Herida" de Fernando Franco.

Cartel de la película «La Herida» de Fernando Franco.

P: Muchos siguen hablando de ti como de Lola, tu personaje en Hospital Central, ¿Qué supuso para ti esta serie?

 R: Desde Hospital Central, que fue un boom, la gente me identifica sobre todo con Lola. Lo más gracioso de esto es que casi todo el mundo se me acerca y me dice la típica frase de “cómo lloré contigo, qué horror” (risas). Y es que yo ya avisé a los guionistas de que se estaban pasando con mi muerte, porque era un personaje que caía muy bien, pero tenía que acabar de alguna forma porque me salió una película fuera de España y no podía compaginar las dos cosas. Pero la verdad es que me lo pasé genial y estuve muy a gusto entre esa gran familia, aunque reconozco que después de un año haciendo lo mismo estaba al borde del colapso. Me gusta cambiar continuamente.

P: ¿Qué hace Marian Álvarez cuando no está trabajando?

R: Estudio idiomas, me hago cargo de mi familia, paseo a mi perro, y viajo mucho, que es lo que más me gusta. Además, veo mucho cine y leo. Pero siempre estoy con algo en la cabeza, siempre hay algún proyecto en mente.

 P: ¿Qué papel te gustaría interpretar que no hayas hecho?

R: No lo sé, el listón con Ana está muy alto. Lo que he tenido que transitar, lo que he tenido que bucear y poner yo ahí, creo que pocas veces lo voy a poder volver a conseguir. Pero igual una comedia me apetece, una comedia gamberra, punkie, no una comedia romántica, algo más macarra, con caña. Yo empecé en ese género, pero luego comencé con los dramones y ahí me he quedado.

P: ¿Te cuesta afrontar algunos papeles antes de ponerte delante de la cámara?

R: A mí me sucede muchas veces que pienso: «no puedo, es imposible». Entonces mi chico me dice que siempre digo lo mismo y que luego me sale muy bien. Pero yo creo que hay que pensar en esa frase porque te pone en alerta, y una dice: «ostras, aquí con cualquier cosa no vale, aquí hay que trabajar mucho». Por eso está bien. Lo fácil no te hace aprender.

P: ¿Qué tipo de historias crees que son menos visibles en el cine español?

R: Los problemas mentales, por ejemplo, dan mucho miedo, porque la sociedad de alguna manera los apartamos de nuestra vida, los encerramos. También lo que tiene que ver con la muerte, que se suele tratar por encima. Muchas veces lo que falta es meternos de verdad a contar las cosas de una manera profunda y real.

P: ¿Te metiste en el mundo de la interpretación como hobby?

 R: Sí, yo estudiaba empresariales y me parecía un coñazo. De pequeña nunca dije que quisiera ser actriz, cada día quería ser una cosa diferente: astronauta, granjera, piloto, lo que sea, de todo. No lo tenía claro, y cuando llegó la selectividad y el momento de escoger carrera te entran dudas, porque con 18 años tienes que elegir lo que vas a hacer el resto de tu vida. Entonces me decidí por una que no me costara mucho y que no me quedara lejos de casa y así me lo pensaba mientras, y así fue.

P: ¿En qué momento decidiste que lo tuyo era actuar?

R: Siempre me gustó mucho el cine, en el teatro del colegio estaba siempre ahí, la primera. Mis padres tienen un grupo de teatro, así que en mi casa siempre hubo mucho movimiento por ese lado. Un día me fui a una escuela, investigué, me «tragué el veneno», y decidí que era eso lo que quería hacer. Me costó dar unos cuantos tumbos, pero hay gente que descubre su vocación con 30 años.

P: ¿Qué prefieres cine, televisión o teatro?

R: La respuesta típica es que lo bueno es contar historias, da igual el formato. La respuesta no típica es el cine, que no quiere decir que lo demás no me guste. En la tele me lo paso muy bien y he tenido suerte, he hecho cosas que me han supuesto retos, personajes difíciles. Teatro he hecho menos, no he enganchado bien con este género,  pero es que el cine es mi pasión, también como espectadora.

 P: ¿Has pensado en ponerte al otro lado de la cámara?

R: Sí, lo he pensado, pero no lo voy a hacer. No soy capaz, y me parecería un acto de inconsciencia. Igual es porque me ha dirigido gente muy buena y creo que no estaría a la altura jamás. También porque soy muy exigente y si hago algo quiero hacerlo bien, no quiero hacer cualquier cosa. Quizás, dentro de 15 años sí, porque igual he aprendido y sé cómo contar las cosas, pero ahora mismo me da algo. Sí que he llegado a pensar meterme en producción, eso sí que es algo que me ronda en la cabeza bastante, pero dirección o guión no. La típica chorrada de «si me toca la lotería monto una productora y produzco a gente y sabría a quien producir seguro y con quien contar», ojalá, me encantaría.

 P ¿Alguna vez has dicho que sí a algún proyecto por no tener otra cosa mejor?

R: Sería incapaz de hacer algo que no quisiera hacer, me muero, porque soy muy visceral. Lo que pasa es que a veces las cosas se dan la vuelta, y de repente una cosa que parecía que estaba bien se convierte en una “gran mierda”, y a posteriori te arrepientes un poco. Eso sí, siempre sacas algo bueno, que si el equipo es maravilloso, que si te has hecho amigo de un actor que es maravilloso…Todo sirve.

P: ¿Por qué se machaca tanto a la gente que se dedica al espectáculo?

R: Hay una parte de la sociedad que no nos puede ni ver. Esa gente es la gente que se llena la boca con España y de repente una española gana el Oscar y es una zorra. Generalizar nos gusta mucho en este país, generalizamos con todo, decir que el cine español es una mierda es una chorrada, habrá pelis buenas, malas, regulares, depende de lo que te guste ver. Yo entiendo que alguien de la calle diga: «esto a mí no me gusta», pero un ministro no lo puede decir.

 P: ¿Valoras tener anonimato?

 R: Yo voy a tener anonimato siempre, creo que es una elección de cada uno. Si estás todo el día en las revistas, en la televisión, al final el anonimato se va a la mierda. Yo si no puedo ir en metro me muero, si no puedo ver a la gente y conocer a la gente, no puedo actuar. Pero eso es algo de cada uno. 

Artículo de Ángela Ruiz, María Páez y Nerea Sirera

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