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Alghero: entre pasado y presente

¡Bajar a los infiernos como el Dante!

10 abril, 2012 Comentarios (0) Visitas: 26973 Miscelánea

La verdadera historia de El Fantasma de la Ópera

“El Fantasma de la Ópera existió. No fue, como se creyó durante mucho tiempo, una invención de artistas, una superstición de empresarios, la creación medrosa del cerebro de las señoritas del cuerpo de baile, de los acomodadores, de los empleados. Sí existió, en carne y hueso, aun cuando se le dieron todas las apariencias de un verdadero fantasma”. Con estas palabras prologaba Gaston Leroux una obra que ha trascendido a los decenios en forma de leyenda y cuyo protagonista se convertiría definitivamente en un símbolo admirado por el gran público de la mano de Andrew Lloyd Webber y su musical en los años 80. Sin embargo, es imposible no rendirse a la duda. ¿Simple ficción o latente realidad?

Cuenta Leroux que un ser atormentado por la deformidad de su rostro, pero de grandes dotes musicales, habitaba los sótanos de la Ópera de París. En tan magno espacio arquitectónico tomó como pupila, sin darse a conocer, a una virtuosa bailarina, Christine Daaé. Pronto la joven demostraría el virtuosismo de su voz, convirtiéndose en el verdadero amor y  posible redención de su maestro.  

Aunque jamás ha habido pruebas sobre la existencia del personaje como tal, el testimonio de los artistas de la época señala que sí que hubo un caso parecido. Un hombre deformado que utilizaba una máscara para evitar causar horror y que se enamoró platónicamente de una de las actrices de la Ópera Garnier.

Este suntuoso escenario, mandado construir por Napoleón III, situó a finales del S. XIX y principios del S. XX a la capital francesa como uno de los centros operísticos europeos. La lámpara que vemos caer en el patio de butacas en el ecuador del Musical y en la primera parte de la novela es un hecho real. Sucedió el 20 de mayo de 1896 durante una representación. Causó conmoción por la muerte de una portera, todos los periódicos se hicieron eco. Igual que hablaron los tabloides constantemente de las actuaciones de las hermanas Patti, sopranos en las que se basa el personaje de La Carlotta, la gran diva que teme ser desbancada por la talentosa Christine Daaé.

Una de las hermanas, Adelina, era la gran diva de la Ópera y rivalizó toda su vida con una hermosa voz, de nombre Christine Nilsson. Sí, en efecto, no es mera casualidad. Numerosas investigaciones en la Biblioteca Nacional de la Ópera certifican que Nilsson encaja perfectamente con las características de la amada del Fantasma. Ambas interpretaron los mismos papeles, fueron protegidas por una institutriz del mismo nombre, Valerius, y se casaron con un vizconde.

Éstas son sólo algunas de las coincidencias que entrecruzan las líneas de la superstición, la crónica y la fantasía. Si bien Leroux, como buen periodista, observó el entorno cultural de la época, también pudo registrar los secretos que encerraban los recovecos del famoso escenario Garnier. De lo que no hay duda es que «El Fantasma» nunca ha dejado su Ópera y pervive agazapado en la imaginación de incontables generaciones, ligado a la incógnita de su verdadera historia. 

 

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